La buena suerte
La buena suerte (2025) * España
Duración: 90 min.
Música: Vanessa Garde
Fotografía: Juan Carlos Gómez
Guion: Gracia Querejeta y María Ruiz (Novela: Rosa Montero)
Dirección: Gracia Querejeta
Intérpretes: Hugo Silva (Pablo Hernando), Megan Montaner (Raluca), Miguel Rellán (Felipe), Eva Ugarte (Regina), Ismael Martínez (Benito / "Urraca"), Paqui Horcajo (Jiménez), Álvaro Rico (Mauro), Josean Bengoetxea (Andueza), Bianca Kovacs (Alina), Chani Martín (Collado).
Pablo prepara una bolsa de viaje cuando suena el timbre de su casa y golpean su puerta con insistencia y escucha la voz de un joven que le pide que abra.
Unas horas más tarde viaje en el tren, y de pronto este para en un apeadero, en Alcanadre, y ve, desde su asiento, un cartel donde se anuncia la venta de una casa y decide bajar, aunque ve que la puerta no se abre y el revisor le explica que no puede bajarse allí, pues es un apeadero y solo hacen una parada técnica.
Él le dice que le acaba de llamarlo su mujer que está camino del hospital porque le dio un infarto y debe dar la vuelta, pese a lo cual le dicen que allí no se puede bajar.
Pero cuando el tren se marcha él está abajo.
Se dirige al piso con el cartel de venta y llama al teléfono del cartel para decir que quiere comprar el piso, aunque su interlocutor se cree que es una broma.
Le dice que cuesta 45000 y él le dice que se lo pagará de una vez y debe convencerlo de que no es una broma, sobre todo cuando dice que no le hace falta verlo.
En un estudio de arquitectura de Madrid Regina recibe una llamada desde Pamplona en que otra mujer le informa que Pablo no llegó en el tren y queda una hora para la conferencia y está desconectado.
Intenta localizarlo Regina, pero le cuelga.
En eses momento está en el bar del pueblo con el dueño de la casa, Benito, y frente a un abogado que les aconseja firmar un preacuerdo de venta y que en cuanto puedan vayan a la notaría para formalizarlo, aunque Pablo le dice que va a transferir el total sin necesidad de ver el piso y el abogado le insiste en que tendrá que ver si tiene cargas, sin comprender por qué tiene tanta prisa.
Regina sube al despacho de Pablo y coge de su mesa unas llaves.
Mientras hablan, informan en televisión de la detención de los dos autores del incendio que acabó con la vida de tres personas sin hogar en el barrio de Los Poblados, e indican que se trata de dos jóvenes de 17 años, y él apaga la televisión y sigue con el pago.
Regina acude a casa de Pablo, y, tras llamar insistentemente abre la puerta y revisa la casa sin encontrarlo.
En ese momento Pablo accede a su nueva casa, y mira un mensaje de su hijo Marcos en que este enciende un mechero tras rociar con gasolina a los sintecho.
Regina acude a la comisaría para denunciar la desaparición de Pablo, pues tenía que haber llegado a Pamplona el día anterior por la tarde para dar una conferencia y no bajó.
Le preguntan si tenía algún motivo para desaparecer y ella dice desconocer que exista algún motivo, aunque unos días antes estuvo en el hospital por una subida de tensión.
Le dicen que como no pasaron 24 horas no lo pueden dar oficialmente por desaparecido, aunque le piden que les dé el teléfono y la llamarán.
Pablo se ducha, aunque la presión es muy baja.
Baja a la calle y ve a una joven fregando el portal y le pregunta si es la portera, aunque ella le aclara que no hay portera. Que vive en el primero y es pintora, pero que si no friega ella no lo hace nadie, y se presenta como Raluca y le dice que la obra llega sin presión por una obra que hay en la calle.
Le pregunta si es el nuevo del segundo, pues lo oyó llegar y él le dice que sí, y es Pablo.
Va a la sucursal bancaria para cambiar libras esterlinas y le dan 1.350 euros y la empleada que le atiende le pregunta si es él quien compró el piso de Benito y le dice que si necesita una reforma conoce a alguien que le haría precio.
Va en el autobús hasta unos grandes almacenes donde compra tanto comida como utensilios y ropa, y ve en que Raluca es cajera.
Le explica que pinta, pero también que trabaja allí y lo acompaña a la sección de colchones, donde pide uno barato y coge uno con un descuento del 50% por un rasguño y lo acompaña a comprar sábanas y fundas de almohada.
Cuando regresa a casa para frente a él un coche de la guardia civil y el sargento Collado le pregunta si es Pablo Hernando.
Le pide la documentación y le dice que lo busca Regina Casas, que denunció su desaparición, ante lo que él dice que está allí por impulso, pues quiere estar solo y Collado le advierte que debe informar a Madrid de que está allí.
En efecto, Regina recibe la llamada de una inspectora que le informa que Pablo Hernando está bien y que compró un piso en Alcanadre, en La Rioja y que van a archivar la denuncia, pues está en paradero conocido, pero no desea ser molestado.
En su casa, Raluca pinta cuando llaman a la puerta, y ve que se trata de Benito, el "Urraca, que le dice que su amiguito esconde algo, pues Collado le preguntó en el cuartelillo si le vendió el piso y por cuánto, aunque ella le dice que no le importa.
Pero él le cuenta, pese a todo, que es arquitecto y está forrado, por lo que piensa que puede ser un psicópata o un violador y le advierte que tenga cuidado, pues los vio en el súper y notó que se le caía la baba, aunque ella le pide que se marche.
Pero cuando se va, busca en Internet y ve que es, en efecto, un importante arquitecto.
Mientras duerme en su nuevo colchón viene a su cabeza un sueño. El recuerdo de un momento en que encontró a su hijo Marcos descolgando un famoso cuadro, junto al que posó para las fotos del periódico que miró Raluca.
Mientras se prepara el desayuno llama a su puerta Raluca, que le dice que le puede conseguir un puesto de reponedor en el súper, ya que el día anterior dijo que se había quedado sin trabajo al comprar el colchón y es un trabajo tranquilo y no tiene que pensar.
En el trabajo, Alina, compañera de Raluca le dice que el Urraca ya le contó que Pablo es arquitecto y que se fue allí porque lo persiguen, aunque ella le dice que si de verdad tiene tanto dinero se hubiera ido a un hotelazo de cualquier lugar perdido del mundo.
Alina le dice que desde que la conoce, desde tres años antes, nunca la vio loca por un hombre y le dice que ese no es para ella, y lo sabe porque es rumana, a lo que Raluca le responde que ella también, aunque Alina le dice que de pega, no como ella, que es transilvana y bruja y cree que Pablo es un mal bicho.
En televisión informan que dos policías fueron heridos en la fuga del preso que custodiaban camino del centro penitenciario, cuando fue interceptado por dos furgonetas de alta gama, robadas a punta de pistola.
Mientras escucha a sus convecinos comentar la noticia él sale a vomitar.
El comisario Andueza habla con la agente Jiménez y le dice que Marcos Hernando, el fugado, necesitará dinero y propone vigilar a Pablo, con cámaras y escuchas.
Pablo envía un mensaje a Regina para que no informe a Marcos de dónde está.
Comienza, en efecto, a trabajar como reponedor y Alina se fija en cómo lo mira Raluca.
Un día ella sube a su casa y le ofrece dos sillas y lleva además a otro vecino, Felipe, que va en silla de ruedas y lleva oxígeno y que vive en el bajo.
Raluca ayuda a Pablo a limpiar mientras Felipe lee.
Raluca le cuenta que en las casas de acogida les enseñaban a dejarlo todo limpio, aunque Felipe le dice que ya podría haberlo limpiado él desde que vive allí.
Le cuenta que no es huérfana pues tiene padres rumanos y eran artistas y la dejaron en una casa de acogida en España cuando era solo un bebé, pero asegura que los entiende y que siempre ha estado acompañada y cree que algún día conocerá a sus padres.
Llegan a la población dos coches, con policías, que son recibidos en el cuartelillo.
El Urraca va al súper y le pregunta a Raluca por qué le dio trabajo a ese tipo y le pregunta si es que se quiere acostar con él, y como la trata de convencer tomándole la mano el siguiente hombre de la fila le pide que la suelte y le dice luego a la chica que en otra ocasión lo denuncie si se muestra tan agresivo, aunque ella le quita importancia.
Va luego al almacén y le dice a Pablo que lo invita a cenar en su casa.
Allí le muestra algunos de los cuadros y le cuenta que le dieron clase durante unos meses cuando vivía en Pamplona, pero en el pueblo no encontró ningún profesor.
Le dice que se fue a vivir allí porque si no iba a esa sucursal la echaban y añora Pamplona, pues allí tenía otro tipo de vida y amigas, pero está convencida de que acabará fuera de allí, en un sitio mejor, como Madrid.
Le pregunta por qué acabó él allí, y le cuenta que por su hijo, que murió en un accidente de tráfico y que conducía él y prefirió esconderse.
Cuando tras la cena regresa a su casa, nota que alguien estuvo allí y tocó sus papeles y su portátil y encontró tirada una toalla en el suelo.
Va al cuartelillo y se sorprenden de que denuncie que entraron en su piso por una toalla en el suelo, que le dicen que se pudo caer sola, lo que él niega, ya que la dejaba doblada exactamente por la mitad.
Pero Collado le indica que no forzaron la puerta ni le falta nada, aunque él teme que el antiguo dueño de la casa tenga una copia de las llaves, pese a lo cual Collado no lo cree y le dice que vuelva si encuentra más pruebas.
Raluca lleva a Felipe a la piscina y lo deja en el borde, donde puede mojar los pies, y él le asegura que ese es, para él, el mejor momento de todo el verano.
Pero cuando ve que también llega Pablo cambia el gesto y dice que se le acabó la fiesta.
Luego, Felipe le dice a Pablo que piensa que la gente no se divide en ricos y pobres, negros o blancos, de izquierdas o de derechas, hombres o mujeres sino entre buena y mala gente. Entre los que saben ponerse en el lugar del otro y los que solo buscan su beneficio, y piensa que Raluca es buenísima y él pasablemente bueno y le pregunta a Pablo qué es él.
Por la noche, Pablo vuelve a soñar con el momento en que vio a su hijo mirando el cuadro y le dijo que se iba a llevar el Sempere porque necesitaba dinero y él le dijo que se lo podía pedir, aunque él dice que coge lo que es suyo, pues lo compró su madre.
Se despierta y baja a ver a Felipe, al que le lleva queso.
Le pregunta si no es aburrido estar allí siempre y Felipe le dice que le gusta la rutina.
Le pregunta si ha visto algo raro últimamente, pues cree que entraron en su casa, aunque Felipe cree que en su casa apenas hay nada para robar y cree que le toma por tonto, pues lo que le preocupa es otra cosa.
Pablo le pregunta por qué le cae tan mal, a lo que le responde que porque allí no pinta nada y no es su sitio y no sabe de qué huye, pero sabe que algo trama.
Le cuenta también a él que perdió a su hijo en un accidente de tráfico y conducía él.
Un día, cuando regresa a casa ve que llega Regina, que se queja de que no respondiera a ninguno de sus múltiples mensajes y le echa en cara que se quedaron si concurso por su culpa y además lo llamó su hijo varias veces para pedirle dinero.
Lo llama cobarde y le pide que firme la cesión de su parte del estudio, aunque él le indica que no dijo que abandonara, pero que necesita tiempo.
Regina le pregunta luego si esa chica es su novia y él dice que es solo una amiga, aunque ella le dice que están juntos aunque él todavía no se diera cuenta.
Le tira luego los papeles y le pide que se los firme y se los mande.
Más tarde, en la terraza del bar toma algo con Raluca y se fija en otra pareja formada por el chico que la defendió con el Urraca en el súper, aunque Pablo no cree que sean pareja, pues él no la trata como si fuera su novia.
Raluca le pregunta si Regina es su novia o su mujer y él le cuenta que era su socia, y Raluca le dice que una socia con la que se acuesta y él le dice que eso pasó hace mucho tiempo, pero que está enfadada porque la dejó tirada con el estudio.
Le dice luego que a él no se le ha perdido nada allí ni tiene nada que ver con los de allí.
Raluca coincide en el baño del bar con la mujer de la otra mesa - Jiménez - y le pregunta si no será demasiado el pintalabios que se va a poner para gustarle a un chico, aunque ella le aconseja que se lo ponga, y si no le gusta, ya sabe a qué atenerse.
Cuando sale, él le dice que está muy guapa.
Caminan al anochecer por el pueblo y ella recuerda que en una de las casas de acogida salía un ratoncito cada noche y se sentía protegida por él.
Él le dice que se sentía acompañado por un libro que le regaló su padrino cuando tenía 7 años y que trata sobre remedios para situaciones peligrosas.
Ella le cuenta que lee libros de autoayuda.
Y mientras caminan, aparece el Urraca, borracho y le dice a ella que ha olido el dinero del arquitecto
Ella le pide que se vaya a dormir la mona y Pablo le pide que se retire, pues no quieren problemas, aunque él lo empuja mientras Raluca se aleja, y él la llama puta y Pablo lo tira al suelo, y cuando se levanta y va hacia él amenazante, Pablo lo golpea, y en ese momento aparece Collado, el sargento, que pide al Urraca que se vaya para casa si no quiere dormir en el cuartelillo.
Mientras suben hacia la casa, le pregunta qué le pasa a Urraca con ella,
Le cuenta que 2 años antes Urraca estaba igual de borracho y ella salía con un chico del pueblo de al lado. Y los encontró en el bar de Lino y de uno de sus ataques rompió un vaso contra la barra y uno de los cristales se estrelló contra su cara y desde entonces tiene una cicatriz cerca del ojo, y aunque lo denunció, pero no sirvió de nada.
Le asegura que mientras él esté allí no le hará nada, pero luego la despide en la puerta.
Un día, mientras trabajo, un chico sorprende a Pablo en el almacén con una navaja y se lo lleva afuera y le obligan a meterse en el maletero de un coche.
En el almacén, el joven que defendió a Raluca, Mauro, habla con Jiménez, su compañera, y le dice que hace 7 minutos que no ve a Pablo.
Al salir ve las marcas de unos neumáticos y pide controles en la salida del pueblo y que revisen las cámaras de seguridad.
Los tres chicos que se lo llevaron le obligan a caminar, a punta de pistola y lo llevan hasta u campo de fútbol sala y le obligan a arrodillarse.
Allí, le dicen que tiene dos días para conseguir 100.000 euros y le dejan un móvil que le piden que mantenga encendido y que no diga nada.
Pero él asegura que no les va a dar nada y uno de los muchachos le da un fuerte puñetazo y les dice que le digan a Marcos que si quiere algo que dé la cara y vuelven a golpearlo duramente.
En ese momento un perro ladra y el chico de la pistola acaba con él y le recuerda que tiene dos días para conseguir los 100.000 euros o su novia y él acabarán como el perro.
Cuando se levanta ve a un cachorro ahora solo tras haber perdido a su madre y lo coge.
Jiménez, llama a Andueza, el comisario, para contarle que se llevaron a Pablo y vieron por las cámaras que todo fue muy rápido y que en ese momento regresa a su casa con el cachorro, pero que no van a intervenir para que siga pensando que está solo.
Camina en efecto magullado por la paliza y con el cachorro en brazos.
Raluca sale al escucharlo cuando llega, y al verlo, le pregunta qué le ha pasado, y él dice que se lo contará al día siguiente, aunque ella le pide que entre, para curarlo y le pregunta si fue el Urraca, aunque él le aclara que no y que no llame a Collado.
Le cuenta que estaba en el súper y salió a tomar el aire porque estaba un poco mareado y vio a tres chicos dando una paliza a una perra y fue a por ellos y le pegaron.
Le cura las heridas y por fin, él la besa y se acuestan.
Al día siguiente va al banco para pedir los 100.000 euros que le exigen y la encargada de la sucursal le dice que es complicado conseguir tanto dinero, pues nunca le cogen el teléfono cuando ven que llaman desde esa sucursal, pero lo pide y pone que es urgente para ver si tiene suerte y llega el furgón que pasa por allí solo una vez al mes.
Cuando sale de esta, entra en la misma Mauro, el policía de incógnito.
Cuando regresa a casa le dice a Raluca que no puede seguir. Que no debe.
Jiménez llama a Andueza para informarle que pidió 100.000 euros y necesitarán refuerzos para el momento de la entrega y le mandan 6 GEOS y 2 coches más.
Pablo va al súper a comprar, pero Alina le dice que no sabe dónde está Raluca.
Le informa luego Felipe que se marchó y le asegura que ahora estará mejor tras haberlo perdido de vista.
Raluca viaja en ese momento en el autobús.
Pablo acude a la sucursal bancaria a recoger el dinero y espera luego en su casa la llamada de los que le extorsionan.
Los policías, que colocaron micrófonos y cámaras en su casa ven que lo llaman, aunque se dan cuenta de que su teléfono sigue apagado, por lo que rastrean todas las llamadas que se realizaron desde el repetidor, entre las que encuentran la de un extranjero, y ven que es un británico de Marbella que denunció el robo seis semanas antes.
Recuperan la llamada para ver que lo citaron a las 10 en la iglesia del antiguo orfanato.
Acude, en efecto hasta el lugar con una linterna y se tumba en uno de los bancos y recuerda de nuevo el momento en que Marcos se iba a llevar el cuadro y lo amenazó con llamar a la policía, ante lo que su hijo lo empujó y estuvo a punto de golpearlo antes de irse con el cuadro.
Lo sorprenden dos de los matones y les entrega el dinero y les pide que le digan a Marcos que es un mierda.
Cuando salen, su coche es interceptado por la policía, que los acorralan, mientras que Jiménez y Mauro entran en la iglesia y le piden a Pablo que los acompañe.
Le preguntan luego por qué no acudió a la policía y dice que estaba amenazado de muerte, y ellos le explican que pusieron escuchas en su casa bajo orden judicial y lo acusan de colaborar con ellos, aunque él dice que no tenía otra opción, pese a lo cual le dicen que eso es colaborar y que por eso está detenido, en calidad de investigado hasta que un juez dicte lo contrario.
Le preguntan si quería proteger a su hijo y si les diría si supiera dónde está Marcos, aunque les dice que no lo sabe.
Le dejan ir, pero debe darles un domicilio, y les da el suyo, en Madrid, y cuando sale del cuartelillo Collado sale tras él y le desea suerte.
Le pregunta luego a Felipe si sabe algo de ella y este le dice que entiende que prefiera un hijo muerto a uno como el suyo y le dice que es un desgraciado, pero eso lo pone de su lado y debe dejar que sea ella la que decida si merece la pena, y le muestra una maleta que hay a su lado.
Ve que sale entonces Raluca del bar y vuelven a acostarse.
Él reconoce que no entendió a un chico de 11 0 12 años, y que se comportó él como un adolescente y mandó a Marcos a psicólogos y psiquiatras, pero no lo acompañó a ningún sitio y creció solo y alejado de la normalidad de un chico de su edad.
Fue a buscarlo muchas veces a comisaría y está seguro que, de haber vivido su mujer, hubiera sido ella la que lo hubiera ido y él se hubiera escondido como siempre.
Pero un día llegó el horror. Vio las imágenes que grabaron y pensó que no era su hijo y que se acabó.
Vio cómo quemaban a los sintecho y asegura que hubiera preferido que cualquiera de los muertos hubiera sido él.
Sabe que acabará en la cárcel el tiempo suficiente como para que cuando salga ya no se acuerde de él y mientras tanto debe encontrar la manera de estar con él.
Sube al tren que le lleva a Madrid.
En la puerta, también en el tren, Raluca, con la maleta, se despide de Felipe y le dice que volverá a verlo, y él le dice que le escribirá cartas como las de antes y que si no es feliz con Pablo, que vuelva, pues la esperará.
Alina llega tarde para despedirse, pero ayudará a Felipe. Alina le cuenta que tenía envidia de Raluca, pero ya no, pues le deseaba que le fuera bien de verdad.
Felipe le pregunta si le gustan las piscinas, y Alina le dice que las odia, mientras se alejan juntos.