Te cuento la película

La habitación de al lado

The Room Next Door (2024) * España / USA / Francia

Género: Drama

Duración: 106 min.

Música:Alberto Iglesias

Fotografía: Eduard Grau

Guion: Pedro Almodóvar (Novela: Sigrid Nunez)

Dirección: Pedro Almodóvar

Intérpretes: Julianne Moore (Ingrid), Tilda Swinton (Martha Hount / Michelle), John Turturro (Damian Cunningham), Alessandro Nivola (Policía), Juan Diego Botto (Fotógrafo), Raúl Arévalo (Bernardo), Melina Matthews (Sarah), Vicky Luengo (Esposa de Fred), Alex Høgh Andersen (Fred).

Ingrid firma su último libro, en cuyo prólogo dice que lo hizo para entender y aceptar la muerte, que le es antinatural.

Aunque ya se pasó la hora de la firma, ella dice que queda todavía mucha gente y que se quedará hasta que pasen todos.

Entre todos ellos aparece una amiga suya, Stella, que le cuenta que ahora vive en Boston, pero regresó para ver a su hijo y para visitar a Martha Hunt en el hospital.

Se entera así de que Martha padece un cáncer terminal y que está en el Manhattan Memorial.

Acude al día siguiente al hospital para visitar a Martha, que se alegra mucho de verla.

Ingrid le dice que ignoraba que estaba enferma.

Le cuenta que tiene cáncer de cérvix en estado 3 y que no la van a operar, pero la están tratando y le están aplicando un tratamiento experimental y los médicos dicen que está yendo mejor de lo que esperaban, aunque su estado varía entre la euforia y la desesperación, pues después de aceptar y prepararse para el final, asegura que la supervivencia es casi una decepción pues estaba preparada para irse e incluso pensó en no someterse al tratamiento.

Ingrid le dice que ha vivido guerras peores, y ella le responde que vive con ellas a diario.

Reconocen ambas que estuvieron a punto de llamarse muchas veces y no lo hicieron, sobre todo porque Ingrid estuvo viviendo durante un tiempo en París, pero ahora, le asegura, la irá a visitar tan a menudo que se va a aburrir de ella.

En su siguiente visita hablan de Michelle, la hija de Martha. Esta le cuenta que cuando le dijo que no pensaba someterse a otro tratamiento le respondió con un frío "Es tu elección", como si no tuviese importancia.

Michelle es agente de músicos clásicos y asegura que no la siente como hija suya pues nunca le interesó como madre.

La tuvo de adolescente y cuando ella e Ingrid empezaron a trabajar en la revista lo hacían sobre todo de noche y luego, como reportera de guerra viajaba continuamente, y por ello nunca fue lo que se espera de una madre, aunque cree que Michelle empezó a odiarla antes de todo aquello, cuando era solo una niña, pues no soportaba la idea de no tener padre como las demás niñas y ella quería saber todo sobre el suyo.

Al principio le dijo que no sabía quién era, aunque le mintió. Era Fred, un guapo muchacho del instituto con el que salió varios meses hasta que lo movilizaron y se fue a combatir al final de la guerra de Vietnam, y que, cuando volvió un año después era otra persona, y, aunque ella trataba de animarlo, él decía que llevaba la guerra dentro de la cabeza y que tenía alucinaciones a diario.

Se pasaba casi todo el día drogado y no quería quedarse allí, por lo que ella le dijo que era libre de hacer lo que pensara que iba a ser mejor para él.

Él le preguntó entonces si podía besarla y acabaron haciendo el amor.

Michelle empezó a preguntar por él desde que aprendió a hablar.

Era solo una adolescente y citó una tarde a Fred para informarle, pero él había hecho un cursillo de primeros auxilios y le contrataron en un hospital en San Diego, y ella le dio libertad para marcharse, pues sus padres la apoyaban, por lo que no lo necesitaba.

Fred quería ayudar a otros y se fue antes de que naciera Michelle y nunca llamó para preguntar por ella.

Cuando tenía 12 años, y ante la insistencia de su hija preguntó a uno de sus viejos amigos que le contó que se había casado y había muerto hacía poco.

Llamó a su mujer para saber qué había pasado.

Le contó que regresaban a casa después de un viaje cuando vieron una casa en llamas y él decidió salir para ayudar porque escuchaba los gritos de una mujer pidiendo auxilio, aunque ella no oía nada.

Él entró, y cuando poco después llegaron los bomberos y consiguieron sofocar el fuego lo encontraron muerto y a nadie más, pues la casa llevaba un tiempo ya abandonada.

Le contó a Michelle todos los detalles.

Un día la llamó la viuda y le pidió su dirección y le envió una carta que Michelle le había enviado en que le contaba que era la hija de Fred y que era ella la que estaba en la casa en llamas y que fue por su madre por quien murió su padre, tratando de salvarla.

Un día, Ingrid recibe una llamada de Martha. Está en su casa, pues le dieron unos días libres entre dos tratamientos y, aunque está en plena mudanza va a verla.

Le lleva unas flores y varios libros y le habla sobre su siguiente proyecto.

Le cuenta que se está documentando sobre la pintora Dora Carrington y su pasión por el escritor Lytton Strachey, que era homosexual, y ella se casó con el heterosexual que le gustaba a Strachey y tuvo la mala suerte de que hubo otra pintora con un nombre similar más famosa, la surrealista Leonora Carrington.

Hará una biografía novelada, ante lo que Martha le cuenta que ella nunca pudo inventarse nada y al ser una reportera de guerra no podía mostrar sus emociones.

Era adicta a las guerras y a la adrenalina y no todo eran tragedias, pues la vida seguía.

Dice que solo una vez añadió algo de ficción, pero no lo publicó.

Fue en la guerra de Irak, el último día antes de abandonar Bagdad.

Iba con su compañero fotógrafo y pararon para visitar a dos carmelitas, Bernardo, amigo del fotógrafo y Paco.

Ella les preguntó si pensaban quedarse en Bagdad, pues todas las ONGs y la Cruz Roja ya se habían ido ante una situación que estaba fuera de control, pero ellos le dicen que no pueden fallarles ahora, cuando más los necesitan.

Hicieron una foto a Bernardo frente a la misión destrozada, pues Paco no quiso posar para que no lo viera su familia en España.

Bernardo y el fotógrafo recuerdan que llevaban 5 años sin verse y recuerdan que estuvieron juntos en Liberia.

En el avión Martha le pregunta cómo conoció al carmelita y él le cuenta que en Sierra Leona, donde se hicieron amantes, y se encontraron más veces, siempre en lugares en guerra, y Bernardo nunca renunció al sexo. Siempre estuvo en lugares conflictivos y el sexo fue su mejor escudo y cree que el otro carmelita es su amante.

Martha escribió su historia de amor tal como se la imaginaba, pero no la publicó.

Salen a pasear y siguen hablando del proyecto de Ingrid.

Cuenta que Strachey murió de cáncer de estómago 18 años después de conocer a Dora y ella le sobrevivió solo dos meses. Se pegó un tiro en el estómago con solo 38 años.

A Martha le sorprende esa simetría. Que él tuviera un cáncer de estómago y que ella se disparara en el estómago.

Le cuenta luego que en una semana comienza un tratamiento experimental.

Hablan luego sobre Damian Cunningham, un amante que Ingrid recuerda heredó de ella y Martha reconoce que llevó mal que estuviera con ella después de dejarla, aunque Ingrid le recuerda que ellos ya lo habían dejado y que ella estaba entonces fuera.

Martha reconoce que ni siquiera le fue fiel, pero era un amante apasionado y entusiasta.

Va a verla en el hospital, ya iniciado el nuevo tratamiento y la encuentra desesperada. Le cuenta que este no funcionó y tiene metástasis en huesos e hígado y lamenta no haber seguido su decisión primera de no someterse a esa tortura con diarrea, vómitos y cansancio para poder vivir unos meses más. Quizás un año.

Y no desea hundirse en la autocompasión ni tener dolores terribles, pues estos no te permiten pensar correctamente.

Dice que se arrepiente de haber pensado tanto en su salud, pues eso hace que su corazón siga fuerte y vaya a seguir luchando y eso la hará sufrir más tiempo.

Ingrid le dice que no sabe cómo puede ayudarle.

Martha le dice que cree que merece una buena muerte sin convulsiones durante la agonía. Irse con dignidad.

Le ponen un calmante y cuando despierta ve que Ingrid sigue junto a su cama.

Ingrid le pregunta si ha pensado cómo desea pasar el tiempo y dónde.

Observan, mientras hablan, cómo fuera caen copos de nieve ce color rosa, y aunque es debido al cambio climático le gusta haber vivido para verlo y recuerda el final de "Dublineses" de Joyce en que habla de la nieve que cae lentamente sobre todos los vivos y los muertos.

Quedan un día para ir al teatro, aunque antes de entrar ella le confiesa algo.

Le dice que no piensa sufrir una agonía humillante y consiguió una pastilla para la eutanasia en la Dark Web y opiáceos para los momentos de dolor y le pide ayuda.

Le dice que se enfrentó a la muerte muchas veces, pero siempre estaba acompañada y en esta guerra tampoco quiere estar sola. Quiere que esté en la habitación de al lado.

Ingrid le pregunta si ya pensó cuándo quiere hacerlo y le responde que no exactamente, pero que será antes de un mes, pues los doctores le dieron ese tiempo antes de seguir con el tratamiento y no desea que sospechen.

Solo sabe que no desea hacerlo en casa ni volver a un sitio donde fue feliz. Prefiere hacerlo en un lugar donde no esté rodeada de cosas familiares e íntimas. Un sitio cómodo y que no esté muy lejos y no necesita su ayuda para buscar el lugar, solo a alguien que esté con ella en la habitación de al lado.

Le pregunta si no preferiría a alguien más cercano, como Stella, Vanessa o a Maggie, que son amigas desde niñas, a lo que le responde que la siente muy cercana, aunque reconoce que llamó antes a esas amigas, pero todas se negaron rotundamente y con su hija no podría hacerlo, pues han sido muy lejanas y no desea imponerle su agonía.

Dice que pase lo que pase la gente desea que sigas luchando e incluso lo ven como una oportunidad de crecer espiritualmente, pero ella ya está lista para irse.

Dudó en pedírselo a ella porque sabe por sus libros que le aterra la muerte.

Ingrid le dice que la comprende y la apoya, pues es la dueña de su vida.

Dice que solo necesita que la acompañe como si estuvieran de vacaciones, pues solo necesita saber que hay alguien en la habitación de al lado.

Ingrid le dice que no cree que sea tan fuerte, pero que lo pensará, pues está aterrada.

La llama un momento después desde el taxi en el que va para decirle que se ha decidido.

Recibe a Damian en su apartamento todavía sin montar del todo.

Le cuenta que no le dijo a Martha que seguían en contacto.

Él recuerda que su relación con ella fue básicamente física, pues siempre estaba a punto de irse a alguna parte y lo hacían siempre como si fuera la última vez.

Le pregunta sobre su terror a la muerte y ella reconoce que no lo ha superado.

Martha riega las plantas por última vez mientras habla con Ingrid para decirle que ya ha encontrado el lugar ideal. Cerca de Woodstock, a dos horas de la ciudad. Una casa un poco cara que alquiló por un mes, pues es el tiempo que le dejaron para recuperar sus niveles en sangre antes de volver al tratamiento.

Le asegura que ella nunca sabrá la fecha y que ella no la decidió todavía.

Damian le dice que en dos semanas da una conferencia en Woodstock y pueden verse, aunque Ingrid le dice que no cree que pueda, pues estará todo el tiempo con ella.

Damian le advierte que debe buscar un abogado.

Salen de la ciudad hacia la casa alquilada, que está en plena naturaleza y tiene una enorme cristalera y piscina, y desde la terraza escuchan el canto de los pájaros.

Se tumba en una hamaca que hay fuera y asegura que es muy feliz.

Martha se queda en una habitación que hay arriba e Ingrid baja a una habitación del piso de abajo y pregunta a Martha si no le importa que no esté en la habitación de al lado, y le dice que no le importa, pues puede escucharla.

Pero desde esa habitación, y mientras deshace la maleta la escucha gritar.

Le cuenta que se le olvidó llevar la pastilla de la eutanasia y deben regresar enseguida, pues asegurarse de que no la perdió, pues sería muy complicado conseguir otra.

Al entrar en su casa tiene una extraña sensación, pues pensó que ya no volvería.

Recuerda que metió la pastilla en un sobre, pero no recuerda dónde lo puso, por lo que, mientras ella la busca en la cocina, Ingrid lo hace en su despacho, donde finalmente encuentra un sobre donde escribió "Good Bye".

Mientras observa una vez más el skyline de la ciudad afirma tener la sensación de haber regresado después de morir.

Regresan a la casa alquilada y dejan la ciudad, ya de noche.

Mientras cenan, Ingrid le comenta que quizá la pérdida de la pastilla es una señal y no está tan preparada como creía y Martha le recuerda que le pidió que nunca le dijera eso, aunque Ingrid le dice que no se lo dijo, pero Martha, tras decirle que dejó la pastilla en el primer cajón de la mesilla, por si se le olvida, le pide que no hable más de ello.

Le explica luego que dejará una carta para la policía contándolo todo, incluido el nombre de la pastilla y cómo la consiguió y que su nombre no aparecerá en ninguna parte. Ella solo debe decir que no sabía nada.

Le dice que dormirá cada noche con la puerta abierta, y que el día que la encuentre cerrada significará que ya ocurrió, y entre tanto debe pensar que están de vacaciones.

Ingrid escribe que tuvo la muerte en sus manos y no creía que fuera algo tan ligero.

A la mañana siguiente ve que la puerta está abierta y respira aliviada.

Encuentra a Martha preparando el desayuno y se excusa por su comportamiento del día anterior y dice que tiene tranquilizantes y si los necesita puede cogerlos.

Martha se relaja en la tumbona e Ingrid le dice que irá a hacer la compra y que encontró un gimnasio donde podrá hacer ejercicio

En el gimnasio le ponen un entrenador personal al que dice que cuando estás en forma la agonía es más larga y el cuerpo sigue luchando y le cuenta que vive con una amiga que se está muriendo.

El entrenador le dice que le daría un abrazo, pero no pueden tocar a los clientes y es difícil corregir posturas solo con palabras, a lo que Ingrid le responde que viven en un mundo deshumanizado y le dice que se siente abrazada.

Al día van a una librería y mientras ojean los libros Martha le cuenta que la guerra que a ella le marcó fue la de Bosnia.

Ve entonces un cartel en que anuncian la charla que va a ir a dar a la ciudad Damian y le dice a Ingrid que a veces piensa en Damian y que el sexo es la mejor manera de luchar contra la idea de la muerte, como le pasaba a los carmelitas.

Y le cuenta que las guerras la convirtieron en una mujer promiscua.

Le pregunta si sigue en contacto con él y debe reconocer que a veces lo ve.

Martha trata de escribir, pero dice que no puede hacerlo y que ni siquiera puede leer, pues no logra concentrarse, que todos los placeres se han reducido y tiene muy poco tiempo y no quiere desperdiciarlo.

Le pregunta por la música, pero dice que la perturba en lo que está haciendo. Que solo puede escuchar los cantos de los pájaros y descansar y estar tranquila, y hablar cuando la invaden los recuerdos.

Una noche sube la escalera sin esperar al amanecer y ve la puerta cerrada, por lo que sale corriendo a la cocina cono náuseas y horrorizada.

Se toma uno de los ansiolíticos que le dijo que guardaba su amiga y sale a la terraza, de madrugada y escucha los pájaros y llora amargamente sobre la tumbona.

Aparece entonces Martha, que la encuentra allí llorando y le pregunta qué le ocurre.

Le dice que estaba cerrada la puerta, y Martha le dice que debió cerrarla el aire, y no puede entender que Ingrid se enfade por el hecho de que siga viva y le pide que se lo tome como un ensayo, pues sabe cómo va a ser y cómo se sentirá.

Que tendrá que hacer llamadas y fingir todo lo que hablaron.

Ven luego juntas "Siete ocasiones" y ríen contentas y luego "Dublineses" y se les hace de día viéndola, e Ingrid celebra que su amiga sigue viva un día más.

Salen luego a pasear por el bosque, pero Martha dice que es más duro de lo que esperaba y necesita sentarse durante un rato bajo los árboles e incluso tumbarse.

Le cuenta a Ingrid que antes de ir cambió su testamento, y aunque Ingrid le dice que no quiere hablar sobre ello, le dice que la casa y todo lo que hay en ella serán para Michelle y para ella.

Ingrid le cuenta que cuando fueron a buscar la pastilla encontró sus diarios de guerra en su despacho y le pregunta si puede leerlos y contar su historia, a lo que le responde que haga lo que quiera, pues ella ya no estará allí.

Cuando se levanta al día siguiente de madrugada ve la puerta abierta y sonríe. Entra en la habitación y se tumba al lado de Martha.

Por la mañana le dice que va a salir para ir al gimnasio, aunque en realidad quedó con Damian en una cafetería, y lamenta luego, cuando está con él, haberle mentido. Damian le dice que debe acostumbrarse, pues oficialmente desconoce las intenciones de Martha, y le cuenta que encontró un abogado por si lo necesita.

Él le cuenta que a la gente no le gustó que no aceptara preguntas tras su charla, pero dice que ya no le preocupe su reputación y que tiene ya poco interés por las cosas, sobre todo tras la pandemia. No va al cine ni escucha música y lee mucho, pero solo sobre temas relacionados con sus conferencias. Le interesa el sexo y echa de menos las noches en que bebían, se drogaban y se acostaban, y les quedaba tiempo para hacer lo que deseaban, y que ella siempre fue parte esencial de la fiesta hasta que se aburrió y fue a descubrir Europa.

Reconoce que en los últimos años se convirtió en un monomaniaco con el estado del planeta con el que está acabando el neoliberalismo y con el auge de la extrema derecha y ha perdido la fe en que la gente actúe correctamente.

Ingrid le dice que en unos días se encontrará a Martha muerta, pero eso no le impide disfrutar de cada minuto del día y le dice que hay muchos modos de vivir dentro de la tragedia, y aunque sufre, puede aceptarlo.

Damian le dice que la admira porque es de las pocas personas que saben sufrir sin hacer sentir culpables a los demás.

Pasean luego por un bosque cercano y él le advierte que la policía se lanzará sobre ella y escarbarán en su relación, por lo que necesita un guion mental y debe mantenerse firme y decir siempre lo mismo y llamar a la policía antes que a él, aunque ella dice que debe llamar antes a la hija.

Ella lamenta tener que pasar por esa situación cuando deberían permitir que la gente acabara con sus vidas dignamente.

Entre tanto, Martha se pintó y vistió elegantemente.

Cuando llega a casa, Ingrid ve la puerta de la habitación de Martha cerrada, y aunque no está allí, ve que dejó varias cartas, una para ella y otra para la policía.

En la suya le cuenta que ha hecho un día precioso que le pareció que era el momento de irse. Además le consolaba que no estuviera ella en la habitación de abajo aunque esa fuera la idea que tenía, pero se alegra de que mientras ella se desvanece en la tumbona, que ella esté fuera, pues así nadie podrá acusarla de complicidad y recuerda que la acompañó todo lo que un ser humano puede acompañar a otro.

Le indica que debe llamar a su hija y decirle que lo siente, y le da las gracias tras ello.

La encuentra elegantemente vestida sobre la tumbona, bajo la luz del sol.

Es interrogada por la policía y le cuenta cómo sucedió todo. Que el día anterior cenaron y después vieron una película de Buster Keaton.

El policía que la interroga le preguntan si no notó nada que le hiciera sospechar.

Le explica que fue a comer con un amigo y cuando volvió la llamó, y como no contestaba fue a su habitación y como tampoco estaba allí salió al jardín y la vio y pensó que se había dormido en la tumbona, pero al ver que no respondía se puso muy nerviosa y llamó a una ambulancia, pero ya no había nada que hacer.

El policía le cuenta que utilizó una píldora que no se compra por casualidad salvo que uno planee suicidarse y le pregunta si ella no sabía que la tenía, a lo que responde que sabía que tomaba opioides para el dolor, parches y píldoras, pero no le dio los detalles de su tratamiento.

Insiste en que las pastillas no se compran en la farmacia y en preguntarle si no le contó nada, pues cree que cuando alquiló la casa ya había decidido lo que iba a hacer a lo que ella le responde que es probable, pero que no se lo dijo. Que estaba agotada después del último tratamiento y dijo que quería descansar antes de la siguiente ronda de quimio, y a veces se quejaba, pues había perdido capacidad de atención y no podía leer ni escribir y su vida se había reducido a sobrevivir y deseaba disfrutar de unas vacaciones antes de volver al hospital.

El policía le cuenta que hablaron con personas cercanas a Martha y en general todas coinciden con su testimonio, pero Stella Byrne les dijo que al terminar la quimioterapia Martha le propuso que la acompañara a una casa en el campo donde pensaba suicidarse para que estuviera en la habitación de al lado y ella se negó.

Ingrid le dice que ella no estaba en la habitación de al lado, sino en el piso de abajo.

Ingrid dice que lo que hizo fue eutanasia, aunque el policía le dice que su amiga cometió un delito y que como policía y hombre de fe él se opone radicalmente a que nadie cometa un delito o ayude a cometerlo.

Ingrid decide llamar a Damian y le dice al policía que no dirá nada más y que si está detenida le diga de qué se le acusa, y si no está acusada, esperará fuera a su abogado y el policía le hace ver que es muy previsora por pensar que necesitaría a un abogado y que cree que miente y que no se negaría si le pidiese ayuda una amiga para suicidarse.

Llega Damian con Shara, la abogada y se queja de que la hayan tratado como una asesina pese a que cuando ocurrió todo estaba con Damian.

Entra sola la abogada para hablar con el policía y sale muy enfadada por el trato del policía que es un fanático religioso, aunque asegura que no volverá a molestarla y pondrá una queja.

Recibe tras ello una llamada de Michelle, que desea ir, por lo que le envía la dirección.

Se despide de Damian.

Se queda sorprendida cuando llega a la casa y ve a una mujer que parece el vivo retrato de Martha aunque mucho más joven.

La abraza y entran en la casa y le muestra la habitación de su madre.

Toman luego café y Michelle le pregunta si le habló de ella, a lo que le responde que sí. Que le contó que llevaba muy mal no haber conocido a su padre.

Michelle le dice que cree que debió ayudarle al volver de la guerra, y ella le dice que le ayudó como pudo, pues regresó muy dañado y quería vivir en otra ciudad una nueva vida y ellas no entraban en sus planes.

Ella aceptó la ruptura y lo besó para tranquilizarlo y ese beso se convirtió en algo más y ella es el fruto de ese momento, aunque Michelle dice que nunca se lo contó y que pudo hacerlo cuando ya era adulta, aunque Ingrid le dice que no lo hizo porque estaban tan alejadas que no le pareció posible.

Le dice que cuando se quedó embarazada era una adolescente y tenía una vida que vivir y su padre se mudó a San Diego y nunca intentó conocerla.

Le pregunta a Ingrid si cree que se equivocó con su madre. Le responde que fue injusta, pero es normal que quisiera saber quién era su padre y es una historia muy triste y dolorosa para las dos y le pide que no sea dura consigo misma, pues Martha tampoco fue la madre perfecta.

Michelle le pregunta si puede quedarse allí esa noche.

Esa noche se queda escribiendo una carta para Martha en que le cuenta que volvió a la casa del bosque a recoger sus cosas y su hija fue a verla y asegura que todavía tiembla de la emoción, pues es igual que ella y le pidió quedarse a dormir en su cama.

Cree que su muerte la acercó a ella.

Le dice que la casa está llena de ella.

Que cuando volvió, tras hablar con la policía, lo primero que vio fue la puerta de su habitación abierta y pensó que estaba viva.

Mientras escribe ve que Michelle se levanta y va a la hamaca en que murió su madre y ella se sienta a su lado

Michelle le dice que salió a escuchar a los pájaros e Ingrid le cuenta que su madre también se levantaba al amanecer y se tumbaba allí mismo.

Comienza a nevar e Ingrid recita el final de "Dublineses", como unos días antes lo hizo Martha, un poco modificada en que dice, "Cae la nieve en la solitaria piscina que nunca usamos. En el bosque donde paseamos y tú te tumbaste exhausta en el suelo. Cae sobre tu hija y sobre mí. Sobre todos los vivos y los muertos."

Calificación: 3