Tierra de nadie
Tierra de nadie (2024) * España / México
Duración: 101 min.
Música: Sara Cáceres Huerta
Fotografía: David Acereto
Guion: Fernando Navarro (Idea original: Álvaro Ariza)
Dirección: Albert Pintó
Intérpretes: Luis Zahera (Mateo / "Gallego"), Karra Elejalde (Juan Arrantzale), Jesús Carroza (Benito ("Yeye"), Vicente Romero (Pablo / "Colorao"), Emilio Palacios (Inglés), Paula Díaz (Clau), Tamara Casellas (Pastora), Jero Medina (Elizalde), Damián Alcázar (Rafael Hoffman), Antonio Gil (Quemao).
Un barco de la guardia civil espera en medio de una fuerte tormenta.
Finalmente avisan al jefe de operaciones, al que llaman Gallego de que apareció un yate con las luces apagadas.
Le dan el alto y les piden el número de amarre y puerto de origen, por radio.
Le responde una mujer que habla francés y le dice que no lo entiende y que están de vacaciones y se desviaron por culpa del viento.
Les piden que continúen, pues parecen legales, aunque cuando se confían se acercan a ellos y llaman al helicóptero de apoyo.
Los abordan, aunque uno de los que van en el barco, mexicano, saca una navaja y alcanza al Gallego, que pese a estar herido y recibir un cabezazo en la cara consigue dominarlo y lo apunta con un arma con arpón.
Detienen a los tres ocupantes y observan que están muy tranquilos mientras ellos comienzan a sacar bolsas de droga.
Un hombre, Arrantzale observa a un grupo de niños que juegan al fútbol, y Marcos, uno de ellos lo observa también.
Mateo, el "Gallego", recibe a Ana, la juez, en el puerto al que llevaron el yate.
Le dice que necesita la nave fuera del depósito en una semana, aunque ella le dice que no puede garantizárselo y le dice que en un mes, aunque él le asegura que el depositario está harto.
Este, Beni, escucha ruidos mientras duerme y va a coger su escopeta y sorprende a dos tipos que tratan de llevarse una barca, por lo que debe disparar para ahuyentarlos.
Coge a uno de ellos, pero este lo golpea y consigue escapar también.
Clau, su novia debe curarle la herida del labio y le dice que guardar al juez las cosas de los narcos no es un trabajo y le pide que busque algo mejor.
Mateo se cruza a la salida del puerto con Juan Arrantzale, y le dice que debe pasar la pensión a su ex y que debe buscarse un trabajo y dejar de trapichear, aunque Juan dice que no son lo mismo que los nuevos traficantes, pues ellos tienen valores y principios.
Mateo va a ver a Beni en la cocina de un restaurante en el que también trabaja para pedirle que le guarde la recreativa unos días.
Beni le habla de lo complicado que está siendo y le cuenta que le dejaron un recado de que le darían 50.000 euros si les deja llevarse una moto de agua, y aunque Mateo le anima, dice que no le gusta que le amenacen.
Cuando llega a las 2 de la mañana a su casa, después de tres noches sin ir a dormir, Mateo ve que Pastora está despierta con las cartas y pide que se las eche a él.
Del pasado le dice que puso mucho empeño en algo que no valió para tanto. Que en el presente está en su mejor momento y hay mucha potencia que no debe malgastar.
Ella le dice luego que está ovulando.
Al día siguiente, en el cuartel ve cómo dejan en libertad a Elizalde, el mexicano al que detuvieron y se enfada con la jueza por hacerlo, aunque aprovecha su presencia para decirle que piensa que alguno de sus hombres da información.
Juan se ve con Hoffman, un narcotraficante mexicano al que le dice que tiene algunas exigencias, pues los arrinconan en su territorio y les hacen el vacío.
Con Hoffman está también Elizalde, al que soltaron poco antes.
Le dice que contactaron con ellos porque conocían la tierra, pero les están echando y esa no era la idea cuando los dejaron entrar allí y le dice que si no trabajan con ellos no trabajarán con nadie, pues es su tierra y pelearán por ella y el Quemao, colaborador de Arrantzale les advierte que bastará con que hablen con los "picoletos".
Elizalde saca un cuchillo y comienza una pelea, aunque Rafael Hoffman les dice que no les quieren hacer daño, pero que no aceptan amenazas, mientras apunta a la cabeza del Quemao y les dice que deben seguir trabajando juntos.
Cuando se marchan dejan a Juan con una marca del cuchillo en la cara.
Mateo sigue a uno de sus hombres, el "Inglés", que ve que va a un bar donde se reúne con otro amigo y también ve a Lewandoski, Ricardo, que va al barrio en un imponente descapotable a buscar a su hija, y su mujer le pregunta de dónde sacó el dinero y le dice que las tiene abandonadas.
Benito va a comisaria para pedir que le pongan una escolta de dos coches para trasladar el yate, aunque Mateo le dice que solo puede ponerle uno, pues es un traslado rutinario, Beni le asegura que si no le pone 4 agentes no lo hace, ante lo que acaba accediendo.
El Inglés y otro agente, Pablo, al que llaman el "Colorao" realizan un control de vehículos en un puente, y ven en un camión a Elizalde, al que piden que baje del camión.
Le dicen que en el camión llevan productos cárnicos y le pide que lo abran, aunque Elizalde simula no encontrar la que lo abre entre un manojo con muchas otras.
Y de pronto, cuando el Inglés va a ver qué pasa, el camión arranca a toda velocidad.
Disparan a las ruedas y el camión arrolla el coche de los guardias, pero se para y el Inglés consigue subir al camión y retener al conductor mientras el Colorao sigue a Elizalde entre los coches detenidos por el control, pero no se atreve a disparar para no herir a nadie y ve cómo escapa.
Cuando abren el camión ven que atrás van colgados y muertos, como si fueran piezas de ganado los franceses que vieron en el yate el día anterior.
El Colorao se queda con un papel que había en la guantera del vehículo.
Se reúne más tarde con Arrantzale y le entrega el papel que cogió del camión y a cambio Juan le da un fajo de billetes y le dice que si sale bien le dará más.
Por la noche Clau y Benito van a tomar algo a un chiringuito en la playa con sus amigos.
Cerca de ellos está Mateo con su mujer y un poco más allá, Juan y sus hombres.
Camino del servicio, Clau observa la foto de los tres, de Benito, de Juan y de Mateo con una copa, tras ganar un trofeo futbolístico.
Cuando regresa del servicio le dice que se va, aunque él trata de animarla a quedarse un rato, ante lo que ella le dice que esa noche se va a casa de su madre y le pregunta qué futuro tienen, pues siempre será el "veme" de los otros. Veme por esto, veme por lo otro… y cree que eso no lo hace por dinero, sino porque le gusta vivir así y a ella no, y por eso llamó a su prima que trabaja de supervisora en Getafe y la puede contratar como reponedora del súper, aunque tenga que renunciar al sueño sea poner una peluquería.
Cuando vuelve cabizbajo y sollozando, Pastora le pide que se quede con él.
Benito le cuenta que Clau lo deja.
Poco después se les une Juan. Los tres con la cara marcada toman el licor que le queda a Juan de su padre y tras ello van hasta el campo de fútbol, aunque deben jugar con la botella, pues no tienen balón.
Juan recuerda lo bien que se vivía antes. Cuando sus viejos se fueron buscando el sol y el pescado barato desde el País Vasco.
Benito, al que llaman "Yeye", recibe una llamada de la jueza y debe simular estar sobrio.
Juan le dice a Mateo que necesita una pistola y se queda luego tumbado en las gradas mientras sus amigos se marchan.
Cuando regresa a su casa se fija en que lo sigue un coche. Mateo, que se queda durante un rato bajo su balcón.
Juan parece nervioso, pues la ventana de su casa está abierta, y de pronto lo sorprende Elizalde por detrás e intenta ahogarlo.
Cuando Mateo ya se va a marchar, pensando que todo está en orden cae desde el balcón Juan sobre su coche.
Sale con su pistola hacia el piso de su amigo, aunque cuando llega ya no hay nadie.
Juan va a que le curen, pues se le clavó un cristal en la pierna sin entender cómo se enteraron de dónde vive, pues se cambió poco antes.
Llega otro de los hombres, Agustín, que les cuentan que se llevaron a su mujer y a sus hijos y los metieron un rato en una furgoneta y que mataron al Quemao.
Juan llora de rabia.
Mateo acude a la playa, donde apareció el cadáver del hombre de Juan degollado.
Benito acompaña a Clau a la parada del autobús que debe llevarla a Madrid.
Mateo sale en televisión hablando de las mafias que operan en la costa, senegaleses, colombianos y mexicanos.
Le dice luego a Pastora que es un polvorín y no es sitio para criar a una niña, por lo que tienen que marcharse de allí.
Pastora les dice que no quiere criar una niña fuera de allí, pues ese es su lugar.
Por la noche el Colorao y el Inglés acompañarán el traslado del barco. Informan a la juez que están en camino y escoltan el barco, seguidos por otro furgón policial.
Cuando esa noche llega Mateo al cuartel ve que está allí Carmen, una de las agentes que debería estar con el traslado de la lancha recreativa, y ve que ignora esa misión.
Llegan a un punto donde la carretera está cortada por un accidente y deben parar y el Colorao le dice que cogerán un desvío y pide al otro coche se queda para ayudar.
El capitán pregunta por el Colorao y cuando le hablan del corte de la carretera sale a toda prisa y llama pidiendo la localización del remolque alquilado por Benito.
Este se para en el camino y ve que de pronto el coche de los guardias se marcha y están frente a una verja y él está sin móvil porque se lo llevó el Colorao.
El Capitán conduce a toda velocidad siguiendo el camino de la lancha.
Benito ve que se acercan varios coches a toda velocidad y él arranca y derriba la verja y continúa, pero se le manchan los cristales por el barro y choca y vuelca el remolque.
El Inglés no parece muy conforme con lo que han hecho, y mientras esperan y hablan ven cómo aparece Elizalde, que les corta el cuello.
Benito, que recibió un fuerte golpe por el impacto, ve que se acerca alguien, Juan, que le dice que quiere ese barco y se lo va a llevar.
Mateo llega al lugar donde cortaron la carretera, pero no ve nada y se mete por el desvío.
Benito advierte a Juan que el yate está limpio, que lo miraron en el puerto, pero Juan levanta un panel y empieza a sacar bolsas escondidas en la estructura. Le dice que lo que llevaban fuera era hachís, pero que lo que realmente llevan es coca o heroína.
Le dice que ellos también tienen derecho a una vida. Que el gobierno detiene a los pequeños camellos y da la nacionalidad a quien se compre una casa sin importarle de dónde salió el dinero.
Pero Benito no puede creer que no lo vieran los guardias o sus perros y Juan le dice que a veces usan perros de explosivos para detectar narcóticos si les interesa.
Pero Benito, pese a todo, le dice que eso no está bien y que le encontrarán.
Juan recuerda que cuando jugaban al fútbol, él le dejaba jugar cuando faltaba alguno y ahora le pregunta si juega o no juega, aunque Benito le dice que lo van a matar.
Tienen un pequeño rifirrafe en el que se les cae una de las bolsas y entonces ven que se activa una baliza. Y acto seguido empiezan a dispararles.
Se ocultan tras un coche y luego huyen, aunque hieren a Benito.
Los persigue un coche, pero consiguen saltar una roca contra la que el coche, que iba muy deprisa choca.
Mateo, entre tanto, ve la valla que se saltó Benito y llama al Colorao. Escucha el timbre del teléfono, y al seguir su sonido llega hasta el coche, donde ve al Inglés muerto y al lado al Colorao, por lo que llama para solicitar vigilancia aérea.
Juan y Benito, entretanto huyen por el monte hasta llegar a la venta del padre de Juan.
Juan va a buscar algo para curar a su amigo, aunque escuchan un ruido de que alguien entró, y que ven que es Mateo, que pregunta a Juan qué ha hecho.
Ven que Benito tiene la bala dentro de la pierna y hacen un torniquete fuerte.
Juan se dispone a marcharse, pero Mateo le dice que no puede llevarse las bolsas con la droga.
Escuchan entonces la voz de Hoffman, que les dice que sabe dónde están. Ven que se acercan tres y tienen un solo cargador.
Cierran todas las contraventanas y bloquean las puertas con muebles.
Comienzan a disparar contra la puerta y Mateo dispara la suya para que sepan que tienen armas.
Mateo pide refuerzos y llama para decir que los están ametrallando.
Trata luego de sorprender a uno de los mexicanos, pero falla y este le dispara y da contra la pared, y un cascote le cae encima y se queda sin sentido.
Los disparos arrecian y dejan la puerta y la mesa tras la que se ocultaban agujereada.
Hoffman dice que le quiere proponer algo a Juan, que trata de escabullirse con las bosas y pide a Benito que se quede allí, pues la droga es su futuro y lo van a seguir a él.
Un hombre logra entrar en la casa y dispara hacia Mateo, aunque es él quien logra acabar con él.
Juan aparta un frigorífico y sale por un túnel oculto tras este.
Otro hombre entra por la puerta, ya destrozada, y Benito debe huir arrastrándose y se hace con un trozo de madera que tiene varios clavos y con el que golpea al sicario al que se lo clava en el cuello.
El tercero, Elizalde, trata de sorprender a Mateo, pero lo oye y se revuelve y pelean, y el mexicano saca un cuchillo.
Juan, entretanto sale por el desagüe a una de las marismas hacia el coche de sus perseguidores en el que guarda una de las bolsas que llevaba, tras lo que regresa a buscar otra que quedó enganchada a un arbusto.
Cuando Elizalde está a punto de clavarle el cuchillo a Mateo, un cristal puntiagudo se clava en su cuello y es él quien muere.
Juan se ve sorprendido al coger la segunda bolsa por una bala de Hoffman, que luego lo remata desde la orilla.
Cae al agua con la bolsa en sus brazos mientras Hoffman le dice que todo lo que ve es de ellos. Que quizá si hubiera dejado la segunda maleta lo hubiera conseguido, pero fue demasiado ambicioso.
Él dice que las necesitaba todas y Hoffman le dice que no tendrá ninguna.
Apunta a su cabeza para rematarlo, pero es él quien cae por una bala de Mateo.
Corren a auxiliar a Juan, que les pide que huelan, pues huele a sal y eso es que se acaba el Poniente, tras lo que cierra los ojos y sus amigos lloran mientras lo abrazan y cae la lluvia sobre ellos.
En la nueva Venta Arrantzale, en la que Benito, recibe a Mateo y a Pastora, ahora embarazada, y en una de cuyas mesas está la foto de los tres amigos.