La escapada
Il sorpasso (1962) Italia
También conocida como:
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"Il sorpasso" (Argentina, Ecuador, México, Uruguay)
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"La vida fácil" (Colombia)
Duración: 105 min.
Música: Riz Ortolani
Fotografía: Alfio Contini
Guion: Dino Risi, Ettore Scola, Ruggero Maccari
Dirección: Dino Risi
Intérpretes: Vittorio Gassman (Bruno Cortona), Jean-Louis Trintignant (Roberto Mariani), Catherine Spaak (Lilli Cortona), Claudio Gora (Danilo Borelli / "Bibi"), Luigi Zerbinati (Commendatore), Franca Polesello (Mujer del comendador), Luciana Angiolillo (Gianna), Linda Sini (Tía Lidia), Nando Angelini (Amedeo).
Bruno Cortona conduce su descapotable a toda velocidad por una Roma, medio desierta debido a que es Ferragosto y donde no hay nada abierto desde donde pueda hacer una llamada.
Para para beber de una fuente pública desde donde repara en que un hombre le observa desde la ventana de su piso y le pregunta si tiene teléfono, pues está todo cerrado y necesita contactar con Marcella, a la que le pide que le diga que ya va.
El hombre, Roberto Mariani le pide que suba él, pues ni siquiera sabe su nombre.
Sube y se presenta y le pide a Roberto que vigile el coche.
Llama, pero ya no le contestan y lamenta haberse ido de Amalfi y además tuvo que cambiar las bujías, por lo que está sucio, y Roberto le ofrece que pase a lavarse.
Roberto es estudiante de Derecho de cuarto, y que le cuenta que vive solo, trata de estudiar mientras se lava Bruno, pero no para de silbar y no se lo permite.
Bruno se despide lamentando tener que pasar el Ferragosto con su madre, aunque, antes de marcharse vuelve a llamar y le dice a Roberto que por ese día puede salir, pues es festivo y le invitará a tomar algo si encuentran algún bar abierto.
Casi lo arrastra y lo lleva a toda velocidad por la ciudad yendo incluso por dirección prohibida, y cuando trata de detenerle la policía, él le asegura que no debe pararse, pues si no se lo comunican oralmente la multa no es válida.
Lo lleva a un restaurante que dice es de un amigo suyo cerca de San Pedro y en la luna del coche lleva un cartel que pone "Camera deputati".
Roberto trata de buscar alguna excusa para no comer con él, aunque no se atreve a decírselo, pero como todos los demás, el restaurante está cerrado, por lo que decide salir de la ciudad y avanza adelantando a todos los coches de forma temeraria, por lo que Roberto piensa que está en manos de un loco.
Mientras escuchan la música de Modugno se fijan en otro descapotable en el que van otras dos chicas, y las dejan que les adelanten para luego perseguirlas, tras ver que ellas también les hacen ojitos.
Las pierden debido a que les detienen unos sacerdotes que les preguntan si tienen un gato, pues pincharon, aunque los sacerdotes les hablan en latín.
Pero Bruno asegura que tiene olfato para las mujeres y acierta al tomar un desvío, pues el coche de las chicas está allí y observan que, tal como se imaginó Bruno, pues miran su documentación.
Pero cuando ven que fueron a un cementerio deciden marcharse. Ellas no entienden que las persiguieran 10 kilómetros para irse.
Lo lleva hasta Civitavecchia, aunque paran al ver que hubo el accidente de un camión cargado de neveras y pide al conductor que le dé el teléfono de su jefe, pues él puede colocar la mercancía pese a que esté dañada.
Pero aprovechando que están allí, un policía le entrega una multa por exceso de velocidad y por adelantamiento indebido, tal como lo captó un helicóptero.
Pese a ello sigue yendo a toda velocidad y adelantando pese a no haber carril para ello.
Paran en una gasolinera y le pide a Roberto 3.000 liras para pagar.
Bruno no entiende que estudie Derecho, algo que lleva cientos de años sin cambios, y él mismo se pregunta si en realidad no se estará equivocando con sus estudios.
Bruno está deseando fumar, pero la máquina de venta de cigarrillos está rota.
Roberto se queda encerrado en el baño porque se le rompe la manija, y, cuando después de un rato va a buscarlo Bruno observa que se formó cola en la puerta, en la que hay incluso un ministro, y deben ayudarle a abrir, y Bruno se ríe de que le diera vergüenza avisar.
Ven a un hombre haciendo autostop y paran. Aunque cuando el hombre va a subir arranca, lo que Roberto le recrimina, ante lo que Bruno decide regresar y cogerlo.
El hombre, que va fumando un puro, pide a Bruno que vaya más deprisa, y entre la velocidad y el puro, Roberto se marea y deben parar para que vomite.
Llegan finalmente a un restaurante y aparca en un lugar prohibido, pero para que no le multen coloca la multa del vehículo de al lado en su coche.
En el restaurante le pregunta a Roberto si tiene novia, y él dice que hay una chica que le gusta, y Bruno adivina que vive en el edificio de enfrente porque lo vio cómo miraba y él le muestra una fotografía que le hizo a la chica a escondidas, aunque solo habló con ella, Valeria, una vez en la universidad, y Bruno dice que debe hablarle cada día.
Roberto se mancha con la comida y Bruno pide talco, antes de que se seque, y aprovecha para preguntar si tienen habitaciones para poder luego echarse una siesta.
Le explica a Roberto que subirá a la habitación y pedirá una botella de agua, y cuando llegue la camarera se acostará con ella y luego en media hora se irán.
Mientras Bruno va a la habitación Roberto pide a la encargada del restaurante que diga a su amigo que va a ver a unos parientes y que ya regresa a Roma con ellos.
Va a la estación de autobuses, donde se forma un enorme revuelo porque una mujer grita que le robaron la maleta donde llevaba el dinero.
Roberto dice que vio a un tipo con una maleta, pero entonces aparece Bruno y dice que no es cierto, que solo vio un paquete y se lo lleva, y le dice que si dice que es testigo, se pasará la tarde en la comisaría
Bruno le confiesa que le fue mal con la camarera. Le clavó las uñas y se puso a gritar.
Acompaña a Roberto a Grosseto, donde dijo que iba a ver a sus familiares.
Le cuenta que pasaba allí los veranos cuando era niño y estaba enamorado de su tía Lidia, que tenía 20 años y llegó a decirle que quería casarse con ella.
Llegan a la casa de sus tíos Michele y Enrica que lo reciben encantados, aunque le reprochan que no les haya escrito en tanto tiempo.
Visita toda la casa, como hacía de niño cuando llegaba y ve a su tía Lidia, ahora una mujer ya mayor y recuerda que de niño le parecía todo más grande.
Abajo escucha cómo ríen sus tíos con las anécdotas de Bruno, que les habla de su enamoramiento de Valeria y del incidente que le contó Roberto en la comida, de un día que una prostituta se ofreció para acostarse con él, y cuando él le estaba diciendo que no llevaba dinero, lo vio hablando con ella Valeria.
Ve cómo sus tíos le hablan tan cariñosamente que Roberto pensó que parecía más sobrino Bruno que él, y sus tíos le confirman lo que bruno vio enseguida, que Occhiofino, del servicio, es homosexual, y él que lo conocía no se había dado cuenta.
Reciben además la visita del primo Alfredino y de Luisita, su mujer. Él es abogado y le dice a Roberto que ha hecho bien en elegir esa carrera y escucha cómo se vanagloria de lo bien que le va, mientras Roberto está inquieto preguntándose qué trama Bruno.
Bruno está entretanto con Lidia, pintándole los ojos y haciéndola reír y le suelta el pelo que llevaba recogido.
Mientras Alfredino da un discurso, que todos menos ellos escuchan embobados, Bruno le hace ver a Roberto que Alfredo no es hijo del tío Michele, sino del administrador, sentado al lado y al que se parece más.
Finalmente Bruno dice que deben marcharse, harto de aguantar a la familia.
Le dice luego que quizá hubiera sido mejor no ir a verlos, aunque Roberto dice que no pasó nada y que los recuerdos de la infancia se distorsionan y se dice que es la época más feliz porque nadie la recuerdan como fue.
Anochece y pasan por u n pueblo donde están en fiestas y la gente baila, y ellos ríen al ver a algunos de los aldeanos bailando.
Bruno le recomienda que cuando regresen vaya a hablar con Valeria, porque si no lo hace se encontrará a la edad de él, solo, pues él tampoco ha tenido un amigo de verdad.
Decide luego ir a Castiglioncello en vez de a Roma, pues dice que allí tiene unos amigos.
Pero al llegar allí se topan con un hombre que conoce a Bruno y no entiende que no esté en Roma, pues le dio un anticipo por un trabajo y desapareció, y le dice a Roberto que debe ir con él, pues debe buscar una excusa.
De nuevo solo, Roberto decide regresa a Roma, y va por ello hasta la estación, aunque allí le informan que no sale ninguno a Roma hasta pasadas las 5 de la mañana.
Ve que llega entonces una mujer corriendo a la estación y ve que se trata de Valeria, que está en Viareggio y sale tras ella, y se dé cuenta entonces de que no es Valeria.
Ella le cuenta que esperaba a su novio, pero no fue.
Roberto entabla conversación con ella y le pregunta si va allí cada año y que de dónde es, a lo que le responde que de Turín y le pregunta entonces si ella también, pues recordó que poco antes Bruno le contó que vio a una en la carretera a la que se le había estropeado el radiador y la ayudó y acabaron en la cama.
Pero cuando llega el hermano de Clara, la chica, se despide de él y lo deja solo.
Regresa al pueblo y llega a la sala de fiesta a la que fue su amigo con el hombre de negocios, donde la gente baila y ve a Bruno bailando muy animado con otra mujer.
Se sienta solo y observa cómo Bruno baila muy acaramelado con la mujer del Comendatore, que le propone salir de allí.
Él ve cómo una bella muchacha a su lado lo mira con ojos lujuriosos.
Llegan entonces al local dos hombres muy enfadados porque poco antes los adelantó de forma temeraria Bruno y estuvieron a punto de estrellarse.
Se forma una pelea de él contra padre e hijo y sale finalmente Roberto a defenderlo mientras el Comendatore pide la cuenta. Y se marcha.
Bruno da las gracias a Roberto por ayudarlo y quedarse, aunque se queja porque le aguaron la fiesta con la rubia y se beben los restos que se dejaron allí.
Muy borrachos suben al coche, que conduce Roberto sin ver, con unas gafas de broma mientras Bruno le indica lo que debía hacer, y lo lleva hasta una casa.
Una vez allí le presenta a Gianna, que presenta como su mujer.
Le cuenta que se casaron cuando tenía 20 años, aunque un día ella lo plantó. Le decía que estaba más enamorado del coche que de ella.
Cuenta que le sigue pasando 50.000 liras al mes, y hacía 5 años que no se veían.
Le cuenta que en una ocasión ella le mandó 600.000 liras para anular el matrimonio, pero él no quiso romper el vínculo.
Le pregunta por la niña y ella le dice que ha salido y él se muestra indignado.
Mientras Bruno se baña, Roberto entretanto habla con ella, que le cuenta que cuando conoció a Bruno iba vestido con un uniforme de oficial de marina aunque no lo era.
Le asegura que no volvería con él ni loca, pero siente por él lo que una madre por un hijo desafortunado.
Poco después llega su hija, Lili y sale Bruno a recibirla.
Va con un hombre, Danilo Morelli, "Bibi", con el que salió,
Cuando Bibi se va, le pregunta dónde está el nieto, pues el hombre con el que ha ido es un abuelo, pero su hija le dice que tiene una posición sólida y con los papeles en regla y lo prefiere a los chicos de su edad.
Le cuenta que en enero se va a ir a Estados Unidos y la llevará y la matriculará en Harvard para hacer un curso de Relaciones Públicas y la empleará en su departamento de investigación y que se casarán en Navidad.
Gianna dice que es mejor casarse con un hombre de 80 que con uno de 20.
Cuando ella se va a la cama Bruno pasa a su habitación y dice que no puede dormir por lo de Lilli y comienza a acariciarle la pierna y le pregunta si sigue sola, y ella dice que está bien así.
Él recuerda que pasaron 15 años desde la última vez y trata de acostarse con ella, aunque cuando lo esquiva, él simula que solo había ido a buscar un cigarrillo.
Despierta tras ello a Roberto y le dice que se irán a dormir a otro sitio, pues no quiere que haya problemas con la anulación si saben que durmió en casa de su mujer.
Van a la playa y cogen unas hamacas y Bruno le pregunta cómo disfruta de la vida sin fumar ni beber ni saber conducir.
Roberto reconoce que no se lanza porque antes de hacerlo se hace demasiadas preguntas.
Lo despiertan al día siguiente un grupo de niños que juegan con sus pelotas en la playa.
Lo ve Gianna cuando se queda mirando a una bella chica en bikini y le pregunta dónde durmieron y él le dice que en una pensión. Ella le dice que tuvieron mucha suerte de encontrar un sitio en el Ferragosto y le indica dónde está su amigo, que descubre que está haciendo malabares sobre sus manos y boca abajo y una chica le hace fotografías y la sigue, para descubrir que es su hija, y él disimula y le dice que la reconoció enseguida.
Salen para hacer un paseo en la lancha y Bruno hacer surf.
Bruno le dice luego a su hija que está orgulloso de ella porque es inteligente, decidida y segura, aunque ella niega ser segura y le confiesa que cuando se siente sola, piensa mucho en él.
Él le dice que su novio es formal y le irá bien y la invita a ir a pasar unos días a Roma con él para divertirse juntos, aunque luego reconoce que no sabe hacer de padre, y ella le pide que no cambie.
Le dice luego a Roberto que se irán después del baño y vuelve a pedirle dinero para gasolina.
"Bibi", el novio de Lilli le dice que él no es de los que se divierte con las jovencitas porque le falta tiempo, y, aunque no se enamore de él, sabe que con él no le faltará nada.
Bruno le pide prestadas 50.000 liras, aunque luego le dice que era broma.
Se sientan luego en la playa, donde Roberto es el único que no lleva bañador.
Luego, mientras todos bailan, él hace una llamada a la pensión Albatros en Viareggio y pregunta por Valeria Nisi, aunque le dicen que no está.
Bruno juega al ping-pong con Bibi, al que gana y se lleva así un dinero con el que devuelve a Roberto las 50.000 liras que le debía.
Le cuenta que llamó a Valeria, pero le dijeron que estaba en la playa y Bruno le propone viajar a Viareggio, aunque pararán en el camino para tomar una sopa de pescado.
Bruno conduce a toda velocidad y le pregunta a Roberto si dormirán en Viareggio, y Roberto le contesta que es mejor no hacer planes y lo anima a ir más de prisa.
Roberto le dice que ha pasado con él los dos días más felices de su vida.
Bruno se reta con otro coche en una zona de curvas y está a punto de provocar un accidente por su empeño en adelantarlo.
En ese "juego", y en una de las curvas donde no se ve nada, ve Bruno, al llegar, que hay un camión enfrente, por lo que debe dar un volantazo y el coche va hacia el precipicio.
Bruno sale despedido del coche, pero Roberto cae por el precipicio, dentro.
Unos policías que estaban cerca le preguntan a Bruno si eran parientes y él le responde que se llamaba Roberto, pero no recuerda su apellido, pues dice, se conocieron el día anterior.