Te cuento la película

Los tallos amargos

Los tallos amargos (1956) * Argentina

Duración: 90 min.

Música: Astor Piazzola

Fotografía: Ricardo Younis

Guion: Sergio Leonardo (Novela: Adolfo Jasca)

Dirección: Fernando Ayala

Intérpretes: Carlos Cores (Alfredo Gasper), Vassili Lambrinos (Paar Liudas), Gilda Lousek (Esther Gasper), Pablo Moret (Jarvis Liudas), Julia Sandoval (Susana), Aída Luz (Elena), Virginia Romay (Madre de Alfredo), Bernardo Perrone (Andreani).

Dos hombres llegan en un taxi a la estación justo cuando un reloj marca las 12.

Suben en el tren que les lleva a Ituzaingó en el que van sudando por la humedad.

Paar Liudas, uno de ellos, le recuerda al otro, Alfredo Gasper, que trabajó mucho pero que mereció la pena, pues se van a salvar los tres, que podrán ir a esa linda tierra a olvidar las cosas malas, aunque Gasper le dice que no siempre se puede.

Gasper afirma estar muy cansado y Liudas le dice que tienen dinero, pues los idiotas creyeron, y él en su cabeza piensa que él también creyó.

Liudas le recuerda que unos meses antes no podían coger vacaciones y ahora pueden descansar en su casa y va a dormir un rato largo.

Gasper piensa que sí, que va a dormir un rato muy largo y que en efecto, unos meses antes no podían coger vacaciones y que unos meses antes la vida era muy diferente.

Trabajaba entonces como redactor en el periódico.

El jefe de redacción le pidió un día la crónica de un incendio del que informaron por la radio, aunque Gasper le dice que él no escucha la radio y le pide que redacte la noticia con epígrafes largos y le pide que llegue más temprano.

Además realizaba traducciones para un editor, aunque este le dice que la primera parte de la traducción es bastante floja y le falta fluidez, pese a lo cual le entrega la segunda parte y le dice que le pagará en unos días.

Comenta a un compañero que tuvo que pedir unos días más de prórroga del crédito, pues ya amenazaban con embargarle como si fuese un delincuente.

Recuerda que llegó al periodismo esperando una vida de aventuras y de conocer muchos países y discutir con hombres de estado o describir costumbres de gente ignorada y ser un héroe.

Su compañero le dice que esos periodistas también empezaron desde abajo y le pide que se saque al héroe de la cabeza para poder vivir en paz.

Va con Susana al cine, pero empieza a sentirse mal mientras ven la película que es bélica y decide irse antes del cine.

Ya en casa, ella le pide disculpas, pues dice, no sabía que era una película de guerra y le pide que le explique por qué, y él le dice que no entendería y ella le pregunta si va a seguir encerrado en sí mismo.

Piensa que aunque no podía quedarse tranquilo viendo cómo bombardeaban ciudades no hizo nada, pretextando que tenía familia.

Ya en la cama, ella le pregunta si se aburre con ella, pues lo ve serio y triste y él le dice que a veces piensa que su vida no sirve para nada, pues no hace nada importante. Que tiene ya 32 años y no ha encontrado algo o alguien por lo que valga la pena trabajar.

Ella, ya en la cama desnuda le dice que está muy cansada, y él se va.

Entra en Magyar, una cafetería donde un músico toca el piano y llama su atención la foto de fuera de una mujer que anuncian como "Zaira de Bagdad. El misterio de Oriente hecho mujer".

Pide un coñac en la barra, donde se encuentra con un conocido y pregunta si la mujer de la foto baila o canta, y el camarero, Liudas, le dice que canta, pero que está enferma.

El conocido le presenta a su mujer y alaba a Gasper, que observa cómo el camarero, llevaba un rato observándolo fijamente.

En el tren, Liudas pregunta su nombre a un niño rubio y ve que no es de allí y le dice a Gasper que, como él fue a ese país de gran porvenir a buscar la paz.

Gasper recuerda que el día que lo conoció en el bar, su compañero, Chávez no paró de hablar y cuando dijo que era periodista Liudas lo escuchó y le preguntó dónde trabajaba, pues le contó que también él era periodista y trabajó como redactor en un matutino de Europa, pero luego hizo contrabando y consiguió dinero y ahora trabaja de barman por una traición.

Logró escapar de la policía y perdió los documentos y por eso tiene que trabajar allí donde le pagan menos por no tenerlos, pero saldrá de allí y hará negocios y le asegura que el periodismo es un gran negocio.

Él le asegura que un periodista decente nunca llega a nada, aunque Liudas le habla de un gran negocio y Gasper le pregunta si se trata de algo limpio y le asegura que es algo normal y seguro.

Gasper llega a Ituzaingó y va a casa de su madre que le pregunta si consiguió el adelanto, pues tiene que pagar el alquiler al día siguiente y él le dice que se le olvidó, pero que se lo llevará al día siguiente.

Mientras duerme y sueña con una mujer vestida de oriental que baila en la puerta del bazar y con el barman que saca de su coctelera dinero mientras ven bailar a la mujer entre paneles con el signo del dólar, aunque no consigue acceder a la chica.

Sueña luego que es un niño y está frente a un hombre vestido de soldado de la I Guerra Mundial entre cruces de tumbas y que una bomba explota ante ellos.

Ese soldado, que llevaba una cruz militar en el pecho le explicaba batallas, y más tarde ve al soldado, muerto tras dejar de nuevo embarazada a su madre, y solos el niño y la madre tras el ataúd.

Ve más tarde la cruz militar y las miniaturas con que el soldado simulaba batallas, llenos de telarañas, mientras de una máquina van saliendo deudas.

Su madre aparece con una niña y él se desespera.

Lo despierta entonces su madre que le dice que tiene que olvidar las cosas que le hacen tener pesadillas.

Mira una foto de su padre, junto a la cruz que está enmarcada.

Se ve de nuevo con Liudas en un bar y le pregunta si puede traducir francés y alemán, y él le dice que sí, y que un poco de italiano y Liudas le dice que tienen que traducir cosas de allí para gente de allá. Enseñarán periodismo por correspondencia, y Liudas le dice que en Europa consiguió mucho dinero así, pues en todas partes hay tontos.

Él le advierte que no tiene dinero antes de aceptar la sociedad con él.

Liudas lo lleva al local donde espera llevar a cabo el trabajo. Una estupenda oficina que le cuenta que alquiló a un hombre que tuvo que ir a Europa durante un año y se la cuida por poco dinero.

Le cuenta que trabajarán allí todo el día. Que él ya dejó su empleo, pues para ganar hay que arriesgarse, y por eso dejó ese trabajo seguro.

Le dice que mucha gente piensa que los periodistas tienen la sartén por el mango y que su carnet es como una varita mágica con la que se entra en cualquier parte, incluso en los camarines del teatro y hay mujeres que hablan al ver ese carnet.

Le cuenta más tarde a Susana que crearán una academia para formar periodistas y enviarán lecciones a todo el país, aunque ella le pregunta si le gusta engañar.

Él piensa que no sabe si le gusta, pues a uno le engañan y uno engaña a los demás por dinero y él lo necesita y le recuerda que sus cuentos se los pagan de forma miserable y él quiere salir de la rutina y progresar para no seguir recibiendo órdenes de Noriega.

Liudas se preocupó de saber cuántos diarios hay en el país, muchos de los cuales no pueden pagar el servicio de una agencia y ellos se lo proporcionarán buscando en los archivos y copiando cosas y cuentos de otros sitios, cambiando la firma del autor, que no se enterará nunca de que la usaron pues serán notas de revistas extranjeras o consejos para el hogar, chistes… e imprimirán cuadernillos que mandarán a los diarios, y aunque serán iguales, nadie se enterará en un lugar de lo que se publique en otro, y a cambio esos diarios publicarán sus anuncios de la academia

Tarda en llegar la primera solicitud, pero luego se van multiplicando hasta que llega un momento en que ya no caben por debajo de la puerta.

Llegó así el momento de trabajar en la escuela Alfredo Gasper y Liudas le recuerda que la pusieron solo a su nombre porque él no tiene documentos y sin ellos no pude cobrar giros, pero confía en él y le dice que serán dueños de toda una cadena de diarios en el interior del país y ganarán mucho dinero con el que él llevará a su mujer y a sus dos hijos, pues tiene miedo a la guerra y la tiranía en Europa y allí en Argentina hay paz.

Le dice que llevará primero a Jarvis, su hijo mayor que tiene 20 años, pues es peligroso que esté en su país, pues hay campos de trabajo y delaciones y la juventud sufre.

Ese le parece a Gasper un gran objetivo y le asegura que lo sacarán adelante y le ofrece tres cuartas partes del negocio para ayudarlo a llevarlos cuanto antes.

Ahora, en el tren, Gasper recuerda que le brillaban los ojos cuando hablaba de su mujer y sus hijos.

Mientras Liudas cuenta cuentos al niño que viaja en el vagón con ellos, Gasper recuerda que fue un buen amigo y creyó en él y tenía una misión y su vida cobraba sentido y la academia pasó de ser un brillante negocio a una barricada y él no paraba de escribir para salvar a la familia de su amigo.

Un día, al llegar al despacho Liudas le dijo que ya 122 diarios publicaban sus anuncios y ya empezaron a llegar giros y van a ganar mucho dinero.

Trabaja mucho y un amigo, Andreani le dice que está ganando mucho dinero, pero su socio, y él le explica que van a salvar a su familia.

Andreani no entiende que para salvar a unas personas engañe a tanta gente, y que la guerra no está allí y no fue un juego, y él solo arriesga horas de trabajo.

Él le dice que podría haber ido al frente, pero no podía dejar a su madre y a Ester.

Andreani le dice que los soldados no pueden elegir si dejan a sus familias y él eligió quedarse y da categoría de excepcional a lo que otros hacen a sabiendas de que cumplen una obligación. Que se está estafando a sí mismo y cuando lo descubra sufrirá.

Susana lo encuentra agotado con tanto trabajo, aunque él le dice que le alegra ese agotamiento, pero a ella no y lo ve poco y lo extraña, y a veces se pregunta si vale la pena y le pregunta si sabe con seguridad que es cierto que Liudas tiene un hijo en Europa, pues si no fuera cierto estaría trabajando inútilmente para otro, dándole parte del dinero que él necesitaría para tener muchas de las cosas que desea.

Al escucharla, él se va enfadado.

Piensa luego que no la quería escuchar porque ya llevaba la duda dentro y dudar es matar la fe, que es lo único que sostenía su trabajo.

Llegan a su destino, a la casa de Gasper en Ituzaingó.

Liudas observa que tiene muchos libros y discos y pone uno de ellos.

Gasper para entonces duda que exista Jarvis y trata de encontrar una prueba de su existencia y encuentra la solicitud de residencia de él, y piensa que Liudas tiene tiempo de hacer trámites mientras él trabaja, y una vez que obtenga la residencia podrá poner la academia a su nombre y cobrar los giros.

Termina de confeccionar el curso, por lo que no tendrá que trabajar tanto.

Observa que Liudas se hizo un traje nuevo de tela buena y observa cómo cierra la puerta de su despacho mientras habla por teléfono, por lo que él coge el otro terminal y le escucha cómo dice que no le gusta que le llame allí que es donde trabaja, y una mujer le dice que quería estar segura de que iría y él le dice que irá esa noche.

Él acude esa noche a la sala de fiestas a la que escuchó que iba, y lo ve con una prostituta, muy elegantes ambos y ve que toman champán.

No logra escucharlos debido a la música, aunque oye algunos retazos de la conversación, como cuando ella le pregunta si Gasper confía en él y él le responde que cree todo lo que él le dice y que cree lo de Jarvis, el hijo que debe llegar de Europa.

Al día siguiente le dice a Liudas que está muy cansado y pueden ir a pasar unos días en su casa aprovechando un viaje de su madre y de su hermana a Tandil, un viaje que en realidad les regaló él para poder estar solos.

Él dice que pondrá café, y lo hace en la cafetera eléctrica que estuvo manipulando esa mañana y cuando la enchufa saltan los fusibles.

Ya a oscuras se hace con un martillo mientras fuera sigue la tormenta. Se acerca a Liudas por detrás y lo golpea con el martillo en la cabeza hasta acabar con él.

Luego da de nuevo la luz y sale al jardín con una linterna y comienza a cavar.

Lleva luego el cuerpo de Liudas hasta allí y lo lanza al agujero hecho mientras diluvia.

Encuentra un papel que se le cayó al muerto y ve que es una carta en la que iban unas semillas que lanza junto al cadáver.

De regreso a la ciudad va a ver más adelante a la casera de Liudas. Le cuenta que este tuvo que irse a Chile por unos meses y le encargó pagar el alquiler de tres meses y que le recogiera la ropa, para lo que entra en su habitación.

Le pregunta luego si conoce la dirección de la mujer que lo visitaba, pero ella dice que no lo visitaba ninguna mujer, pues era muy serio.

Se lleva su ropa, que quema luego en una pila tras rociarla con gasolina y quema también su maleta y piensa que hizo con su cuerpo y con su ropa lo que él hizo antes con su ideal heroico, fuego y ceniza, y que lo suyo ahora será de él que será feliz con su esfuerzo, su idea y su dinero.

Sale con Susana de fin de semana en barca y se bañan y se divierten.

Cuando regresa al trabajo tras el fin de semana y revisa la correspondencia se encuentra con un telegrama que llegó cuando dejó el trabajo el viernes en el que ve que Jarvis informaba a su padre de que llega en avión el lunes.

Llaman tras ello a la puerta y ve que se quien lo hace es un joven que se presenta como Jarvis Liudas.

Gasper observa que habla muy bien el castellano y le cuenta que lo estudió desde que su padre se fue, pues sabía que se juntaría con él.

Él le cuenta que su padre está en Chile y que va de un lado para otro y no sabe cuándo regresará y que no tiene más amigos.

Piensa en retenerlo y acompañarlo a todos los lados, pues necesita tiempo para pensar en cómo debe actuar.

Jarvis le cuenta que su padre les habló mucho de él y les dijo que le tenía mucho cariño y les enseñó a ellos a quererlo.

Gasper lo acompaña a comprar ropa más fresca y le muestra la ciudad y lo lleva al fútbol, al boxeo, a las carreras de caballos y a los bolos.

Jarvis le pregunta si su padre le habló de su hermano y él dice que solo hablaba de Jarvis, y piensa que él pese a todo no lo creyó.

El muchacho le cuenta que tiene muchas ganas de ir a un lugar, el Club, el Papagayo.

Lo lleva, en efecto y ve que el muchacho baila con una mujer, la prostituta con la que vio unos días antes a su padre, y le dice que le duele la cabeza y deben irse.

El chico le dice, ya en el coche, que era muy simpática Elena, la mujer con la que bailó, que le dijo que le recordaba a alguien.

Cuando llega al trabajo al día siguiente ve a Jarvis trabajando ya en la impresión como hacía su padre antes.

Gasper le dice que le va a presentar a un amigo de la Facultad de Agronomía.

A Jarvis le parece raro que su padre no escriba, pues podría haber calculado la fecha de su llegada.

Le dice a Gasper que le gustaría volver al cabaret, aunque él le dice que ese tipo de mujer trata de aprovecharse y no le conviene.

Llega entonces Ester a la oficina y le recuerda que habían quedado para ir a ver una mesa de trabajo e invita al joven a que vaya a tomar el té a su casa esa misma tarde.

Así lo hacen y ve cómo Ester y Jarvis pasean por el jardín donde está enterrado Paar.

Mientras toman el té el muchacho asegura que le encantaría tener una novia como Ester, y ella le dice a su madre que Jarvis podría ir a visitarlos a menudo, ya que está tan solo y su madre le recuerda que debe ponerse las gafas, que ella se quitó para estar con él, que la piropea por lo bien que le quedan.

Al ver lo bien que se llevan los muchachos, Alfredo sonríe.

Salen luego juntos a pedalear y él coloca su mano sobre la de ella mientras lo hacen.

En casa, Alfredo pone música y le cuenta a su madre que al muchacho le gusta mucho la agronomía y según su padre es muy estudioso.

Alfredo piensa que Jarvis se hizo amigo de Ester y de la casa y habla mentalmente con Paar al que dice hará desaparecer, para lo que hará llegar un telegrama desde Chile y dirá que hubo una supuesta llamada de Para para decir que no regresará por asuntos de orden sentimental.

La única persona que podría nombrarlo sería elena, y dice que también arreglarán eso.

Va a verla en el Papagayo para hablar con ella y le dice que no puede ver más a Jarvis, aunque ella le dice que no recibe órdenes de nadie, y él le cuenta que el muchacho es Jarvis Liudas.

Ella al escuchar el apellido se siente mal y él le dice que no puede saber que ella estuvo con su padre, al que cree un hombre lleno de virtudes y llora y le pide que se marche.

Un día la madre lo despierta y le dice que llamó Jarvis para decir que no iba a ir a la oficina, y, extrañado va a buscarlo a la pensión, donde la dueña le dijo que fue una mujer a buscarlo.

Va al Papagayo, donde le dan la dirección de Elena, aunque cuando llega nadie le abre.

Llama por teléfono varias veces, y finalmente la mujer descuelga, pero no contesta, por lo que vuelve a su apartamento y llama sin parar hasta que consigue que le abra.

Él le pregunta por Jarvis, aunque ella le asegura que no volvió a verlo.

Recuerda que habló muchas veces de él y de Jarvis con Liudas y que la noche anterior fue como si se despertara, pues comprendió que Jarvis existía y que incluso bailó con él y tuvo que aceptar la verdad de que Liudas no volvería a buscarla pese a que era el único hombre al que quiso desde que lo conoció en el Rivoli.

Habían contratado a unas bailarinas europeas y le llamó la atención un nuevo cliente que miraba a las bailarinas de un modo extraño, pues le brillaban los ojos y sonreía.

Ella se acercó a su mesa y comenzaron a hablar.

Le contó que había ido a ver a las bailarinas porque le traían recuerdos de su tierra y le fue difícil tratarlo como a un cliente más.

Él la invitó a pasear un domingo por la tarde y la llevó al zoo y se divirtieron y le compró un regalo. Un monito.

La llevó a comer comida húngara a un restaurante y le regaló un jazmín, algo que nadie había hecho por ella antes.

Le contó más adelante que en Europa tenía mujer y dos hijos, aunque a ella no le importó y le pidió que la sacara del cabaret, de donde no puede irse porque debe más de 20.000 pesos, y le dijo que se iría a vivir con él, porque quería cambiar.

Él le dijo que tenía el dinero, pero era para traer a su familia de Europa y que no podía traicionar esa esperanza.

Ella se puso a llorar diciéndole que a su familia la comprendía pero que a ella la iba a dejar pudriéndose en el cabaret y él le leyó la carta que escribió Jarvis, en la que le preguntaba si ya había conseguido el dinero, pues su madre le extrañaba y lloraba y su hermano no creía que fuera cierto que fueran a ir con él a Argentina.

Que estudiaba agronomía y quiere ir y ayudarle para conseguir más dinero para traer a su madre y su hermano.

Al escucharlo ella le pidió perdón.

Él lamentaba haber estado estafando la buena fe de la gente y haber metido en un negocio sucio a un buen periodista porque necesitaba el dinero por ellos.

La quería, pero sabía que si seguían juntos no podría ya separarse de ella y decidieron que una noche se despedirían para siempre.

Bailaron y fueron luego a su reservado donde tomaron champán para celebrar su último encuentro y brindaron, el día en que él los espiaba.

Ella expresó entonces sus dudas sobre la existencia de Jarvis y él le dijo que todos confiaban en él y especialmente Gasper, que es casi como un hermano, y tan buena persona que le daba más dinero a él para que pudiera llevar antes a su gente.

Pero que la noche anterior, cuando supo lo de Jarvis, todo terminó y se encerró a recordar sin querer ver a nadie ni hablar con nadie.

Tras escucharla, se siente mal y dice que no puede más y que no puede ocultarlo más y confiesa que lo mató, aunque tras decirlo ve que ella está sin sentido en el sofá y se da cuenta de que murió.

Ve en una mesita un frasco de pastillas.

Cuando va al tren se cruza con Ester y con Jarvis, y ríe al verlos nerviosos y les dice que lo comprende todo muy bien. Y cuando Jarvis le dice que quiere ir al día siguiente a hablar con su madre, Alfredo le dice que estará encantada.

En su cabeza habla con Liudas y le recuerda lo bien que le va todo, pues a su madre le gusta tenerlos a todos en casa y su hermana y su hijo, que en ese momento juegan con una pelota en el jardín, sobre el lugar en que él está enterrado, también son felices.

Él sabe que tiene toda la culpa y que debería contarle todo a todos, pero prepara coartadas perfectas y todo se arregla y quiere salvarse y no pagar su culpa.

Jarvis le pregunta entonces si su padre estuvo allí, y él le cuenta que estuvo una tarde.

Jarvis observa cómo brotaron unas plantas y recuerda que envió a su padre unas semillas para que comprobara si podían crecer también allí y ve que en efecto, así fue, pero que no siguió sus instrucciones, pues las plantó todas juntas y debajo del árbol, por lo que le pide una pala a Ester para replantarlas en otro sitio.

Gasper le pide que no lo haga ahora, aunque él le asegura que esas plantas, amargas y ricas en taninos serán un gran negocio.

El muchacho comienza a cavar para sacarlas y él se aleja corriendo hasta la estación, y una vez en ella comienza a correr por la vía sin parar, hasta que, agotado, cae por una pendiente.

Escucha el sonido del tren que se acerca y con esfuerzo va subiendo hacia la vía, en la se queda esperando hasta ser arrollado por el tren.

Jarvis replanta las plantas en otro lugar y le dice a Ester que serán su futuro.

Le explica también que su padre eso sí lo hizo bien, porque las plantó a menos de 30 centímetros de profundidad, pues de haberlo hecho más abajo la semilla hubiera muerto.

Calificación: 8