Suspense
The Innocents (1961) * G.B. / USA
También conocida como:
-
"Posesión satánica" (Hispanoamérica)
Género: Terror
Duración: 99 min.
Música:Georges Auric
Fotografía: Freddie Francis
Guion: Truman Capote, William Archibald, John Mortimer (Novela: Henry James)
Dirección: Jack Clayton
Intérpretes: Deborah Kerr (Señorita Giddens), Megs Jenkins (Señora Grose), Martin Stephens (Miles), Pamela Franklin (Flora), Peter Wyngarde (Peter Quint), Michael Redgrave (Tío), Clytie Jessop (Mary Jessel), Isla Cameron (Anna).
Una mujer llora y alza sus manos mientras escucha los cantos de una niña mientras asegura que solo pretende salvar a los niños, no destruirlos, pues los quiere a más que nada en el mundo y necesitan protección, amor, alguien que les pertenezca y alguien a quien pertenecer.
Tiempo antes la mujer, la señorita Giddens pasa una entrevista con un hombre que le explica que él pasa mucho tiempo y Londres y su vida es muy divertida, pero no es la más adecuada para unos niños y por ello necesita los servicios de una niñera y reconoce que es un egoísta y que no quiere cargar con dos huérfanos con los que no sabe qué hacer pues no tiene sitio para ellos ni mental ni emocionalmente.
Le pregunta a la mujer si le parece insensible, a lo que la mujer le dice que es sincero.
Le cuenta luego que los niños están en su casa de campo. Que se trata de dos sobrinos, Miles y Flora, que desde hace varios años solo le han tenido a él, que sabe que necesitan algo más que un tío lejano, y más que una institutriz. Que necesitan amor y cariño y alguien a quien recurrir y por ello la considera la mejor candidata.
Ella confiesa carecer de experiencia, aunque él le dice que confían uno en el otro, pero debe prometerle que asumirá la responsabilidad total y que no le molestará nunca ni se quejará. Tomará ella el control completo y lo dejará tranquilo.
Le cuenta que ya tuvieron una institutriz, la señorita Jessel, que era excelente y estaba muy unida a Flora, pero murió.
En ese momento él estaba en Calcuta y por eso no pudo buscar antes sustituta y tuvo que enviar a Miles a un colegio y dejó a Flora con el ama de llaves, la señora Grose.
Asegura estar desesperado y le pide que se lo prometa.
Ella dice que lo intentará y hará lo que pueda para que sean felices.
Llega en un coche de caballos hasta la finca y el entorno le entusiasma, tanto que al llegar a la puerta de entrada de la finca se baja del coche y continúa su camino andando disfrutando del hermoso paisaje hasta la casa.
Al acercarse escucha cómo alguien llama a Flora y de pronto ve a la niña reflejada en el agua y le dice que es la señorita Giddens, y la niña le dice que la esperaba y que la señora Grose mandó limpiar las 134 ventanas.
Giddens queda fascinada con la casa.
La señora Grose le explica que la mitad de las habitaciones están vacías y cerradas y es demasiado costosa de limpiar, pero que es un paraíso para los niños y le explica que Flora es encantadora, pero le gusta escaparse y siempre la están buscando.
Luego Flora le cuenta que tiene también un poni, y, tras observar lo encantadora que es la niña le cuenta a la señora Grose que estuvo a punto de no aceptar el trabajo.
Le pregunta si va por allí el señor, pero le dice que le gusta la vida de la ciudad.
Le pregunta cómo era la institutriz que murió y le cuenta que era joven y guapa, aunque no tanto como ella, y le indica que parece que el señor las prefiere jóvenes y atractivas.
La niña la guía luego hasta su habitación y le cuenta que la señora Grose quería darle una de las grandes, pero que ella le dijo que las habitaciones grandes se vuelven más grandes de noche, aunque la señora Grose no lo sabe porque cierra los ojos en la oscuridad, mientras que ella siempre mira en la oscuridad.
Observa luego cómo la niña reza sus oraciones antes de acostarse.
Escucha un chillido de un animal y se preocupa, pues parece que se hizo daño, pero la niña le recuerda que la señora Grose les dice que finjan no oírlo para no imaginar cosas, aunque la señorita Giddens asegura que a veces no puede evitar imaginar cosas.
Por la noche Flora se levanta de su cama mientras el viento agita los visillos y observa a la señorita Giddens muy inquieta por una pesadilla, sonriendo. Luego mira por la ventana y tararea una canción y ve algo que la hace sonreír.
La señorita Giddens recibe el correo y Flora le pide que le deje leer las cartas, y le permite que lo haga con una de su hermano, que le envía una foto con toda la familia.
Pero hay otra que llega de Londres, que le envió el tío de los niños y la niña observa un gesto de alegría en su cara al ver al remitente.
Hasta que observa que en él va una carta del colegio de Miles. Y mientras la lee se le demuda el rostro y pierde la sonrisa.
Le pregunta a Flora si la noche anterior dijo que Miles volvía a casa, aunque la niña no responde. Observa fascinada cómo una araña se come una mariposa.
Pregunta a la señora Grose, a la que explica que llegó una carta del tío con una carta del colegio sin abrir. El tío le indicaba que se encargara ella del asunto sin molestarlo, pues salía hacia Italia. Y vio que en la carta le informaba de la expulsión de Miles del colegio por ser una amenaza para los demás niños.
Grose le asegura que el niño es movido, pero que no corrompería a nadie y ríe.
Van a la estación de Bly a recogerlo y observa cómo el niño la saluda de forma muy educada e incluso le da un pequeño ramo de flores.
Ve por el camino que se muestra feliz de haber regresado, pero no contesta a ninguna de las preguntas que la institutriz le hace sobre el colegio y le dice que es demasiado guapa para ser institutriz
Al llegar a casa corre a ver a la señora Grose contento y observa que todo sigue como antes, aunque parece decepcionado, pues asegura que esperaba que fuera distinto.
La señora Grose pregunta a Giddens, que le dice que es encantador como el resto de la familia y que está convencida de que lo de la carta tuvo que ser un malentendido.
Por la noche, al pasar frente a la habitación de Miles este la invita a pasar, y ella le pregunta cómo sabía que estaba fuera y el niño le dice que es una casa muy vieja y las cosas crujen y además vio la luz de la vela, aunque ella le replica que debería estar dormido, a lo que le replica que está muy excitado por volver y por conocerla.
Aprovecha para preguntarle si sabe que no le dejarán volver al colegio, y si es consciente de lo grave que es una expulsión y de lo que dirá su tío, a lo que el niño responde que dirá que no le moleste, que está muy ocupado, pues no le importan ni Flora ni él, aunque ella le dice que es realmente un hombre muy ocupado, y el niño le dice que lo está como para perder el tiempo con ellos, a lo que Giddens le dice que ella si lo tiene y que le importa y está dispuesta a escuchar qué le pasa en el colegio, mientras seca sus lágrimas con su mano y le dice que quiere ayudarle.
De pronto una fuerte ráfaga de viento abre la ventana y se apaga la vela y Giddens se asusta, y ve cómo el niño, muy calmado, le dice que no se asuste, que solo fue el viento
Al día siguiente la señorita Giddens corta una rosa y escucha cantar a Flora, y entonces observa una escultura de un niño entre las flores que lleva un pie y una mano también de piedra, entre sus manos y de su boca sale un grillo, y en ese momento alza su mirada hacia lo alto de la mansión y ve un hombre, aunque debido al sol no lo ve bien.
Sube hasta el torreón donde lo vio, aunque allí solo está Miles con las palomas y el niño asegura que lleva allí media hora, por lo que ella le dice que entonces habrá visto al hombre que estaba en la torre, aunque él le dice que ha estado solo con las palomas, a lo que le responde que no es cierto, pues dos minutos antes había allí un hombre, aunque Miles le dice que sería él, aunque ella le dice que era un hombre y la miraba.
Miles le dice que quizá se lo imagino y que espera que no le pongan gafas, pues es demasiado guapa.
Ella concluye que puede ser por el cansancio, pues no durmió bien, y él le dice que lo sabe, pues le contó Flora que gime toda la noche, aunque a veces Flora inventa cosas.
Pregunta a la señora Grose si vive allí alguien a quien no conozca. Le responde que no.
Flora les dice que Miles está haciendo una exhibición, pues es muy valiente, y sale y lo ve subido a caballo y corriendo muy deprisa, e incluso saltando un obstáculo y se aleja con el caballo mientras empieza a oscurecerse el cielo.
En casa hacen dibujos y Miles dice que le gustaría vivir siempre así, pues le encanta esa casa y la señorita Giddens les cuenta que la suya era muy pequeña y no podían jugar mientras su padre preparaba sus sermones, aunque si salía, jugaban al escondite.
A los niños les parece una gran idea hacerlo y ella acepta pese a que es ya tarde.
Ella será la encargada de buscarlos, y mientras lo hace observa en un pasillo a una mujer que sale y desaparece de inmediato.
Durante la búsqueda sube al desván, lleno de cosas antiguas, entre las que ve una caja de música con una bailarina y dentro el retrato de un hombre.
Escucha entonces el crujido de una puerta y se asusta, aunque ve que es Miles, que la sorprende y le dice que es su prisionera mientras aprieta su cuello con su brazo, ante lo que ella le pide que le suelte.
Aparece entonces Flora que se pone contenta al ver su caja de música, que dice escondió allí la señora Grose.
Le dicen que le toca esconderse a ella, que corre hacia abajo y se oculta tras una cortina.
Ve entonces que se acerca a la ventana el hombre del retrato, que la observa y sale para ver quién es, pero no encuentra ya a nadie.
La señora Grose la ve muy pálida, y le cuenta que vio de nuevo al hombre de la torre, y, al describirlo y decir que vio un retrato suyo en el desván, la señora Grose le dice que debe ser Peter Quint, el ayudante del señor, aunque le cuenta que está muerto.
Esa noche tiene pesadilla de las que la despierta una fuerte tormenta.
Al día siguiente no para de llover y mientras les da clases, Flora hace chirriar su tiza sobre la pizarra de forma muy molesta.
La señorita Giddens le pregunta qué le gustaría hacer, como si fuera su cumpleaños, y proponen una fiesta con trajes y prometen sorprenderla.
Insiste con la señora Grose en que vio a Quint. La mujer le dice que sería una pesadilla, a lo que le responde que no podría haberlo descrito con tanta exactitud sin verlo.
Le pregunta cómo murió y le cuenta que cuando sucedió había hielo en los escalones y regresaba borracho y cuando cayó sus ojos estaban abiertos como con sorpresa y pena.
Recuerda que era un hombre muy especial e hizo cosas retorcidas.
LA señorita Giddens le dice que los niños nunca hablan de él y el ama de llaves le dice que fue Miles quien lo vio, y que adoraba a Quint.
Bajan los niños disfrazados como si fueran reyes y Miles recita un poema en el que parece invocar a que entre alguien que salga de su tumba cuando salga la luna y le da la bienvenida.
Más tarde la señora Grose le cuenta que todos tenían miedo a Quint, pero no hicieron nada por separar a Miles de él, pues el amo lo había puesto como hombre de confianza.
La señorita Giddens pregunta si también le tenía miedo la señorita Jessel y la señora Grose recuerda que al principio la institutriz sonreía y le gustaba cantar y bailaba con Flora, pero luego cambió tras enamorarse de Quint pese a ser tan diferentes.
Van a hacer un picnic junto al lago y Miles rema en el lago y Flora entona la canción de su caja de música.
Ve entonces la señorita Giddens a una persona entre los juncos del lago y pregunta a Flora quién es, aunque cuando vuelve a mirar no ve ya a nadie.
Le cuenta luego a la señora Grose que son dos. Que ese día vio, a pesar de ser de día, en el lago a una mujer vestida de negro que cree que es la señorita Jessel, a lo que la señora Grose le replica que la señorita Jessel murió casi un año antes, aunque insiste en ello y asegura que Flora también la vio, pero no dijo nada. Cree que mintió.
La señora Grose le dice que los niños nunca mintieron.
Ella dice que les obligan a jugar a un juego monstruoso y cree que corren un grave peligro, y al verla tan convencida la señora Grose le dice que la cree y le pregunta cómo puede ayudarle.
Dice que deben descubrir qué quieren esos monstruos, y cree que la respuesta debe estar en el pasado.
Le pregunta si Jessel y Quint estaban enamorados y ella dice que sí, aunque cree que era algo enfermizo, pues él la maltrataba y le infligía todo tipo de crueldades. De hecho vio cómo la tiraba al suelo y ella lo miraba esperando el peso de su mano sin orgullo ni vergüenza. Se arrastraba hacia él y él reía de ella con su risa salvaje.
Recuerda también que usaban las habitaciones en pleno día como si fueran oscuros bosques sin importarles que ella los viera y no sabe lo que los niños vieron, pues siempre los seguían, aunque recuerda también que Quint enseñó a montar a Miles.
La señorita Giddens dice que corrompía a Miles, aunque la señora Grose asegura que Miles es un buen chico sin maldad, a lo que le responde que pueden fingir ser inocentes, aunque la criada asegura que son inocentes de verdad y parecían felices, aunque teme que los utilizaran, asegurando la institutriz que todavía lo hacen.
Le pregunta qué fue de Jessel, y la señora Grose le cuenta que estuvo de luto y lloraba por él hasta que apareció la locura en sus ojos. No comía ni dormía y deambulaba por la casa sollozando hasta que murió de pena.
Le pregunta por el Reverendo Fennel, el vicario, aunque la señora Grose le pide que no se lo cuente para no provocar un escándalo, aunque ella cree que podría ayudarlos.
Por la noche tiene una terrible pesadilla en que mezcla todos los hechos de ese día con lo que le contó la señora Grose.
Al día siguiente toma la decisión de ir a ver al tío y que regrese, pues necesita su ayuda.
Cree que hablan de los desaparecidos, que hasta ese momento solo han visto de lejos, aunque cree que desean acercarse.
Contará que la casa está envenenada y que los niños son unos mentirosos calculadores con amigos que podrían matarlos del susto.
Vuelve a preguntar a la señora Grose cómo murió la señorita Jessel, y, aunque trata de evitarlo, le cuenta que la encontraron en el lago ahogada.
Mientras todos están en misa ella observa a Flora correteando entre las tumbas y ve un ramo de flores silvestres en la tumba de Mary Jessel.
Prepara su equipaje para partir hacia Londres,
Desde el aula donde da clases escucha un llanto y ve a la señorita Jessel llorando.
Se acerca hasta su silla, aunque ya no hay nadie, pero ve lágrimas en la pizarra.
Y de pronto le dice a la señora Grose que ha cambiado de idea y que no se marcha, pero que no deben perder de vista a los niños, pues cree que la señorita Jessel quiere llegar a él poseyendo el alma de los niños.
Por ello insistirá por escrito en que vaya el señor, pero no irá a Londres para no dejarlos solos y poder salvarlos expulsando a sus diablos.
De pronto, por la noche, y mientas atiza el fuego escucha cómo el piano toca solo y escucha la risa de la señorita Jessel que le dice a Quint que no haga ruido, pues los niños pueden oírlos.
Recorre los pasillos con el candelabro y escucha el crujido de una puerta y escucha cómo la señorita Jessel pide al hombre que la bese. Y más tarde, de nuevo su risa.
Va buscando por las habitaciones, algunas cerradas.
Escucha cómo Mary Jessel dice que los niños los están viendo y él les pregunta si no les enseñaron a llamar antes de entrar.
Oye ruidos por todas partes y se gira sin saber de dónde proceden.
Escucha a la señorita Jessel cómo le pide que le ame mientras la barra de correr las cortinas golpea repetidamente la ventana.
Regresa a su habitación y ve a Flora asomada en la ventana y le dice que hay alguien paseando por el jardín, y observa que se trata de Miles, que mira hacia arriba.
Flora se acuesta con su muñeca al lado a la que sonríe mientras la señorita Giddens baja para buscar a Miles.
Le pregunta por qué miraba hacia la torre y si vio a alguien, y él le dice que solo a ella y que la estaba esperando.
Lo acompaña a su habitación y una vez allí el niño le confiesa que esperaba que ella pensara que era malo, pues se estaba volviendo muy aburrido como los niños buenos.
Dice que lo planeó con Flora que también ella fue mala.
Ve que Miles esconde una paloma y le dice que es para mantenerla caliente, aunque ella observa que alguien le rompió el cuello y él le dice que la enterrará al día siguiente.
Miles le pide luego a la señorita Giddens que le dé un beso y la coge del cuello y la besa en la boca sin que ella sepa reaccionar.
Ve luego cómo el niño sonríe y ella para evitar darle importancia no hace nada.
Escribe al día siguiente una carta para su tío y Miles le dice que sabía que lo haría para contarle que es malo.
Escucha que el niño toca la misma canción que siempre tararea Flora, que de pronto desaparece, por lo que corre a buscar a la señora Grose para que le ayude a buscarla.
Van hasta el lago donde vieron a la señorita Jessel y observan que se llevó la barca.
Ven a la niña que baila al son de la música de la cajita en un templete que hay junto al lago, como si fuera la bailarina de la cajita, y de pronto, a lo lejos y entre las cañas vuelve a ver a la señorita Jessel y rompe a llover.
Cuando llegan a ella le pregunta cuándo aprendió a remar a lo que le responde que le enseñó Miles, y le pregunta también por qué fue hasta allí y le dice que va a ese lugar cuando quiere estar sola y bailar.
Le pregunta quién le regaló la cajita de música y miente diciendo que la señora Grose.
Ella le pregunta dónde está la señorita Jessel, pues sabe que puede verla, aunque la niña niega con la cabeza y asegura que no puede mientras la pone mirando hacia el lugar donde ella ve a la fallecida y le insiste en que reconozca que puede verla, ante lo que la niña le dice que no es cierto y que tiene miedo mientras llora desconsolada en brazos de la señora Grose que ve una locura en la forma de actuar de Giddens.
De hecho, Flora le dice que no ve nada y que es cruel y malvada y que la odia y se marcha con la señora Grose mientras llora desconsoladamente en medio de la fortísima tormenta, mientras la señorita Giddens se queda sola observando a la mujer fallecida.
Por la noche Miles se acerca a ella mientras está frente al fuego y siguen escuchando los gritos de Flora, que no cesan tampoco cuando luego sube a su cuarto.
Sale la señora Grose escandalizada de las cosas que ha escuchado decir a la niña y le dice que nunca le oyó decir esas cosas antes de que llegara ella y que la niña aseguraba que no vio a nadie, y la señora Grose asegura que ella la cree.
Giddens se enfada al escucharla. Asegura que cuando llegó vio que seguía asustada por la presencia de los dos fallecidos y que ella quiere salvar a los niños, no destruirlos, pero la señora Grose le dice que Flora era una niña dulce y encantadora hasta que le hizo mirar ese mal recuerdo.
Le pide a la señora Grose que se la lleve al día siguiente con su tío, y que el servicio también se vaya y se quedará ella sola con Miles, pues cree que él quiere confesar y pedir ayuda.
La señora Grose le dice que ha cuidado a muchos niños y sabe que a veces el despertar puede ser más cruel que el sueño.
Le pregunta qué le dirá a su tío y le responde que la verdad.
Al día siguiente una carroza espera a la señora Grose y a Flora a la que la señorita Giddens le pregunta si cogió la carta que escribió para el tío, aunque la mujer le dice que no, y que desapareció del lugar en que la dejó, y enseguida piensa en Miles, que salió esa mañana muy temprano y que no está allí para despedirlas.
Parte la señora Grose con Flora muy seria, que ni se gira para despedirse.
La señorita Giddens espera luego en la casa y recoge la muñeca que dejó olvidada la niña, y llora al recordarla.
Prepara un té con el que recibe a Miles al que le gusta que vayan a tomar té como los mayores y ella le dice que van a hablar como adultos.
Él le dice que se siente como el señor de la casa y pregunta por los criados, y ella le dice que no están ante lo que él le pregunta si los echó ella o huyeron asustados, pues ve que ella tiene miedo y tal vez se lo contagió a ellos.
Le pregunta de qué cree que tiene miedo y él dice que no lo sabe, pero que hay un hombre en la casa, él, que la protegerá y le asegura que será divertido tener toda la casa para ellos, aunque ella le responde que todavía están "los otros".
Él ignora sus palabras y le pregunta si lo de Flora es grave y fue al hospital, a lo que ella le aclara que solo fue a Londres, pues esa casa la intranquiliza.
Miles asegura que sabe lo que piensa Flora antes que ella misma y que ama esa casa y era feliz allí como él, aprovechando ella para preguntarle si en realidad es feliz.
No le responde. Ve cómo se levanta y se marcha hacia el invernadero, donde encuentra a Rupert, la tortuga de Flora.
Le pregunta a la institutriz por qué quería quedarse a solas con él y ella le dice que cree que lo sabe muy bien, aunque él pregunta qué desea que sepa.
Le pregunta por qué salió al jardín la otra noche a lo que él le responde que ya se lo dijo y no sabe por qué sigue preguntando si todas las respuestas son mentira.
Ella insiste en que le diga la verdadera razón levantando la voz y él le responde muy tranquilo que no grite ni se enfade, pues se vuelve fea y cruel.
Ella le asegura que no es cruel. Que su padre le enseñó a querer y ayudar a la gente pese a que rechacen su ayuda, y aunque a veces les duela, ella está allí para ayudarle, pues hiciera lo que hiciera, no cree que sea culpa suya, aunque él asegura que no ha hecho nada.
Ella le pregunta por qué le expulsaron del colegio, a lo que le responde que debe ser porque es diferente, lo que ella niega, aunque él le replica que si de verdad pensara que no es cierto no tendrían esas charlas. Que sabe que no es como los demás y por eso ella tiene miedo.
Ella le dice que tiene miedo por él y le pregunta por qué cogió su carta, y él le dice que la cogió para ver qué decía de ellos y vio que daba las gracias a su tío por confiar en ella y se disculpaba por pedirle que fuera. Pero no leyó más, pues escuchó pasos y la tiró al fuego.
La señorita Giddens le pregunta si cogió otras cosas en el colegio, a lo que le responde que no es un ladrón y que lo expulsaron por decir cosas y ella le pregunta qué cosas.
Reconoce que a veces hacía daño y a veces, de noche, cuando todo estaba oscuro gritaban y los maestros lo oyeron y decían que asustaba a los otros niños.
Le pregunta cuándo vio y oyó esas cosas por primera vez, y dice que se las inventaba, y le pregunta quién se las enseñó y él asegura que le venían a la cabeza, pero asegura que no volverá a hacerlo mientras ella insiste en preguntar quién se las enseñó.
Él dice que no lo engaña y sabe por qué insiste. Que lo hace porque tiene miedo de volverse loca, pues le tiene miedo y por eso insiste y quiere que mienta.
Ve a través de la ventana del invernadero, empañada, el rosto de Quint tras el niño y se asusta mientras Miles le asegura que a él no va a asustarlo como a Flora y que no puede contarle esas mentiras a su tío, pues no la creerá y le dirá que es una sucia ramera y que nunca les engañó y siempre lo supieron.
Mientras el niño dice esas palabras, Quint sonríe tras el cristal y también Miles se ríe y lo hacen Quint y él a la vez, y a carcajadas.
Lanza luego a la tortuga contra un cristal antes de salir corriendo y la señorita Giddens sale tras él, que en su carrera tropieza y se cae.
Cuando llega junto a él, le pide perdón y lo abraza mientras él dice que no quería.
Ella le dice que no era él. Que esa voz y esas palabras no eran suyas.
Ella le pide que diga el nombre del hombre que le enseñó y al que ha estado viendo todo se olvidará, aunque Miles le dice que se equivoca y que está loca.
Ella insiste en que le diga su nombre y el niño le dice que está muerto.
Pero ella lo ve entre las estatuas del jardín y le dice que está allí, aunque el niño repite que está muerto, aunque ella lo gira hacia él y le dice que está allí y debe decir su nombre, y el niño grita finalmente su nombre: "¡Quint. Peter Quint!" y pregunta "dónde estás, demonio", para inmediatamente después perder el conocimiento.
Ella lo recoge aliviada y le dice que Quint se ha ido y que es libre, aunque se da cuenta entonces de que el niño ha muerto y grita su nombre.
Besa luego sus labios y se deja caer junto a Miles.