Una quinta portuguesa
España / Portugal (2024) *
Género: Drama
Duración: 109 min.
Música:Vincent Barrière
Fotografía: Santiago Racaj
Guion y Dirección: Avelina Prat
Intérpretes: Manolo Solo (Fernando Quirós / "Manolo"), Maria de Medeiros (Amália), Branka Katic (Olga / "Milena"), Rita Cabaço (Rita), Xavi Mira (Manuel), Rui Morisson (Bernardo), Morgan Blasco (Julio), Ivan Barnev (Gausin).
Una mujer guarda sus cosas en una bolsa de viaje y escribe una nota, aunque antes de salir se arrepiente y rompe la nota.
Luego va hasta la estación de autobuses y coge uno con destino a Lyon.
Fernando es profesor universitario.
Cuando sale de clase deja un mensaje a su mujer, pues no la localiza.
Al llegar a casa ve que tampoco está allí, por lo que vuelve a llamarla, y descubre que suena en la casa.
Acude a comisaría para denunciar su desaparición, pero no puede dar datos de su familia, pues los ignora. Solo sabe que nació en Belgrado, pero dice que prefería no hablar de Serbia y él tampoco le preguntaba por no incomodarla.
Va a la tintorería donde trabajaba y ve a la encargada muy enfadada, pues lleva dos semanas sin ir por allí y no avisó.
Tampoco saben nada de ella en el bar por ele solía pasar a comprar lotería.
Finalmente en comisaría le informan que les consta que cruzó la frontera de Serbia, y todo indica, según dicen, que se fue por voluntad propia, por lo que no pueden informarle de su dirección.
Cuando lo llaman sus compañeros porque tenían la cena del departamento dice que Milena no se encontraba bien y no puede ir.
Al día siguiente regresa a la universidad, pero antes de entrar se da media vuelta y se va a un parque. Tampoco sube a su casa luego. Entra en un restaurante a cenar.
En el bar comenta la posibilidad de ir a Serbia a buscarla, pero que no sabe por dónde empezar y además cree que no debe buscar a alguien que no quiere que le encuentren.
Apasionado por los mapas físicos, Fernando rompe uno que tenía colgado en su casa, con rabia.
Al día siguiente sube a un autobús y se marcha de la ciudad hacia la costa portuguesa.
Entra a comer en un restaurante y se fija en él el jardinero, que le dice que es el único hotel abierto de la zona, pues nadie va en esa época pese a que es cuando mejor se está, y se presenta como Manuel, y le explica que es su último día allí.
Manuel nació en Portugal, aunque vivió en Extremadura y va cuando puede y consigue trabajos pequeños y ahora le surgió uno en un pueblo interior de Portugal, y, como no tiene familia, no tiene que rendir cuentas a nadie y le muestra una fotografía del lugar.
Manuel que siempre trabajó de jardinero, le dice que las plantas son agradecidas, pues solo hay que mirarlas y ver qué necesitan y le promete que al día siguiente lo llevará a un sitio curioso para celebrar ese último día allí.
Cuando baja al día siguiente a desayunar ve que Manuel ya está en la cafetería, aunque ve que está dormido, y cuando le pide que se despierte para que no se le enfríe el café se da cuenta de que no está dormido, sino muerto.
Cuando se llevan el cadáver, ve que se quedó allí su chaqueta con su documentación.
Hace autostop y llega hasta la Quinta de los "Almendros blancos" (Amendoeiras brancas) y se presenta allí y dice que va por el puesto de jardinero y la propietaria, Amália, lo toma por Manuel y él no lo desmiente.
Amália le indican dónde vivirá, una pequeña vivienda y pide a Rita, la empleada de hogar que le muestre la quinta.
Comienza a trabajar al día siguiente y una vez terminada su jornada laboral pasea hasta el pueblo y entra en un bar, donde el camarero le cuenta que Amália vivía en la capital y fue hasta allí para hacerse cargo de la quinta de su abuela.
Mientras duerme, escucha un golpe. Sale corriendo y ve que fue Amália, que llega muy bebida y chocó con el coche, por lo que debe ayudarla a llegar a la casa.
Rita le pregunta a qué se dedicaba en España y él dice que a nada interesante, y que Portugal es un buen lugar para vivir.
El fin de semana se queda solo, y entra en la casa principal y curiosea.
Le cuentan en el pueblo que los Almendros blancos fueron en tiempos pasados una finca grandiosa, pero una plaga terrible hizo que los almendros enfermaran y tuvieron que vender parte de la finca.
Cuando regresa por la noche, Amália lo invita a tomar algo con ella en la terraza.
Le pregunta si le gustan la casa y el jardín y él dice que mucho.
Le cuenta una historia, la de un coleccionista de arte de allí cerca que se resbaló al salir de la bañera y murió sin que nadie lo echara de menos hasta que una noche un ladrón se coló en la casa y lo vio muerto.
Decidió coger un traje elegante y visitó al muerto y lo dejó en el salón, tras lo que llamó a la policía sin llevarse nada porque pensó que no se robaba a los muertos.
Fernando le pregunta si era amigo suyo y ella le dice que sí y él le dice que lo siente, aunque ella le dice que al dueño no lo conocía.
Unos días más tarde Amália recibe a un grupo de amigos que, como ella provenían de Angola con los que juega a las cartas y Fernando escucha sus risas y la música y oye cómo algunos de ellos comentan lo que echan de menos aquel país y aquellos tiempos.
Un día, Fernando observa que hay un árbol en mal estado y Amália le dice que era demasiado pronto para trasplantarlo, tras lo que le indica que el verdadero Manuel no habría cometido ese error.
Después de ese comentario, y tras comprender que Amália sabe que es un farsante decide recoger sus cosas para marcharse.
Pero cuando va a hacerlo, al día siguiente, Amália le pide que acompañe a Rita con la furgoneta y que compre abono para las adelfas.
Varios años más tarde continúa allí.
Juega a veces con Rodrigo, el hijo de Rita, ahora ya más mayor, y, de cuando en cuando toma una copa con Amália en la terraza.
Se ha integrado en el pueblo y conoce a los vecinos. Como Antonio, cuya mujer murió en un accidente en unos acantilados, aunque Antonio sigue hablando con ella.
Rodrigo toca el acordeón y les cuenta que su madre tiene un nuevo novio.
Amelia vuelve a llegar borracha otra noche.
Un día ella le dice que se enteró de que le ofrecieron un trabajo en Guimarães y le pregunta si lo va a pensar, a lo que Fernando le responde que no hay nada que pensar, pues no se le perdió nada en Guimarães.
Amália le cuenta que pasó su infancia en Angola y que sus padres no abandonaron sus tierras tras la independencia, pero la enviaron a ella a Portugal con 14 años.
A sus padres los mataron allí.
A ella la recibió su abuela en esa finca, pero recuerda que los retornados no fueron bien recibidos, pues les decían que eran esclavistas, y por eso ella se inventó que venía del interior de Portugal.
Terminados sus estudios, regresó para ayudar a su abuela y se quedó allí y ocultó su pasado durante años.
Tardó 20 años en volver a Angola. Era africana, pero al regresar a África se sintió extraña, portuguesa y fue desconcertante, pues no era ni de un sitio ni del otro, y esa quinta ha sido su libertad y su prisión.
Él le pregunta si por eso se escapa y ella le responde que a veces necesita ver su vida desde lejos pero sintiendo que tiene un lugar al que volver.
Le cuenta también que conserva a un grupo de amigos de Angola con los que comparte el pasado aunque tienen vidas muy diferentes y que, de hecho, el sábado celebran la partida anual y hay una amiga que no puede acudir, por lo que le pide que la sustituya.
Durante la partida, uno de los amigos, Gausin cuenta que compila historias orales de Angola y les cuenta una de ellas.
Le explican las reglas de las apuestas.
No apuestan dinero. Cada uno pide un deseo a otro miembro de la mesa que no puede ser dinero y que el interpelado debe aceptar. Y cada uno de ellos expresa el suyo.
Amália le dice que le gustaría conocer la verdadera historia de Manuel, su pasado antes de llegar allí.
A él le cuesta pensar algo. Le dice que le gustaría volver a plantar almendros en la finca.
Finalmente gana Constança, que pidió que Bernardo y Amália no apoyaran a su marido en la reelección para la cámara.
Cuando se van todos, Fernando regresa a la casa y, pese a haber perdido, le cuenta a Amália su historia.
Le cuenta que su mujer se marchó un día sin más. Sin dar explicaciones y no sabe nada de ella desde entonces.
Le cuenta que al verdadero Manuel lo conoció por casualidad en la costa y murió de repente, y, como se dejaron olvidada su chaqueta, él se la puso.
Le cuenta que su verdadero nombre es Fernando, aunque Amália le dice que seguirá llamándolo Manuel, pues ya se ha acostumbrado.
Un día ella lo convoca en su estudio para preguntarle por su idea de replantar almendros.
Le cuenta que, aunque es imposible recuperar todo lo que ocupaba la quinta, podrían unir una zona que está en venta y que unirían a parte de la actual, desaprovechada.
Le muestra sus cálculos de plantar 270 almendros por hectárea, aunque ella le rectifica y le dice que sería 250, como su abuela, para que les llegue mejor el sol.
Pero ella dice que sería demasiado trabajo e inversión, por lo que necesitaría un socio.
Fernando le dice que tiene algunos ahorros, y además puede vender su piso.
Habla para ello con Bernardo, que es abogado y que ejerció durante algún tiempo dn España, y que es quien se encargará de la venta de su piso.
Tienen ya la nota del registro y tiene un socio en España que conoce varias inmobiliarias, aunque, le dice, antes deben resolver el problema del inquilino.
Fernando se queda muy sorprendido, pues no tiene ningún inquilino, aunque Bernardo le informa que alguien está pagando los suministros pese a que él lo dio de baja todo.
A través del socio de Bernardo buscan los datos del actual inquilino y le dicen que está a nombre de Milena Marinovic y se queda estupefacto.
Habla con Amália, que le pregunta cuándo se marcha, pues a los fantasmas hay que atenderlos.
Regresa en efecto a España haciendo el camino de vuelta después de tantos años.
Antes de subir a su piso toma un café y observa desde el bar su piso durante largo rato, y puede ver así a una mujer cuando sale a la terraza.
Cuando la mujer sale, la sigue y ve que trabaja en un restaurante como camarera y le pide un café y se queda mirándola, aunque ella no la reconoce.
Ve también que va a una escuela de enfermería.
Por la noche vuelve a vigila su casa desde la ventana del bar.
Regresa al día siguiente al bar en que trabaja la mujer y entabla conversación con ella y le dice que hacía mucho tiempo que no visitaba la ciudad.
Ella le cuenta que es serbia y está estudiando enfermería y que lleva dos años allí.
Él le dice entonces una frase en serbio. Le dice que es una mujer buena, aunque dice que solo sabe esa frase y poco más.
Ella le pregunta cómo se llama y él le dice que Manuel.
La sigue cada día y un día la oye discutir con otra persona a la que le dice que no puede dejar España mientras esté estudiando.
Vuelve a verla en el restaurante y la escucha que desea ver un partido entre el Estrella Roja y el Real Madrid y él le dice que conoce un bar donde se puede ver y la ve entusiasmada, pues el baloncesto la vuelve loca.
Milena le habla de su familia y él le cuenta que no tiene ni hermanos ni mujer. Que la tuvo, pero ya no.
Llama a Rita para hablar con Amália, pero le dice que está fuera del país y no le coge el móvil.
Vuelve a salir con Milena, que le cuenta que es enfermera, pero que no le convalidaron su título.
Le cuenta también que vive en una casa que le dejó una amiga
Él le cuenta que es jardinero.
Salen juntos a cenar y la acompaña luego hasta su casa y ella lo invita a subir.
Regresa así de nuevo a su casa, donde observa que repararon el cuadro con el mapa de Europa que rompió enfadado, días antes.
Le sirve una copa de vino.
Ella le pregunta tras observarlo, qué es lo que quiere y él le dice que solo quiere quedarse un rato más y se recuesta en su sofá y se queda dormido.
Despierta a la mañana siguiente, tumbado en el sofá y ve que Milena dejó sus llaves sobre la mesa y que no está en casa.
Desde la terraza la ve desayudando en el bar de abajo, en el lugar que durante los días anteriores.
Baja al bar y ella le pide que se siente.
Le dice que conoció a su Milena 6 años atrás, cuando ingresó en un hospital de Belgrado con una enfermedad en los pulmones y pasó allí varios meses. Ella era enfermera y cuando tenía turno de noche se sentaba con Milena a hacerle compañía y de paso esta le enseñaba español.
Le muestra una fotografía que se hicieron juntas.
Le habló de su vida en España y le contó que estaba casada con un buen hombre, y que tenía trabajo, pero que ese no era su sitio ni su vida, pues no era ella.
Cuando murió, nadie fue a buscarla. No tenía familiares y ella se quedó sus cosas, y como quería salir de Serbia, decidió viajar allí.
Buscó al marido de Milena, pero nunca apareció y la casa estaba vacía.
No tenía trabajo y un día se atrevió a subir.
Iba de vez en cuando y limpiaba la casa. Se quedó alguna noche y acabó viviendo allí y, gracias a los papeles de Milena, encontró trabajo.
Le dice que no tiene respuestas para él, pues no dejó ninguna carta, y le dice que no es mala persona, antes de decirle adiós.
Él sale tras ella y le pregunta cómo se llama, y ella le dice que Olga, y la observa mientras se aleja con su maleta.
En su recuperada casa, riega las macetas, lo que le lleva a recordar de nuevo Portugal.
Regresa al bar donde trabaja Olga y le pregunta dónde se está quedando. Ella le responde que por ahí.
Él le devuelve las llaves de su piso y le pide que no se vaya. Que se quede en el piso todo el tiempo que necesite. Que termine sus estudios y encuentre un trabajo, y más adelante hablarán.
Ella le pregunta qué va a hacer él, que le responde que volver a casa.
Regresa a la quinta en Portugal, donde Rita lo recibe contenta.
Va luego a ver a Amália, que también se alegra de verlo de vuelta.