Los Tortuga
España / Chile (2024) *
Género: Cine social
Duración: 109 min.
Música:Paloma Peñarrubia
Fotografía: Diego Cabezas
Guion: Belén Funes, Marçal Cebrian
Dirección: Belén Funes
Intérpretes: Antonia Zegers (Delia), Elvira Lara (Anabel), Mamen Camacho (Inés), Pedro Romero (Israel), Lorena Aceituno (Rocío), Pedro Castellano (Custodio), Mercedes Toledano (Inma), Sergio Yerpes (Rafa), Juan José Ruiz (Juanjo), Noa González (Alba), Bianca Kovacs (Iuliana).
Un grupo de personas trabaja en la recogida de la oliva.
A la hora de comer llega un hombre con un recipiente lleno del primer aceite recién molido de la temporada y en el que todos mojan pan.
Anabel, una joven, se moja las manos en el aceite y se las pasa a la abuela por la cara.
Se va luego con varios amigos a una casa abandonada donde fuman porros.
Les dice a sus amigos que su madre no quiere estar allí, que odia la naturaleza y por eso se fue y su padre se fue por ella a Barcelona.
Pero una de sus acompañantes, su prima, le dice que no fue exactamente así. Que su padre se fue en realidad porque se peleó con la abuela.
Encuentra luego en el coche un jersey de su padre y tras olerlo se lo pone.
Un poco más tarde llega Delia, su madre para pasar la Navidad, conduciendo el taxi con el que trabaja en Barcelona.
Anabel estudia Comunicación Audiovisual y retomará las clases tras las fiestas.
Esa noche cenan en familia, brindan y cantan.
Van al día siguiente hasta el cementerio y allí Anabel deja un bote con el primer aceite del año y un dibujo en la tumba de su padre y encienden unas velas y se corta la coleta, momento en que su madre se pone furiosa sin entender que lo hiciera, por lo que reacciona quitando y tirando cosas de los pequeños altares y apagando las velas, mientras tratan de pararla. Y ven cómo se marcha enfadada.
Pero en su marcha se hace una herida en la rodilla que le cura su cuñada Inés en una de las habitaciones del hostal, en cuyas paredes ve fotos de emigrantes cargados de maletas, e Inés le cuenta que los llamaban "los tortuga". Personas que emigraban a Cataluña huyendo del hambre y cargados con todas sus cosas.
Inés le pide que se quede un poco más, pero Delia le dice que tiene que trabajar.
Inés le confiesa que el hostal es una ruina, pese a lo cual pregunta a Delia si necesitan dinero, a lo que le responde que no.
Inés dice que hará por ella lo que necesite, aunque solo le pide que no adoctrinen a su hija con su psicomagia, a lo que Inés le responde que a ella le gusta y le ayuda a estar con su hermano muerto.
Inés le dice además que las echa mucho de menos y no la llaman nunca y cuando las llama ella no le cogen el teléfono, a lo que Delia le responde que no quiere que la llame, pues odia el teléfono, aunque Inés le dice que no va a volver a llamarla para contarle que encontraron a su hermano muerto.
Antes de marcharse Rocío le arregla el pelo tras el corte que se hizo el día anterior y luego se despiden de todos los primos, amigos y familiares.
Llegan de regreso a Barcelona.
Delia la lleva un día a clase antes de ir a trabajar.
Hace prácticas de rodaje en el plató, feliz.
Luego, en la casa, reciben una videollamada de Mateo, hermano de Delia.
Le cuenta que su madre está muy mal. Olvida las cosas e incluso un día la encontró en el armario, pero justo ese día le dijo que era el cumpleaños de Julián y que tenían que llamarlo para felicitarlo, aunque Delia le dice que no es ese día y Mateo le dice que ya no sabe qué decirle y que deberían contarle la verdad, pues será también bueno para ella, pues se la ve muy sola y su madre debe conocer el dolor de su hija y decide terminar la llamada.
Anabel le dice entonces que sí es ese día el cumpleaños de su padre.
Delia sale luego a trabajar.
Un día la lleva hasta una nave abandonada donde Anabel graba un corto con sus compañeros, "La despedida", con pocos medios, debiendo utilizar para los travelling un carro de la compra.
Su madre lo observa contenta y se marcha sin esperarla, pues ellas harán luego la fiesta de fin de rodaje.
Llega por ello tarde a casa, cuando su madre, con la que duerme, está ya dormida.
La despierta y le muestra sus pendientes nuevos y algo que abulta mucho y que le dice es un regalo de Reyes Magos y ve que se trata de una lámpara.
Delia le pide que la devuelva, pues será muy cara.
La colocan al día siguiente, y mientras lo hacen ven que llega la cartera con una carta certificada, que ven que es de la inmobiliaria, y que llega una también para el resto de los vecinos. en que les informan que vendieron el edificio y deben abandonar su casa.
Anabel sale con sus amigas y van a la discoteca, donde toman pastillas.
Regresan tarde ella y su amiga Alba y se acuestan juntas en la cama de la madre de ella, que les dice que son las 4 y media de la tarde y le reprocha que no la llamara en toda la noche y que se olvide de todo cuando están a punto de irse.
Le cuenta a su amiga que su padre se fue a Bucarest a buscar piso.
Delia se reúnen para cenar en un bar de las afueras con otras taxistas con las que comparten confidencias y anécdotas.
Le preguntan si ha visto algún piso y dice que en cuanto dice que es madre soltera, inmigrante y sin nómina le dicen que ni vaya a verlo.
Esa noche Delia se queda a dormir allí en el taxi como otra compañera.
Su hija le deja un mensaje que le dice que estuvo todo el día llamándola y le pide que no duerma en el taxi.
Un día, al salir, Anabel ve sellada ya la puerta de enfrente y coloca una planta para no verla tan triste y golpea todas las puertas selladas, con rabia.
Van juntas a ver un piso, pero, como en todos los otros, les piden dos nóminas y Delia carece de ellas.
Observan que en la casa, mientras se la enseñan están todavía los anteriores inquilinos y pregunta a la mujer que se lo enseña si no le da vergüenza enseñar el piso todavía con gente dentro, dos emigrantes a las que van a echar.
Le dice luego que pedirá a alguien que les cambie la cerradura de la casa por no disponer de nóminas, ante lo que Anabel le confiesa que ha dejado la universidad y ya tiene una nómina de la fábrica de galletas donde trabajaba su padre.
Su madre le dice que no debe hacer el papel de niña pobre que dejó la universidad como si sus padres no pudieran cuidar de ella.
Le pide que no se haga la víctima, pues no se lo pidió, y ella le dice que venda entonces el taxi para conseguir un piso, ante lo que acaban peleándose.
Le sugiere entonces ella que venda ella los olivos de su padre, lo que no desea hacer.
Acaba llorando.
En un descanso del trabajo escucha el mensaje de una amiga que le dice que la echan de menos.
Delia celebra su cumpleaños con sus compañeras y con su hija en uno de los bares a los que suelen acudir y le regalan un spray pimienta para que puede defenderse y dice que lleva más tiempo en Cataluña que en Chile y que esa es ya su casa y segura que estarán bien aunque la vida les diera un arañazo.
Van luego a bailar a su casa y Anabel observa cómo su madre baila más acaramelada con uno de los compañeros que le hizo un regalo aparte, y comienza a tirar cosas con rabia en la cocina.
Huele por la mañana las sábanas de su madre y luego debe recoger todos los restos de la fiesta de la noche anterior. Tirar botellas, pinchar globos y fregar.
Mientras lo hace escucha ruidos en la puerta.
Observa que varios tipos tratan de reventar la cerradura y entrar en la casa, tras colar un alambre. Y cuando logran abrir ella les cierra de un portazo y se dan cuenta de que hay alguien.
Cuando regresa Delia y ve que no está la llama y escucha el sonido del teléfono en su habitación y la encuentra finalmente en el armario empuñando un cuchillo, asustada.
Le cuenta que había unos tipos que querían entrar.
Recogen tras ello sus cosas con la ayuda de los amigos de Delia para abandonar el piso. Y Delia rescata como último objeto una foto de ella con Julián.
Regresan tras ello a Jaén.
Los recibe Inés con sus primas, aliviada al ver que están bien y que les pregunta cómo se quedaron ellas solas en el edificio.
Su marido y el resto de los hombres se fueron a Francia para trabajar en la recogida de la manzana.
Reciben tras ello a un amigo que les ayudará con la venta del olivar del padre, al que le entregan el testamento.
Le cuenta que dejó la carrera, pero que si vende eso podrá volver.
Tienen 200 olivos, aunque uno de ellos está malo, el olivo bajo el que está enterrado su padre.
Van a ver el olivar y el que está malo deben arrancarlo para poder vender los demás, pues la enfermedad se transmite.
Antes de que lo arranquen Inés quita una foto que había puesto en el árbol.
Una vez en el coche, Inés pide a Delia que le enseñe la mano y le coloca la foto de Julián.
Baja del coche perturbada.
En casa, Anabel vuelve a poner aceite sobre la cara de su abuela mientras en televisión trasmiten las protestas de los agricultores por el precio del aceite.
Observan cómo la abuela antes de irse a dormir coloca un baso de agua y comida junto a una foto de Julián que tienen como un pequeño altar con una vela y junto a una virgen.
Delia hace una videollamada para hablar con su hermano, y esta vez puede ver a su madre y le cuenta que está en Jaén en el sur de España.
La mujer le pregunta por Julián y ella simula que salió y no le cuenta nada.
Al día siguiente ven cómo arrancan el olivo enfermo bajo el que reposa su padre.
Cuando sacan el tronco Anabel recoge pedazos de tierra del agujero y los echa en una bolsa.
Ve a sus sobrinas pequeñas jugando con un muñeco y Delia juega con ellas, que ríen y se divierten con ella.
Cuando le preguntan cómo se llama el bebé le dicen que se llama Julián como el tío que se murió.
Con el muñeco en brazos, se lo entrega a las sobrinas y les pide que lo cuiden para que no le pase nada.
Luego arranca a llorar y le dice a Anabel que se le murió el Julián y ella dice que a ella también y se sonríen mientras lloran a la vez juntas.