Te cuento la película

Hoy empieza todo
Hoy empieza todo

Ça commence aujourd'hui (1999) * Francia

          También conocida como:
                    - "Todo comienza hoy" (Hispanoamérica)

Duración: 117 min.

Música: Louis Sclavis

Fotografía: Alain Cloquart

Guion: Dominique Sampiero, Tiffany Tavernier, Bertrand Tavernier

Dirección: Bertrand Tavernier

Intérpretes: Philippe Torreton (Daniel Lefebvre), Maria Pitarresi (Valeria), Nadia Kaci (Samia Damouni), Véronique Ataly (Señorita Lienard), Nathalie Bécue (Cathy), Emmanuelle Bercot (Señorita Tievaux), Françoise Bette (Señorita Delacourt), Christine Citti (Señorita Baudoin), Christina Crevillén (Sophie), Lambert Marchal (Rémi).

Daniel Lefebvre, director de la escuela de educación infantil Léo Lagrange, interactúa con los pequeños de su clase, con los que canta.

Una trabajadora social, Samia Damouni visita a una mujer para ver cómo va su bebé, al que encuentra descuidado y le pregunta a la madre cuánto tiempo lleva sin llorar y esta le dice que no llora, y concluye que no puede hacerlo porque carece de fuerzas.

La madre dice que está harta de él, pues está siempre cambiándolo o dándole de comer y no tiene dinero, ante lo que la trabajadora social decide llamar al SAMUR.

Lefebvre interactúa con sus alumnos y trata de conseguir que estos se abran con él, como uno muy tímido al que le insiste para que le pida que le ate el cordón de las zapatillas, aunque el muchacho no abre la boca.

Un día, una de las profesoras, la señorita Delacourt le indica que debe ir al médico y le deja a cargo de una niña, Laetitia Henry hasta que vayan a buscarla.

Algo más tarde llega la madre de la niña y lleva además un carrito con otro bebé, y de pronto se desploma en el patio, por lo que corren a auxiliarla la mujer de la limpieza y el director, aunque poco antes de llegar a ella ve cómo la mujer echa a correr.

La limpiadora le dice que olía mucho a vino.

Meten adentro a Laetitia y al bebé, que está muy sucio y llama al teléfono de la madre, aunque el servicio telefónico le informa que ese número no está ya activo.

Pese a todo se resiste a llamar a la policía, pues no cree que una comisaría sea lugar para dos niños y no desea tampoco que hagan un informe, por lo que trata de solucionarlo buscando a algún familiar, aunque al acudir para ello a servicios sociales le dicen que no pueden darle esa información, pues es secreto profesional.

Finalmente decide llevarlos él mismo a su casa, donde ve, al llegar, que la puerta está abierta, pero que no tienen luz, y la niña enciende una linterna.

Ve que en la casa está todo por los suelos y hay restos de bebida y encuentra a la señora Henry en el sofá llorando.

Pregunta a un vecino si sabe dónde está el marido, y le dice que se fue a Bélgica a hacer un transporte y que no tienen luz desde hace meses, aunque no son los únicos, y que, cuando hace mucho frío llevan a los niños a su casa, pues ni siquiera pueden reparar los cristales rotos, y que su padre.

Cuando piensa luego sus ventanas rotas, recuerda que su propio padre, al igual que muchos de los innumerables desempleados de esa región, 30 años atrás trabajaban en las minas ahora cerradas.

Durante un acto público Samia, la trabajadora social se acerca al alcalde para protestar por los escasos recursos de que disponen, pues les quitaron una puericultora y una psicóloga, y el alcalde le dice que están en la media nacional y que dedican el 45% del presupuesto a los problemas sociales, aunque ella insiste en que una puericultora para 250 bebés es muy poco y le recuerda que ahorraron millones cerrando la planificación familiar, y que el dinero que les prometieron a cambio no llegó nunca.

Él le dice que han avanzado en la atención a la delincuencia juvenil y que enviaron educadores y bibliotecas móviles.

Lefebvre recuerda a una de las madres que no ha pagado su cuota, pero ella le asegura que no puede pagar los 30 euros trimestrales pues los necesita para acabar el mes.

El director atiende a padres, alumnos y profesores, y habla con una de las maestras a la que una madre acusó de haber tirado del pelo a su hijo, y ella debe reconocer que es un niño que se porta muy mal y molesta a toda la clase y no lo soporta, y no supo qué hacía, ante lo que él le pide que si vuelve a suceder lo diga para buscar apoyo, pues sabe que no todos los niños son buenos y que les enseñaron a ocultar los sentimientos y un día acaban explotando con el primer crío molesto y en el caso de ese se mudó 4 veces en 3 años.

En la reunión de profesores, expresan sus quejas. Desde un niño que pega los piojos sin que servicios sociales haga nada, a los baños rotos y con grifos que gotean sin que la inspección haga nada, por lo que proponen hacer un escrito a la prensa y al alcalde, aunque tienen problemas más graves. Clases muy llenas, problemas con las familias.

Tras la reunión va a un restaurante para hablar con un concejal sobre el caso de la señora Henry, a lo que le responde que no se puede hacer nada con lo de la luz, pues hubo otro caso en que llegó a intervenir incluso un diputado y no se pudo hacer nada, pero le ofrece un paquete con ropa y comida, aunque deberán recogerlo ellos, aunque Lefebvre le dice que no irá y la niña no come lo suficiente, ni puede hacerlo en la escuela, pues es muy caro para ellos, ante lo que le promete que hará una petición al ayuntamiento, pero le llevará tiempo.

Ante esto, Lefebvre decide firmar un cheque para 10 comidas por 120 francos que pide al concejal les entregue y diga que es del ayuntamiento.

Lo visita la señora Duhem, la encargada de servicios sociales que se escusa porque no le atendieran, pero están desbordados, y él se queja porque lleva tiempo hablándoles de las familias con problemas sin que hagan nada y siempre retrasan la revisión médica de los 4 años, pues siempre falta el médico o la enfermera y les dice que hasta que no soluciones los problemas no recibirá en su escuela a nadie de servicios sociales.

Todos se sorprenden al verlo de tan mal humor y creen que actuará la inspección.

La señorita Delacourt recuerda que años atrás temían más alumnos por clase, pero llegaban a su hora e iban limpios, y ahora con 30, llegan tarde y sucios y por eso les deben dar ellos cariño, pues muy pocos padres tienen trabajo y están desesperados.

Mandan a los niños a clase con 40 de fiebre y se pasan el día viendo la tele, porque así ellas están tranquilas, y deben enseñarles todo allí y algunos ni siquiera saben que pueden hablar con alguien.

Daniel acude con Valeria, su mujer a casa de los Henry y les llevan comida y una bombona de camping, y al ver en qué situación están Valeria llora.

Un día les avisan de la escuela, donde alguien entró y lo tiró y destrozó todo.

Se llevaron la televisión y la videocámara, pero los policías le dicen que es inútil buscar, pues serían los chicos del barrio y ven cómo rompe un cristal y les dice que si no hay una fractura visible el seguro no pagará nada.

Deben suspender las clases debido al suceso mientras tratan de recomponerlo todo con ayuda de algunos voluntarios.

Acude la señora Henry con su hija y con la caja de tarta que les llevaron, y dice que le guardaron un poco. Va en esta ocasión con su marido al que Daniel le pide que vaya un día al colegio para explicar su trabajo a los niños y cómo funciona un camión.

Le dicen que les llamaron del ayuntamiento, pero el marido dice que prefiere arreglárselas solo, pues si consigue trabajar 4 días le quitan el derecho al paro y tienen miedo de que les quiten a los niños, aunque él le dice que no quieren verlos para eso.

Mientras limpian se presenta Samia Damouni, pero Daniel la recibe de forma hostil y le recuerda que ya habló con la señora Duhem y le repite que no entrarán allí hasta que no hayan solucionado los problemas y le cierra la puerta.

Pero Samia insiste y no para de hacer sonar el timbre, ante lo que debe atenderla.

Le dice que sabe que le colgaron y que no es admisible, pero debe dejar de hacerse el Rambo y le dice que es puericultora y que lleva un mes allí y que son 4 empleados para más de 4.000 personas, y entre ellas 300 familias con problemas, y un solo médico por cada 5.000 niños, y por eso hacen las revisiones cuando pueden, aunque con el lío que montó logrará su revisión, pero con citación del inspector también.

Los policías consiguen detener a los muchachos que robaron la televisión y les preguntan qué van a hacer con ella, pues todos los parados tienen tele.

Comentan los policías que también están agobiados, pues les llegan montones de llamadas cada semana y la mayoría son de chicos de 12 años que no saben qué hacer y cuyos padres los ignoran.

El señor Henry va, tal como prometió a Daniel un día a la escuela y muestra a los niños cómo funciona el camión grúa que maneja.

Luego va el policía a explicarle que encontraron a los vándalos y Daniel llega muy enfadado a casa y Rémi se encierra en el baño y niega que fuera él. Dice que quería gastarle una broma, pero que él no entró.

Daniel lo abofetea y él le dice que no es su padre.

Va tras ello a ver a Valeria al bar donde trabaja para contarle que abofeteó a Rémi, pues estaba con la banda que saqueó la escuela. Que les dio la llave para gastarle una broma y le dice que lamenta no haber sabido contenerse.

La madre trata de hablar con él, aunque él se niega y le pregunta si lo hizo para arruinarles la vida y si le divierte hacerle daño a Daniel.

Él le dice que esos chicos le joden, pero es su padre quien les pega y él ni siquiera conoce al suyo y ella le reprocha que cada vez que discuten dé ese argumento fácil.

Él le pregunta cómo se llama, y ella le dice que su padre no existe ni tiene nada que ver con él, que le pregunta por qué lo folló entonces.

Ella le dice que tenía 17 años y se sentía a gusto, pero le dice que no es hijo suyo, pues cuando se enteró le pidió que abortara y no lo vio más.

Rémi acaba llorando y la abraza.

Se realiza una reunión entre directores de colegio y servicios sociales a petición del ministerio, donde habla Karine Duhem, la trabajadora social y cuenta que visita a las familias con problemas y su trabajo se ve agravado por las fricciones con algunos educadores que dice, juegan a ser trabajadores sociales.

Otro director le dice a Daniel en el baño que desde su punto de vista deben dedicarse a los alumnos de en medio, que aún se pueden salvar, pues con los otros no hay nada que hacer, aunque Daniel le dice que en su colegio todos los niños tienen dificultades y con ese método dejarían a muchos niños fuera, ignorados, y cada vez son más y necesitan ser escuchados y mirados.

Celebran el cumpleaños de Valeria con familia y amigos en el bar, y luego bailan.

Un día llevan a los niños a visitar las antiguas minas cerradas y las montañas de escoria.

Hay padres que, ya sin trabajo no ponen el despertador y les cuesta afrontar el día y, al levantarse tarde, ya no llevan a sus hijos a la escuela, y Lefebvre debe convencerles de que es importante que acudan.

Un día una profesora le avisa de que hay un niño con la espalda marcada, aunque él dice que no le pegaron. Él dice que no puede denunciarlo, pues no son muy profundas.

Otro día lo llama su madre porque su padre no puede respirar y deben llevárselo en ambulancia y se reencuentra en el hospital con su hermano, vendedor de fotocopiadoras, que le dice que debería salir de allí y trabajar con él.

Cuando le cuenta a Valeria que su padre tuvo un infarto y está en la UVI ella se muestra muy fría y le recuerda que lo mataba a palos de niño y a ella desde el principio la insultó y la rechazó a ella.

Es Rémi quien se excusa luego ante Daniel por la frialdad de su madre.

Pero luego Valeria se disculpa con él y le asegura que no volverá a decirlo.

Su madre le dice que su padre volverá en una semana y que no fue nadie a verlo al hospital, y él recuerda que hace años que él no habla con nadie, aunque su madre le recuerda que es difícil hablar con una botella de oxígeno.

Le dice a su madre que deberían dejar esa casa, ya en muy mal estado, aunque su madre le dice que su padre jamás dejará el barrio minero, pues es su vida.

Un día llega Samia le lleva los papeles a rellenar para la revisión y le indica que lo consiguió pese que lleva allí solo tres meses.

Pero llega un nuevo problema. Le dicen que no aceptan a niños sin vales para comer, y Daniel va al ayuntamiento indignado y, sin importarle que el alcalde esté reunido irrumpe en su despacho y le echa en cara que privara de comedor a dos niños.

El alcalde le dice que muchas familias abusan y pierden dinero y él le dice que son solo 20 francos, aunque el alcalde le dice que 100 veces 20 francos es mucho y que hace 5 meses que comen gratis y tienen un 34% de parados en la población y casi todo el presupuesto municipal se va en acción social.

Daniel le pregunta qué hace con los niños y le dice que se ocupen sus padres, y él le pregunta si es comunista de verdad

Debe decirle a la señora Henry que no aceptan niños sin vale y ella dice que se las arreglará, pues a su marido le acaban de pagar.

Aprovecha la mujer para mostrarle una comunicación que les llegó y que no entiende, y él le dice que es un aviso de embargo por el alquiler y que le retendrán el salario.

Él no entiende que les pongan 6.644 francos de procurador a pesar de que llevan 6 meses sin luz.

Valeria decide mostrar sus esculturas en fábricas, escuelas y barrios pobres.

Pasan la revisión médica de los pequeños y envían a los casos más graves a los especialistas.

Aprovecha para hablar con Samia de la situación de los Henry.

Daniel y su familia salen un día para pescar y Rémi consigue pescar un pez enorme y él le ayuda a sacarlo, aunque lo devuelven al agua.

Se realiza una inspección a la escuela y el inspector le observa mientras da las clases y luego le da algunos consejos para la clase y en cuanto a la dirección le indica que los padres no le piden que sea un agitador, sino un mediador y hace participar demasiado a los padres.

Está agobiado, y por eso, cuando la señora Henry va a preguntarle si sabe algo de su luz él le dice que debe ir a ver a Samia.

Luego, en casa, se muestra preocupado, pues sabe que el inspector no le aumentará la nota y no podrá ascender más que por antigüedad y con menos puntos gana menos.

Ella le dice que debe atreverse a vivir, a respirar y enfadarse, pero tiembla ante un inspector o ante su padre y no se atreve a casarse o a tener un hijo.

Por la noche ella lo rechaza, aunque él le muestra que sí quiere tener un hijo con ella.

Al día siguiente aparece muerta la señora Henry y sus hijos, y el médico indica que con el Gardenal los niños murieron en menos de 5 minutos y no sufrieron.

Daniel se siente fatal y dice que lo va a dejar todo, aunque Valeria le dice que por mucho que haga hay personas a las que no puede ayudar.

Va a verlo Samia que le recuerda que la señora Henry seguía bebiendo, pero él se culpa de no haberlo visto venir, incluso de lo del contador, y Samia le dice que tiene 20 casos así y lamenta que en la Francia de 1998 se permita que la gente se congele, aunque ella le dice que nadie se suicida por la luz, y él le dice que llevaban así 8 meses.

Ella le dice que tenía muchos más motivos, el paro, o que les amenazaran con quitarles a los niños, el embargo…, que son gente a la que habría que ir a ver 4 veces al día, algo imposible, pero le pide a Daniel que no se rinda.

La invita a cenar, pero ella dice que no puede.

Samia va a bailar a la discoteca para desfogarse.

Al día siguiente todos hablan de la muerte de los Henry en el colegio.

Echan de menos a una de las profesoras, la señora Delacourt, profesora de la niña, a la que Daniel le dice que se las arreglarán y que es mejor que se quede llorando.

De pronto les dan la noticia de que les enviarán del ayuntamiento el dinero del autobús para la excursión que habían programado.

Acuerdan que acuda un representante de cada escuela al entierro de la señora Henry y de sus hijos y Daniel se queja de que la abandonaron y ahora le organizan un entierro de primera y él dice que no irá, aunque le dicen que es inútil ponerse a mal con todos.

Pero él dice que el año siguiente él lo dejará todo.

Sigue dando clase a los pequeños mientras por la calle pasan los coches fúnebres y la comitiva.

Acude luego al cementerio donde encuentra ya solo al señor Henry junto a la tumba.

Valeria le dice que no puede seguir así, pues a Laetitia no le gustaría verlo así ni que se rindiera, ni lo querrán todos los demás y le propone llenar el patio de la escuela de colores para que no sea tan gris, con la ayuda de los niños.

Usarán para ello material reciclado. Con los cartuchos de los rotuladores gastados mojados en agua y en el gimnasio 3 toneladas de arena para hacer un desierto árabe con tiendas bereberes hechas con sábanas viejas.

Valeria se pone al frente de los niños, contentos con la nueva actividad

Ayudan a los padres de Daniel a recogerlo todo y le dice a su padre, que lleva siempre la bombona de oxígeno que se alegra de que se muden.

Valeria le hace luego un regalo, que ve que es una pluma cara, y le dice que vendió una de sus esculturas, y es para que siga escribiendo.

Un día ve en clase que el pequeño Jimmy tiene una herida en la cabeza y logra que le cuente que se lo hizo el tío.

Llaman al médico, que observa que tiene marcas por todas partes y va también Samia, y le piden que les diga a ellos lo que ya le dijo a Daniel, pero observan que tiene miedo.

Samia dice que hará un informe.

Él dice que es un año muy fuerte y le empieza a pesar, aunque el año anterior ya tuvo dos incestos, pero Samia le dice que le acaba de salvar la vida a ese niño.

Los niños mojan sus pies en la pintura y caminan luego por las viejas sábanas, y luego hacen lo mismo con las manos.

Al salir de clase se presenta el tío con la madre de Jimmy y se muestra muy violento y le dice que está seguro de que fue él quien lo denunció y la madre del niño le dice que se llevaron a Jimmy en un furgón como a los ladrones y le grita que no sabe nada de ella y le pregunta quién se lo devolverá.

Él se limita a callar hasta que se marchan y tras pasar una situación tan tensa, Valeria le dice que sabe que nunca será, trabajadora social ni profesora.

Y mientras le ayuda a cambiar la rueda, que le pincharon, él le dice que quiere casarse con ella.

Todos los profesores reciben con cariño a su vuelta a la señora Delacourt a la que prepararon un desayuno y ella se emociona.

Los niños siguen trabajando con Valeria y las mezclas.

Llena el patio lleno de botellas de agua de diferentes colores y acude la banda local y hacen una fiesta para todos los niños, a la que acude también Samia.

Una madre les muestra su agradecimiento, pues gracias a la revisión vieron que su hija era sorda de un oído.

Le preguntan si es cierto que va a dejarlos, y él dice que a veces se dicen cosas.

La señora Delacourt llevó un bonito vestido que cuelga de la percha de Laetitia, para que también esté ella en la fiesta.

Los niños, vestidos cada grupo de un color bailan al son de la banda y tienen también comidas para todos hechas por las mamás.

Luego la banda sigue tocando y baila con una niña que coge y la lleva.

La madre de Daniel le lee al marido algunas de las poesías escritas por su hijo.

En ella escribe que hay cosas que nunca destruirán. Están en la carne. Hablan, están en la tierra. Montones de piedras apiladas una a una.

Son las manos de nuestros antepasados, toda su paciencia acumulada. Resistieron la lluvia, el horizonte amontonándolas de noche para que la luz de la luna entrara en ellas. Para erguirse. Para inventar montañas y jugar al trineo y creer que alcanzas las estrellas.

Le contaremos a nuestros hijos que fue duro, pero que eran unos señores y que heredamos eso de ellos, montones de piedras, y el coraje para levantarlas.

Calificación: 7