Te cuento la película

El acorazado Potemkin

Bronenosets Potyomkin (1925) * URSS

Duración: 74 Min.

Fotografía: Eduard Tisse

Guion: Nina Agadzhanova-Schutko

Dirección: Sergei M. Eisenstein

Intérpretes: Aleksandr Antonov (Grigory Vakulinchuk), Vladimir Barsky (Ewgeny Golikov), Grigori Aleksandrov (Oficial Jefe Giliarovsky), Mikhail Gomorov (Afanasi Matushenko), Maksim Shtraukh (Fyodor Smirnov), Ivan Bobrov (Marinero azotado), Aleksandr Levshin (Suboficial).

Primera Parte: Hombres y gusanos

"La revolución es guerra, la única guerra legítima, justa y grande de todas las guerras conocidas por la historia.

En Rusia esta guerra ha sido declarada y ha comenzado" (Lenin, 1905).

A bordo del Potemkin, un acorazado de la Armada Imperial Rusa, los marineros Matushenko y Vakulinchuk discuten de la necesidad de que ellos, como marineros apoyen a los obreros en lucha y estar a la vanguardia de la revolución.

Los marineros duermen tras la guardia en sus hamacas de lona cuando entra el contramaestre que se golpea accidentalmente en la cabeza y decide pagar su rabia azotando a uno de los jóvenes que dormían con su cadena y este, que no comprende nada se siente humillado.

Vakulinchuk les dice entonces a sus compañeros que llegó el momento de actuar. Que no deben esperar, que Rusia entera se ha levantado y no pueden ser los últimos.

Por la mañana los marineros se arremolinan en torno a grandes piezas de carne destinadas a la comida de la marinería que observan que está en mal estado y afirman que ni un perro se comería esa carne podrida.

Un oficial aparece con Smirnov, el médico de a bordo que examina la carne, en que se ven claramente los gusanos, pese a lo cual el médico asegura que son solo larvas muertas de mosca y que se puede lavar con salmuera, y Vakulinchuk le dice que incluso los japoneses alimentan mejor a los prisioneros rusos y rehúsan comer la carne.

Giliarovsky, el primer oficial ordena a los marineros que se retiren.

Luego, pese a las protestas de sus compañeros, el cocinero corta la carne con un hacha.

La rabia aumenta mientras tratan de comer pan con sal, nadie acude al comedor.

Los marineros acuden a la tienda del barco para comprar comida enlatada.

Segunda Parte: Drama en el Golfo Tendra

El Capitán Golikov los reúne a todos en cubierta, con los suboficiales delante de los marineros y pide que den dos pasos adelante a quienes gustó la sopa, aunque solo lo hacen algunos suboficiales y muy pocos marineros.

Golikov dice que colgará a los demás del palo mayor y ordena que suba la guardia a cubierta.

Matushenko pide a los marineros que se reúnan junto a la torre de artillería y hacen correr la voz entre ellos y comienzan a concentrarse junto a la torre mientras llega a cubierta la guardia.

La mayoría de los marineros consiguen reunirse junto a la torreta, pero queda un grupo en la proa que tratan de huir a través de la escotilla del almirante, pero Golikov los observa y se lo impide y asegura que los matará como a perros, y el primer oficial Giliarovsky, ordena que cubran a los marineros con lonas, lo que hacen.

El sacerdote ortodoxo del barco reza por ellos.

Giliarovsky ordena a los guardias que les apunten y varios de los marineros se arrodilla bajo la lona, y cuando finalmente grita "¡Fuego!", Vakulinchuk se dirige a los guardias y les pide que no disparen contra sus hermanos, y en efecto comienzan a bajar sus armas, sin obedecer a Giliarovsky, que pide de nuevo a la guardia que dispare.

Matushenko pide a los marineros que se hagan con las armas y Vakulinchuk llama para acabar con los dragones.

Los marineros que estaban bajo la lona se unen al resto de compañeros, y, amotinados, rodean a los oficiales.

Bajan a la sala de armas y reparten fusiles al resto de los marineros.

Giliarovsky, armado con un fusil persigue a Vakulinchuk y el sacerdote trata de detenerlo, aunque el marinero se deshace de él fácilmente tras empujarlo y hace que, al golpearse, pierda el conocimiento.

Vakulinchuk forcejea con Giliarovsky al que trata de arrebatar su fusil sin éxito y debe huir.

Poco a poco, los marineros van alcanzando a los oficiales y suboficiales y acaban con ellos pese a su resistencia y a que alguno dispara.

Entre varios de los marineros capturan a Smirnov, el médico que dijo que se podía comer la carne, que grita pidiendo ayuda, y, aunque el sacerdote lo ve, simula haber perdido el conocimiento para no ser él objeto de represalias.

Lanzan al médico al mar y gritan: "que te coman tus gusanos".

Finalmente la marinería celebra su victoria y proclaman que el barco está en sus manos.

Pero Vakulinchuk, herido, y tras perder mucha sangre trata de huir de Giliarovsky, y mientras en cubierta el resto de marineros celebra el triunfo y lanzan sus gorros al aire, Giliarovsky dispara a Vakulinchuk, que cae mortalmente herido, y, aunque trata de sujetarse a las cuerdas cae al agua.

Algunos compañeros que lo ven tratan de rescatarlo, pero es demasiado tarde, y así el primero en llamar a la sublevación fue el primero en caer.

Un grupo de marineros escolta en una pequeña embarcación el cadáver de Vakulinchuk hacia el puerto de Odesa y una vez allí lo colocan en una tienda de campaña con una señal de luto, será el último refugio en puerto de Vakulinchuk sobre cuyo cadáver un cartel indica que está así por una cucharada de sopa.

Tercera Parte: El muerto clama

Por la noche cayó la niebla.

Al día siguiente llegaron los rumores desde el muelle y poco a poco la gente se acercó a mostrar sus respetos al difunto, cada vez en mayor número.

Con el amanecer llegó la noticia a la ciudad, que comenzó a acudir en masa y una cola interminable desfiló ante la tienda con el cadáver del fallecido.

Un joven lee un manifiesto dirigido a la gente de Odesa en recuerdo de Vakulinchuk, asesinado por un oficial del acorazado y reclama la muerte de los opresores y venganza y cantan a coro Todos para uno, uno para todos.

Algunos de los asistentes reclaman expulsar a los verdugos y varios oradores claman por acabar con la autocracia.

Pero no faltan entre ellos quienes ríen al ver a los pobres allí reunidos.

Cuando uno de ellos pide la muerte de los judíos todos se giran contra él y lo golpean.

Los oradores gritan que la tierra y el futuro es suyo y la multitud sigue acudiendo y prende en ellos el espíritu revolucionario.

Llegan al Potemkin delegados de la ciudad que reclaman el golpe definitivo contra el enemigo junto a los obreros insurrectos de toda Rusia.

Desde la costa seguían atentos al Potemkin y todos claman por acabar con el enemigo junto con los marineros y observan cómo se iza en el barco la bandera roja y todos los vitorean.

Cuarta Parte: La escalera de Odessa

Los habitantes de Odesa compartían la vida del acorazado y muchos botes salieron hacia este para llevarles comida sana y fresca observados y saludados desde la orilla por otros millares de personas, muchos de ellos desde los escalones del puerto.

Y mientras se produce esta explosión de apoyo comienzan a escucharse disparos al aparecer los cosacos armados, que comienzan a disparar indiscriminadamente contra la gente que baja despavorida por la larga escalinata, que se va cubriendo de cadáveres.

Los disparos acaban con un niño mientras el resto de la gente baja despavorida y pisotea los cadáveres de los caídos.

La madre del niño tiroteado coge a su hijo en brazos y sube la escalinata hacia los soldados mientras otra mujer, que lleva quevedos trata de animar a otro grupo de mujeres y ancianos para que se unan a ellas e ir a rogar a los soldados que no disparen.

La madre muestra a su hijo muerto a los cosacos y les pide que no disparen y les dice que su hijo está muy mal.

Tras ella sube el grupo de mujeres y ancianos para pedir que cesen los disparos.

Pero el oficial al mando baja su sable y ordena que disparen y acaban con la madre y rematan al hijo y contra quienes pedían que no dispararan.

Un disparo acaba también con una mujer que llevaba a su bebé en un carrito, y al caer lo empuja sin querer y comienza el carrito a rodar escaleras abajo sin control hasta volcar.

Debajo de la escalinata esperan más cosacos algunos a caballo que golpean con sus látigos a la multitud y otra columna que les dispara.

La mujer de los quevedos muere por el sable de uno de los cosacos que le saca un ojo.

Finalmente el Potemkin decide responder a la brutalidad y dirige sus cañones contra el teatro de Odesa, donde se reúne el estado mayor de los generales y acaban con él.

Quinta Parte: Encuentro con la escuadra

En el acorazado hay mítines todo el día. La población de Odesa espera a los liberadores y les dicen que si organizan el desembarco las tropas se les unirán.

Pero un marinero indica que no pueden desembarcar, pues enviaron a la escuadra del almirantazgo contra ellos.

La noche es tensa.

Protegida por la oscuridad, la escuadra avanza.

Los marineros del Potemkin descansan, excepto los de guardia y los tripulantes, agotados y con las gargantas enrojecidas.

Finalmente avistan la escuadra desde el acorazado y todos los marineros se preparan y se colocan en sus puestos.

Los convocan a todos a cubierta y se inicia el zafarrancho de combate y Matushenko ordena que el barco navegue a toda máquina.

Sus cañones se preparan para ser disparados mientras navega a su lado el torpedero 267.

La escuadra se aproxima y Matushenko pide que les envíen señales de unirse a ellos.

El abanderado pide a la escuadra que se una a ellos.

El enemigo se coloca a tiro de cañón, con sus cañones también amenazantes.

Se preparan para el ataque y claman "Todos contra uno y uno contra todos" y se abrazan antes de iniciar el combate.

Matushenko ordena fuego, pero ven que la armada se une a ellos y todos se saludan al grito de "Hermanos" sin que haya disparo alguno y el acorazado pasa altivo ante la escuadra con todos los marineros de uno y la otra saludándose fraternalmente.

Y con la bandera roja de la libertad ondeando orgullosa, y sin un solo disparo, el acorazado insurgente atraviesa entre los barcos que forman la escuadra.

Calificación: 9