Calle Málaga
Calle Málaga (2025) * España / Francia / Alemania / Bélgica / Marruecos
Duración: 116 min.
Música: Franziska Henke
Fotografía: Virginie Surdej
Guion: Maryam Touzani, Nabil Ayouch
Dirección: Maryam Touzani
Intérpretes: Carmen Maura (Maria Ángeles), Marta Etura (Clara), Ahmed Boulane (Abslam), María Alfonsa Rosso (Josefa), La Imèn (Soukaina), Miguel Garcés (Doctor Tovar), Ghali Errazqi (Khalid), Abdelilah Iramdane (Idder).
Una mujer, Maria Ángeles sale a comprar en el mercado callejero de Tánger de la calle Málaga y luego en su casa prepara la comida.
Cuando escucha un claxon se asoma al balcón, desde el que ve que llegó su hija Clara en un taxi.
Al ver la habitación, esta le recuerda que le pidió que se deshiciera de todo.
Pasean luego juntas por la ciudad y Maria Ángeles le pregunta luego cuándo irá con los niños, a lo que le responde que todavía no.
Su madre recuerda que lleva un año sin verla y ella le dice que también podría ir ella, pues trabaja muchas horas como enfermera.
La madre le dice que no debe dejarse, aunque rechaza que le pinte las uñas.
Visitan luego a unos amigos que las convencen para que se quede a cenar con ellos.
Ya en casa escucha cómo Clara discute por teléfono con su marido y llora.
Le explica después a su madre que necesita dinero y que va a vender esa casa, pues no le llega con el dinero que gana al mes desde que se divorció y necesita dinero para la entrada de una hipoteca y ella se puede a vivir con ellos a Madrid.
Le explica que trabaja mucho y no le da con el sueldo para vivir, y que ella no lo comprende porque no ha trabajado nunca.
Maria Ángeles le responde que no se irá de Tánger y que no venderá su casa, aunque Clara le dice que es muy grande para ella y que no tiene dinero ni para arreglarla y le recuerda que su padre la puso a su nombre y que ya tomó la decisión.
Al día siguiente Clara ve que su madre no le dirige la palabra y sale sin darle explicaciones.
Se acerca al cementerio para llevar flores a su marido y a otros familiares.
Va luego a la iglesia y deja una nota para Sor Josefa.
Esta, que no puede hablar la escucha cuando se desahoga con ella y le cuenta que no entiende cómo puede ser así y tomar una decisión sin preguntárselo antes y que parece otra persona. Una extraña amargada y seca.
Clara ve que llega ya de noche.
Le cuenta que fue a ver la casa un agente inmobiliario que le dijo que deben vaciarla lo antes posible pero que podrán venderla pronto y a buen precio.
Vuelve a pedirle que se vaya a vivir a Madrid con ella, y le vuelve a responder que no, ante lo que Clara le dice que ha quedado vacante una plaza en la residencia de mayores de españoles en Tánger y no tendría que pagar nada por vivir allí.
Maria Ángeles se niega pero Clara le recuerda que la mitad de sus amigas murieron y el resto se fueron a España con sus hijos.
Le dice que es la primera vez que le pide ayuda desde que tenía 17 años, y es porque ahora no puede sola.
Tras observar la calle desde su balcón, María Ángeles comienza a recoger su ropa.
Acude un anticuario para ver qué muebles puede comprar, aunque ella se niega a vender el tocadiscos en que escucha a Maria Dolores Pradera.
Regalan algunas cosas a sus amigas y vecinas.
Clara le pide que le deje el dinero de los muebles hasta que se venda la casa, mientras la lleva hasta la residencia.
Una vez en esta les explican el funcionamiento y los horarios.
Clara le da un móvil y se va para atender al anticuario, tras una fría despedida.
Coloca en su habitación las pocas pertenencias que le quedaron.
En el comedor se sienta sola y hace lo mismo en la sala común. Tampoco se une a los ancianos que realizan actividades físicas.
Cuando una peluquera que le dice que le cortará y le arreglará el pelo ella le dice que no desea cortárselo, y cuando insiste ella la trata groseramente.
Decide que debe marcharse de allí y para ello dice en dirección que ha decidido trasladarse a Madrid para vivir con su hija y sus nietos y cuando suena el teléfono del taxista que va a recogerla ella simula ante el director que habla con su hija, y le dice que saldrá hacia el aeropuerto.
Deja la residencia y la recoge el taxista al que le pide que la lleve a casa, y se muestra feliz en el taxi al ver de nuevo el colorido de su viejo barrio.
Entra de nuevo en su casa, ahora desangelada sin los muebles y tira el colchón al suelo y saca de las cajas algunas de las cosas.
Pero no tiene luz y ve que se quedó allí el almirez que le entregó a su hija, y que ella había heredado de su abuela para que se lo diera a su hija.
Debe iluminarse con velas hasta que al día siguiente saca de un sobre algo de dinero que entrega a un muchacho que le sube la compra para que pague la luz y el agua.
Va luego hasta la tienda de antigüedades y le dice al comprador que ha ido a buscar sus muebles, que desea comprar de nuevo.
A un precio superior al que se lo vendieron se lleva el dormitorio, pero el tocadiscos ya lo vendió, y ella le dice que debe recuperarlo cueste lo que cueste.
Su vecina se pone muy contenta al volverla a ver.
Pero un día, mientras se arregla escucha cómo alguien entró en el piso y se esconde en el armario mientras un comercial se lo enseña a una pareja.
Vuelve a ver a Sor Josefa y le dice que ya no le queda dinero.
Cuando le suena el móvil se queja de que su hija, que no la llamó en meses, ahora la llama cada día.
Tras escuchar a un joven, Khalid, que cuenta que va a ver la final de la Copa del Rey tiene una idea que le comunica a Soukaina, la hija de su vecina para que le ayude a recuperar sus muebles.
La niña graba anuncios en Instagram en que ofrece tortilla y cerveza en su casa mientras ven el partido y ofrece a Khalid una comisión por cada persona que le lleve. Él le dice que buscará clientes, pero con discreción, pues los cafés no deben saber que les hacen la competencia.
Van a algunas personas a ver allí el partido, aunque ella cree que no son suficientes hasta que aparece Khalid que le lleva a varias personas más.
Y con el dinero conseguido acude de nuevo al anticuario y pide su mecedora.
Una noche acude el agente inmobiliario a la casa. Como cree que la casa está vacía acude con una mujer para hacer el amor.
Los sorprende Maria Ángeles que le dice al agente que no dirá nada a sus jefes si él no le cuenta nada a su hija, pues lo que ha hecho fue un abuso de confianza.
Le dice que se irá del piso cuando se venda, pero que debe avisarla un día antes, y nunca en días de partido.
El anticuario le lleva los muebles y se los coloca y le dice que tiene una pista para el tocadiscos, mientras toman té juntos y se ofrece a llevarle las cosas y que se las pague cuando pueda, aunque ella le dice que no puede aceptarlo.
Los partidos de su casa son cada vez más concurridos y acude también Abslam, el anticuario, que ve cómo ella interviene cuando se organiza una pelea en su casa apagándoles la televisión, con lo que consigue cortar el conato.
Más tarde, y una vez acabado el partido Abslam le ayuda a recoger y a lavar los platos.
Le cuenta en su siguiente visita a Sor Josefa que finalmente Abslam mostró, pese a su impresión inicial, que es buena persona y le juzgó mal y que, aunque no le gustan los calvos, a él la calva le da un aire varonil.
Sigue con los partidos en su casa y le siguen llegando los muebles.
Hasta que una noche llega la policía, ante lo que Maria Ángeles debe decirles que son sus amigos del barrio, aunque ellos le dicen que cobran y que además beben cervezas, a lo que ella les responde que las hay también sin alcohol.
Uno de los policías le dice que debe ser el último partido y que la respetan por ser mujer de Muñoz, al que apreciaban mucho y ella los invita a pasar para ver el partido y a tomar una cerveza "sin alcohol".
Antes de irse, Abslam le dice que localizó su tocadiscos, aunque no está en Tánger, sino en Asilah, y esa noche se despiden con dos besos.
La lleva en su descapotable a Asilah, aunque cuando lo localizan, el vendedor les pide demasiado dinero, y aunque ella desea pagarlo, él le dice que no y que confíe en él.
Se van y mientras pasean ella le cuenta que el piso sigue en venta, pero su hija no sabe que volvió a vivir allí y dice que ya pensará qué hace cuando se venda.
Más tarde pasean como si fuese de forma casual frente a la tienda, aunque simulan no estar interesados, pero el vendedor los llama y finalmente se lo vende más barato.
Pero ya en casa ve que no tiene el disco que le gustaba y que debió perderse en el traslado.
Abslam regresa esa noche a su casa con el disco, que fue a recuperar a Asilah pese a la hora que era.
Ella lo pone y lo besa, y bailan, primero vestidos y luego desnudos.
Le cuenta a Sor Josefa que llevaba 22 años sin acostarse con nadie y le dice que lo que sintió con ese hombre fue mágico por las cosas que le hizo con la lengua, lo que hace que la religiosa se sienta turbada.
Compra churros y van juntos a comerlos frente al mar.
Él le pregunta por qué su hija es tan dura con ella, pues él está convencido de que fue una buena madre.
Más tarde se pinta, se coloca las joyas y se perfuma para él y vuelven a hacer el amor y luego le prepara un merengue.
Pero un día llega el agente inmobiliario y le dice que el piso se va a vender. Que el interesado pagó ya las arras, aunque no se lo cuenta a Abslam.
A este le dice que la ha hecho muy feliz y bailan de nuevo juntos.
Ese día no le coge el teléfono a su hija. Lo lanza al suelo y lo destroza.
Recompone la placa rota de la tumba de su marido, al que lleva flores de nuevo y regresa a ver a Sor Josefa, aunque esta vez no habla ninguna de las dos.
De vuelta, pasa frente al gran teatro Cervantes, en el que un día fue taquillera.
Apura el tiempo junto a Abslam, que la colma de mimos y besos y la cubre de pétalos.
Vuelve a reunirse la gente en su casa para el siguiente partido.
Y mientras la casa está llena, entra Clara, que se siente asombrada al ver la casa repleta, y más al ver a su madre que besa a Abslam y que jalea los goles.
En la cocina, Clara le dice que ahora lo entiende todo, y que no debería estar en una residencia, sino en un manicomio, porque está loca.
Ella le responde que puede que esté loca, pero que si quieren echarla de su casa tendrán que llamar a la policía, pues no piensa salir de ella mientras esté viva.
Vuelve al convento para ver a Sor Josefa., aunque en esta ocasión la recibe otra monja que la lleva hasta su celda, donde yace muerta.
Habla de todos modos con ella. Le dice que ha ido para contarle lo que iba a decirle, pues ya está acostumbrada a que no le conteste y que su hija fue para firmar la compraventa, pero que ella no piensa ir a Madrid ni regresará con los viejos.
Vuelve al cementerio, donde descansa ahora también sor Josefa.
Cuando regresa a casa Clara le dice que creía que estaba de acuerdo con lo de la casa y ella le dice que cambió de idea, aunque Clara le dice que tienen cita a primera hora con el notario.
Por la noche, a solas, en la mecedora, Clara llora.
Maria Ángeles, por su parte mira la ciudad desde el balcón.