Frontera
Frontera (2025) * España / Bélgica
Duración: 101 min.
Música: Liesa Van der Aa
Fotografía: Andreu Adam Rubiralta
Guion: Miguel Ibáñez Monroy, Gerard Giménez
Dirección: Judith Collell
Intérpretes: Miki Esparbé (Manel Grau), Maria Rodríguez Soto (Mercè), Asier Etxeandia (Teniente José Antonio Sánchez), Bruna Cusí (Juliana), Kevin Janssens (Jérôme), Jordi Sánchez (Ovidi Sabaté), Joren Seldeslachts (Rudolf Meyer), Ainet Jounou (Isabel), Jael Borrás (Josep), Pepa López (Neus), Maria Molins (Flors Sabaté), Tian Tosas (Quimet).
1943. Frontera franco-española
Un coche del ejército avanza en la noche por el bosque en medio de una fuerte tormenta cuando ven que hay movimiento a lo lejos y lanzan una bengala para poder ver a quienes tratan de aprovechar la noche y la tormenta para cruzar la frontera a través del bosque y comienzan a dispararles tras darles el alto, alcanzando a alguno.
Manel y Mercè desayunan en su casa mientras Quimet y Josep, sus hijos juegan cuando llega una niña vecina, Isabel, y observan que tiene una herida en la pierna y Mercè se la cura con una pomada.
Les propone salir a jugar, pero Josep dice que tiene que ayudar a su padre con la máquina de escribir.
El teniente Sánchez observa a los militares que hablan con el alcalde en la zona en que dieron el alto la noche anterior a los que cruzaron la frontera y se queda con el dinero que el caído llevaba en la cartera mientras despotrica contra el alcalde y los nazis.
Manel le pregunta si pasó algo, pues escucharon disparos, y le dice que serían cazadores.
Mercè hace pomadas con sus flores que entrega a Neus que le dice que podría ir con ella y venderlas en el mercado.
Y mientras hablan ven cómo corren sus vecinos y ellas van a ver también de qué se trata y ven que tras la barrera fronteriza hay un grupo de personas que desean cruzar.
Como administrador del puesto fronterizo Manel habla con ellos y les indica que necesitan un visado para poder entrar en España y tiene órdenes de no dejar a nadie.
Pero ellos le dicen, en mal español que necesitan refugio y Manel, pese a sus órdenes decide realizar una llamada para pedir instrucciones
Pero una vecina, Juliana, la madre de Isabel pasa al otro lado para darles comida y ayudarlos, y Mercè hace lo mismo y les da sus pomadas junto con Neus.
Llegan entretanto varios camiones y coches militares nazis, mientras los extranjeros insisten en pedir refugio.
Al mando de estos está Rudolf Meyer que indica que le asignaron a la aduana francesa, que le dice que en Francia no emiten visados para nadie.
Llega Ovidi Sabaté, el alcalde, que se presenta como colaborador y Meyer le dice que le habló muy bien de él el gobernador civil.
Pide tras ello que suban a los judíos al camión y mientras se los llevan Meyer invita a Manel y a Ovidi a cenar en su casa esa noche con sus esposas.
Una de las mujeres judías grita mientras se la llevan que los van a matar.
Juliana, en su bar critica que nadie haga nada y recibe al alcalde que le dice que vaya a consolar a Jérôme, aunque ella asegura no conocer a ningún Jérôme.
Cuando regresa a su casa, Ovidi le dice a Flors, su mujer que les invitó un alemán a cenar, aunque ella no parece interesada y él le dice que puede ser bueno para él.
Josep le dice a su padre que Isabel le contó que los alemanes envenenan a los judíos, pues se lo oyó decir a su madre, aunque su padre le asegura que los alemanes nunca harían eso pese a estar en guerra.
Va a buscarles para ir a la cena un coche alemán y una vez allí cenan juntos y brindan por éxito de sus pueblos.
Mercè da las gracias a Judit, la mujer que les sirve, aunque le aclaran que no los entiende y la mujer de Meyer le obliga a dar las gracias a ella, y Meyer les aclara que es judía.
Le pregunta a Manel por sus aspiraciones, aunque él dice que le gusta su trabajo, y el alemán le dice que su buen trabajo permitió mantener a raya a los judíos esa mañana.
Mercè va al servicio y escucha cómo tose la sirvienta, y le entrega a escondidas una de sus pomadas para que se la dé en el pecho.
Manel le pregunta a Meyer qué hacen con esa gente, y dice que nunca les tembló el pulso con ellos para defender al tercer Reich.
De regreso a su casa Mercè le pide que no vuelva a hacerle eso.
Intrigado por las palabras de su hijo, Manel va al bar y le dice a Juliana y dice que quiere hablar con Jérôme, pues desea ayudar, aunque ella dice que no conoce a Jérôme y él le dice que necesita saber si es cierto que los alemanes envenenan a los judíos, ante lo que le pide que se siente.
Josep desea ir a la ronda con Sánchez, que lo invitó, pero su padre no le deja porque en realidad no va con Sánchez, sino que sube él solo hasta una ermita aislada de la montaña, donde dice a Jérôme que desea echar una mano y que corra la voz de que nadie puede cruzar la frontera pidiendo asilo, pues debe entregarlos a los alemanes, aunque Jérôme le dice que eso ya lo saben todos.
Jérôme le explica que Sánchez utiliza las montañas para hacer contrabando y les dificulta pasar gente y con él podría ser mejor si lo convence para que les ayude, pues sabe que a él lo respeta, aunque Manel piensa que es mejor que no se entere.
De regreso Mercè le pregunta cómo le fue la ronda, y cuando ella le dice que sabe que no fue con él, le explica que no lo encontró.
Suena en la radio "Toda una vida" y Manel convence a su mujer para que baile con él y recuerdan los tiempos pasados en Barcelona cuando iban a asambleas del partido.
Y antes de irse a dormir le pregunta a ella si le gusta vivir allí, a lo que ella le responde que es muy tranquilo.
Habla con Sánchez y le dice que le gustaría conseguir un par de cajas de tabaco bueno, francés para la comunión del niño y le pregunta si él conoce a alguien, aunque Sánchez no se da por aludido.
Por la noche va a casa del teniente, que le dice que no pueden hacer nada por su hijo sordo en España, y que se quedó así debido a la explosión de una bomba alemana que acabó además con su hijo mayor.
Manel reconoce que en la guerra luchó como voluntario para el bando republicano, pero desertó y le ayudaron a llegar hasta allí.
Sánchez le dice que es peligroso el trajín que se traen en la ermita y él dice que lo sabe, pero que deben ayudar a escapar a los judíos para que pasaran allí el día antes de ir a Sort, desde donde les ayudarían a dejar el país.
Sánchez le pregunta qué ganaría él con eso, y le dice que a cambio los judíos llevarían su material de contrabando y no tendría que pagar a nadie.
Bastaría con que dejara de vez en cuando abierta la puerta de su despacho, pues si saben en qué rutas van a patrullar solo tienen que evitarlas.
Lo hacen así y con la ruta copiada entrega un sobre a Isabel, y Josep lo observa a escondidas. Y luego Juliana se las entrega a un pastor que las lleva hasta la ermita.
Josep observa escondido los movimientos de su padre.
Un día, mientras busca hierbas en el bosque, Neus ve que hay bajo un puente cosas que alguien se dejó allí, y entre ellas un frasco de los de Mercè y se acerca luego una mujer que tose y tiene aspecto de estar mal y, para que confíe en ella le da pan.
Va a contárselo luego a Mercè, que la acompaña hasta el puente, donde ven a Judit que respira con dificultad y tiene mucha tos, por lo que necesita un médico.
Por la noche llega un grupo de refugiados al bar de Juliana, guiados por Jérôme.
Isabel entrega una de sus chaquetas a una niña judía y la peina como ella para poder salir sin llamar la atención y van a jugar a una cabaña que construyó en el bosque.
Se topan con Ovidi y le dice que es su prima.
La madre de la niña judía le regaña, pues podrían matarlos a todos si la descubren.
Mercè y Neus regresan al puente a ver a Judit, y ven que tiene mucha fiebre.
Le muestra a Neus la foto de su familia y repite los nombres de Eva, David y Pierre.
Mercè corre a pedir ayuda a Manel. Le dice que necesitan en un médico que no la delate.
Él va a buscar a Juliana, aunque cuando llegan ven que la muchacha ya falleció.
Al ver que se relaciona con Juliana, Mercè pregunta a su marido qué está pasando y él le cuenta que está ayudando a judíos a cruzar la frontera.
Ella recuerda que le preguntó y no se lo contó y él le dice que lo que hacen es ilegal y peligroso.
Ella le recuerda que le dijo que no quería saber nada de la guerra y quería vivir tranquilo, y ella cumplió y se encerró en casa, aunque él le recuerda que ella ayudó a Judit sin decirle nada, aunque le dice que ella se la encontró, no la buscó, tras lo que le pregunta a Manel por qué los ayuda, y él le cuenta que los matan, a lo que ella le responde que es una guerra, y él le dice que no hacen nada que no hicieran ellos poco antes.
Ella le recuerda que desertó, y él dice que para salvar sus vidas.
Lr pregunta a ella si cree que los ayuda porque se siente culpable y ella le dice que no, que sabe que no tuvieron otra opción, pero no le gustó tener que hacerlo.
Él le dice que cree que ella piensa que es un cobarde, y ella le dice que creía que se habían dado por vencidos y él ayuda, pero lo hace sin ella.
Le dice que no quería ponerla en peligro, y ella le dice que le habría gustado poder escoger.
No saben que los niños escucharon ocultos todo.
Josep vigila a Juliana y decide seguirla por el bosque y ve que se dirige a la ermita.
Escucha que Juliana cuenta que encontraron a una judía cerca del pueblo que está muerta, pero escucha unos ladridos y escapa.
Mercè se alarma al no encontrar a Josep y salen a buscarlo por el campo todos los vecinos, lo que pone en peligro a los judíos, a los que no pudieron avisar.
Y entre ellos hay además un bebé que llora, por lo que temen que los descubran.
De hecho Ovidi lo escucha
Pero entonces les avisan de que encontraron a Josep, a pesar de lo cual Ovidi le pide a Sánchez que actúe, y de hecho dispara él mismo y alcanza a uno de los judíos.
Le preguntan al niño qué quería hacer y él dice que quería saber qué secretos tenía.
Isabel va a buscar a Manel a su casa.
Sánchez está allí y le dice a Manel que él sabía que estaban pasando más gente de la acordada y los ponen en peligro a todos y ahora tienen a un judío en el calabozo, por lo que les pide que no pasen ninguno más hasta que Meyer se lleve al detenido.
Manel teme que el hombre hable, aunque Juliana le asegura que no saben nada. Ni siquiera que los van a alojar allí.
Pero Sánchez no quiere que hagan nada por los que ya están en la montaña y Manel le pide a Juliana que actúen con cautela, pues se están jugando la vida y que lo que ellos hacen es una anécdota en la guerra, aunque Juliana le pregunta si cuando perdió a su hijo le pareció una anécdota.
Meyer acude a la población para hablar con el alcalde, con Manel y con Sánchez y les pide que le expliquen lo que está pasando allí, pues hay un incremento de tráfico ilegal de judíos, aunque ellos dicen que probablemente vayan por otra ruta, aunque él les indica que siempre buscan el camino más fácil, es decir, el peor vigilado, y cree que alguien puede estar ayudándoles en ese pueblo.
Ovidi le asegura que redoblarán la vigilancia bajo la advertencia de Meyer de que si no hacen su trabajo, tendrán que hacerlo ellos, aunque Sánchez le recuerda que no tiene competencia.
Se llevan tras ello al alemán que tenían detenido.
Manel le cuenta a Mercè que Meyer sospecha y tienen un grupo en las montañas donde hay heridos y que Sánchez desea abandonar y el pueblo ya no es seguro.
Ella le pide que les haga llegar sus pomadas a los heridos, y Manel le propone que se las lleve ella misma a Juliana.
Flors echa en cara a Ovidi que su hijo muriera por culpa suya por obligarlo a alistarse voluntario para la guerra.
En medio de la noche, Ovidi va a ver a Juliana con Sánchez.
Le dice que hay rumores de que hay judíos de que se hospedan allí, y que está seguro de que Jérôme es quien está detrás de todo, aunque ella asegura que no sabe nada.
Le pide que le muestre la despensa y que llevó por ello a Sánchez que es quien tiene autoridad para obligarla.
Le muestra en efecto la despensa, que ve que es muy grande, pero está casi vacía y Ovidi monta en cólera y la empuja contra la pared sin hacer caso de Sánchez que le pide que la suelte, aunque Ovidi le asegura que si no dice la verdad saldrá de allí con los pies por delante.
Sale Isabel que le pide que la deje, y Ovidi coge a la niña y le apunta con su arma a la cabeza para obligar a su madre a decir la verdad y ella confiesa que se quedan allí.
Suena entonces un disparo y es Ovidi quien cae, por un disparo de Sánchez.
Llegan Manel y Mercè y Juliana les cuenta lo ocurrido y que Sánchez se volvió loco y se marchó tras matarlo y dice que solo le importan sus fardos.
Manel sale a buscarlo.
Llega poco después Jérôme con los judíos y les abre Mercè.
Llega a continuación Sánchez con Manel y pregunta por sus fardos y empieza a buscar en ellos, aunque pregunta por otros que le faltan, y empieza a buscar algo que no encuentra, por lo que pregunta por el fardo que falta, y Jérôme le dice que sería el que llevaba el hombre al que mataron y Sánchez le asegura que sin el otro fardo él no tiene nada que perder, por lo que deben ayudarlo a recuperar el fardo que falta.
Mercè le dice a Manel que desea que todo termine, pero a la vez no quiere que ocurra, pues después de eso solo podrán obedecer y callar y no sabe si sabrá hacerlo.
Al día siguiente va en efecto con Jérôme a la montaña y recuperan el otro fardo, donde hay varios pasaportes.
Entierran al judío muerto y Jérôme le pregunta si los pasaportes son para él, que dice que ese país se pudre.
Le dice que Juliana le contó que la salvó de Ovidi y le da las gracias.
Mientras se aleja Sánchez aparecen unos soldados alemanes que sorprenden a Jérôme, y aunque Sánchez les dice que no tienen jurisdicción allí.
Sánchez saca su arma y Jérôme se revuelve sobre el oficial que le apuntaba y se produce un tiroteo en que Sánchez mata a un alemán, pero es herido, mientras Jérôme acaba con el otro.
Sánchez le entrega a Jérôme los pasaportes para que se los entregue a su mujer y le pida que se vaya esa misma noche con su hijo.
Jérôme huye cuando se escuchan disparos de otro grupo de alemanes.
Meyer llamó a Manel y le habla del fallecimiento de Sánchez y va a contárselo a Juliana y a Jérôme, al que ve herido en un brazo y les advierte que Meyer está yendo con permiso del gobernador y temen que descubran a los refugiados y a Ovidi.
En casa, Mercè le dice a Manel que aún tienen una oportunidad ya que los nazis no vieron a Jérôme y le pide que confíe en ella.
Van a recibir a Meyer en el paso fronterizo y este echa de menos a Ovidi y les dice que lamenta la muerte de Sánchez, aunque asegura que encontrarán al responsable, que saben que está herido y que no pudo, por ello, haber ido muy lejos.
Manel le sugiere comenzar por las montañas, aunque ellos le dicen que saben cómo actuar.
Dan orden de revisar cada casa a un nutrido grupo de soldados con permiso del gobernador.
Isabel y Josep también lo observan todo, ocultos y una vez que pasan los soldados roban ropa de los tendederos y la llevan al bar.
Flors sale para hablar con Meyer y le dice que Ovidi desapareció la noche anterior.
Meyer pide a Manel que calme a los vecinos y les diga que cooperen.
Ven a Juliana fuera, tranquila.
Jérôme los escucha, escondido tras una puerta con su arma, y cuando están a punto de descubrirlo alguien grita que ya lo encontraron y salen.
Dentro del bar, y haciéndose pasar por paisanos, con la ropa recuperada por los niños, están los refugiados.
Fuera, ven a Ovidi muerto e indican que era el infiltrado, pues ven que le alcanzó un disparo que los soldados que lo efectuaron creen que fue de ellos, pues dispararon de lejos.
Meyer le indica a Manel que informará al gobernador de la colaboración recibida y le pedirá una investigación, aunque Manel le dice que se encargará él pues es su frontera.
Mercè llora emocionada abrazada a su marido tras ver que todo salió bien.
Los judíos, tras conseguir salvarse siguen su camino hacia la frontera.
"Entre 1943 y 1945 más de 80.000 personas cruzaron la frontera huyendo del nazismo guiadas por gente de los Pirineos que en silencio desafiaron al miedo para salvar vidas. Lo que algunos vivieron ayer, muchos lo viven hoy. Solo cambia la frontera".