Cero en conducta
Zéro de conduite (1933) Francia
Duración: 49 Min.
Música: Maurice Jaubert
Fotografía: Boris Kaufman
Guion y Dirección: Jean Vigo
Intérpretes: Louis Lefebvre (Caussat), Gilbert Pruchon (Colin), Coco Golstein (Bruel), Jean Dasté (Huguet), Gérard de Bédarieux (René Tabard), Robert le Flon (Pète-Sec), Du Verron (Supervisor General Bec-de-Gaz), Delphin (Director), Léon Larive (Profesor de Química), Émile (Señora Haricot).
Acabadas las vacaciones, y de vuelta al colegio, un muchacho dormita en el vagón, hasta que en la siguiente estación sube otro compañero.
Los dos muchachos, Caussat y Colin, bromean. Hacen juegos de manos, o juegan con una pelota que recogen con un artilugio con el que antes la lanzaba.
Tienen también una pequeña trompeta de juguete que hacen sonar con su nariz y el otro se coloca dos globos en el pecho que acaricia como si fueran los de una mujer.
Uno de ellos se coloca varias plumas en el trasero y otra en el sombrero como si fuera un ave, y para finalizar, los dos a la vez sacan un puro y se lo fuman en el compartimento de forma que la humareda haga el ambiente irrespirable.
Al llegar a la estación dejan en su compartimento a un pasajero que comentan que parece muerto, y lo dejan en medio de la humareda, pese a que en la puerta del compartimento se advierte que es de no fumadores.
Fuera los espera un estricto profesor al que ellos llaman "Culoprieto".
Una mujer que acompaña a su hijo, René Tabard, se lo vuelve a llevar y dice que lo llevará al día siguiente, pues está muy triste esa noche.
Mientras los chicos comentan que su compañero de tren estaba muerto, lo ven salir despistado y presentarse al director como el nuevo monitor, Huguet.
Ya en el colegio se acuestan en el dormitorio común, y cuando se retira el supervisor comienzan a pelearse.
El encargado de vigilarlos, que duerme tras unas cortinas, al escuchar el jaleo pide a Dupont que se quede de pie a los pies de su cama, aunque en vez de él van otros tres y, aunque no los había llamado los castiga también.
Les levantan el castigo a las 11 y los envían a la cama.
Todos observan a uno de sus compañeros que es sonámbulo y recorre el dormitorio antes de regresar a su cama.
Por la mañana, cuando el vigilante los despierta, ninguno desea levantarse y no lo hacen hasta que pasa el supervisor, aunque cuando sale, vuelven a acostarse.
Pero el supervisor general vuelve a entrar de nuevo de improviso y les dice a Bruel, Caussat y Colin que tienen un cero en conducta y estarán castigados el domingo.
El complot de los niños
Los tres chicos dicen que deben hacer algo, pues se están ahogando, ya que tienen que pasarse allí todos los domingos.
Realizan un plan de dónde realizarán el plan y la munición que emplearán, e indican que el día elegido izarán la bandera.
Huguet es diferente al resto de los profesores, pues trata de integrase con los niños en el patio y les hace imitaciones de Chaplin y juega con ellos.
El supervisor está siempre alerta para tratar de sorprender cualquier actividad contraria a las normas, y un día entra en el aula donde los tres conspiradores dibujaban una bandera pirata, aunque ellos lo ven y saltan por la ventana antes de que entre.
Pero el supervisor aprovecha que no hay nadie en la clase para robar trozos de chocolate a algunos de sus alumnos, lo que hace que estos se enfaden.
Un día, Huguet les muestra su capacidad para caminar sobre sus manos e incluso de sujetarse con solo una de ellas mientras dibuja con la otra.
Los alumnos en sus clases están alborotados y fuman y se pelean, lo que observa el supervisor, siempre alerta tras la ventana y ponen a otro profesor más controlador, que vuelve a castigar a Caussat y Colin con un cero en conducta.
Un día llega el director, un hombre que es enano ante el que forman los alumnos y al que los profesores hacen reverencias.
Un día, Huguet saca a los chicos a la calle, que van tras él y cantan, hasta que de pronto Huguet, despistado sigue recto y los chicos siguen por la acera, que se desvía sin que el profesor se dé cuenta.
Entretanto el director lleva al supervisor a su despacho, donde sienta a este en una silla más baja que la suya para hablar del día de la conmemoración y le advierte que espera que no haya ningún problema con Bruel, Caussat y Colin y le dice que vio que lo de Huguet es preocupante.
Después de un buen rato los chicos regresan junto a Huguet sin que él se percatara de que habían estado lejos de él, del que vuelven a esconderse cuando entra a comprar tabaco, y lo ven luego cómo trata de conquistar a una bella mujer a la que persigue y corren tras ella, él y detrás, sus alumnos, sin que él sea consciente de ellos.
Ante el director, el supervisor general se queja de que Tabard y Bruel se comportaran como niños pequeños y le preocupa la influencia del segundo sobre el primero.
El profesor y los niños deben seguir corriendo, pues se les hizo ya de noche y además comenzó a llover.
El director y el supervisor ven que llega el profesor antes que los niños y que los últimos son Tabard y Bruel, que van juntos, y dice el director que esa amistad se les está yendo de las manos.
Llama por ello a Tabard y le indica que Bruel es mayor que él y padece una neurótica psicopatía, por lo que debe evitar su amistad.
El domingo Caussat y Colin no pueden salir, aunque Colin tiene allí a su madre, pues trabaja en la cocina.
Cuando sale a jugar fuera, Bruel le pide que le dé a Tabard chocolate y le dice que quiere que Tabard forme parte del plan, pues tiene un sitio para esconderse y les ayudará.
En la cocina, la madre de Colin se queja ante el supervisor de tener que dar siempre alubias a los chicos.
En el comedor todo se desmanda y los chicos empiezan a tirarse la comida y gritan que odian las alubias, aunque Colin se siente triste por su madre.
Siguen luego con la preparación de su plan.
Colin le dice a Caussat que Bruel quiere que Tabard se una al plan, aunque Caussat le dice que es un marica, ante lo que Colin le indica que desde que se reunió con el director su actitud cambió.
El profesor de química observa que Tabard no toma apuntes como solía y aparta su mano cuando el profesor se la acaricia lascivamente, y le dice, "mierda".
Durante otra clase entra el director con los demás profesores y le dice a Tabard que el comité de disciplina decidió perdonarle gracias al gran corazón de su profesor y en consideración a su familia y debido a que al día siguiente se celebra la conmemoración, y a que, además, fue voluntariamente a pedirle disculpas, que le dice, no sirven de nada si no las repite delante de sus compañeros.
Pero en vez de disculparse grita ante todos que el profesor es un montón de mierda.
Al día siguiente, el de la conmemoración, los niños se levantan antes y Tabard lleva la bandera pirata y declaran la guerra y gritan: "¡Abajo los maestros!, ¡Abajo los castigos!, ¡Viva la revolución!".
Y piden izar la bandera en el tejado del colegio y bombardearlos con libros antiguos, con latas sucias, con botas apestosas, e indican que la munición está en el ático.
Golpean con sus almohadas al vigilante nocturno mientras Tabard sube en efecto al tejado y coloca la bandera pirata.
El dormitorio se llena de plumas y el encargado se rinde y los chicos cargan con Caussat como si fuera una procesión, sentado en la silla y seguido por los niños que llevan farolillos de papel.
A la mañana siguiente
La fatiga es cómplice de los niños.
Atan a la cama al encargado y luego levantan la cama y la ponen de pie, mientras el hombre sigue durmiendo.
Algunos de los niños, agotados, siguen durmiendo.
Fuera, el director supervisa los preparativos de la fiesta cuando llega un profesor para advertirle que los niños se atrincheraron en el ático.
El director acude a saludar al prefecto y resto de autoridades y asistentes a la fiesta y dos niños les lanzan flores mientras los demás ven a unos acróbatas.
Pero arriba, en el tejado están los cuatro rebeldes que comienzan a lanzar objetos, ante lo que los mayores deben retirarse y los niños y Huguet los jalean.
El director, y algunos de los soldados que fueron con el prefecto, deciden subir al tejado, pero cuando asoman por la claraboya, ven cómo se alejan los muchachos alegres por el tejado.