Te cuento la película

Vivir

Ikiru (1952) * Japón

Género: Drama

Duración: 143 min.

Música:Fumio Hayasaka

Fotografía: Asakazu Nakai

Guion: Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto, Hideo Oguni

Dirección: Akira Kurosawa

Intérpretes: Takashi Shimura (Kanji Watanabe), Shinichi Himori (Kimura), Haruo Tanaka (Sakai), Minoru Chiaki (Noguchi), Bokuzen Hidari (Ohara), Miki Odagiri (Toyo Odagiri), Kamatari Fujiwara (Director adjunto Ohno), Nobuo Nakamura (Teniente de alcalde), Y?nosuke It? (Novelista), inosuke Yamada (Clerk Saito), Makoto Kobori (Kiichi Watanabe), Nobuo Kaneko (Mitsuo Watanabe), Noriko Honma (Kazuo).

El doctor encargado de examinar la radiografía del estómago de Kanji Watanabe, jefe de la sección de ciudadanos del ayuntamiento, observa que tiene síntomas de cáncer.

En su departamento reciben las peticiones de los ciudadanos, aunque él reconoce que ha pasado de largo por la vida, matando el tiempo.

En su serio departamento destaca la señorita Odagiri, que ríe ruidosamente al recordar un chiste sobre una persona que nunca se coge días libres, no porque sea indispensable, sino para que no se den cuenta de que todo puede funcionar sin ella.

Watanabe lleva 25 años muerto. Antes intentaba trabajar pero ahora no tiene disposición ni iniciativa debido a la burocracia, pues en su trabajo sabe que el no hacer nada es el mejor modo de mantener el puesto.

Y, en efecto, la gente se topa con la burocracia cada día y les envían de una sección a otra y los ciudadanos acaban enfadados.

El día que fue a hacerse la radiografía sus subordinados comentan que se le veía mal aspecto y comentan que es una lástima porque solo le faltaba un mes para cumplir el récord de 30 años sin faltar ni un solo día al trabajo.

Mientras espera para ser atendido por su médico, un hombre le pregunta si tiene molestias en el estómago y allí coincide con otro paciente que piensa que padece cáncer y que le dice que un cáncer en el estómago es como una sentencia de muerte, pero que los médicos les dicen a quienes lo padecen, para no asustarlos, que tienen úlcera y que no es necesario operar, y si además te dicen que comas lo que quieras es que te queda un año de vida como mucho, y cuando notas los síntomas, te queda menos de un año. Notas pesadez de estómago y dolores, eructas con incomodidad y se te seca la lenga y siempre tienes sed o estás estreñido o tienes diarrea y las heces son de color negro, y no puedes comer la carne que siempre te gustó y vomitas todo lo que comes, y si vomitas algo que comiste una semana atrás, ya solo te quedan unos tres meses.

Watanabe está cada vez más angustiado de escucharlo, y cuando pasa al médico se siente muy mal, y cuando le dicen que es solo una úlcera leve, se angustia más y pide al doctor que sea sincero y le pregunta si es cáncer, aunque le insisten en que es solo una úlcera leve y que no será necesario operarlo, que se le curará con los medicamentos que le manden y que puede comer todo lo que desee si no es indigesto.

Cuando se marcha, el doctor le dice a su compañero que vivirá seis meses como mucho.

Watanabe camina muy triste hacia su casa.

Cuando llegan su hijo Mitsuo y su mujer se quejan del frío que hace y ella le dice a él que con el dinero de la jubilación de su padre podrían comprarse una casa, asegurando Mitsuo que lo conseguirá, pues le dirá que si no les da el dinero tendrá que vivir solo y eso le asustará.

Ven entonces que está en casa, pero con la luz apagada y llorando, aunque asegura que no le pasa nada, y observan que está muy raro, pensando la mujer que los escuchó.

Kanji recuerda ahora a su mujer fallecida y cuando murió, siendo todavía pequeño su hijo y ella muy joven.

Escucha a su hijo y a su mujer divirtiéndose en su habitación y recuerda cuando su hermano le dijo que debía volver a casarse, pues si no lo hacía por Mitsuo acabaría arrepintiéndose, pues al crecer no va a agradecer sus sacrificios y si se casa, pasará a ser solo un estorbo para él y su mujer.

Vienen a su cabeza recuerdos de cuando su hijo era joven y jugaba al béisbol y lo orgulloso que se sintió al ver un estupendo golpe, pese a que luego lo expulsaron.

Recuerda que le acompañó también cuando le extirparon el apéndice y luego cuando lo despidió en la estación cuando fue soldado.

Llora luego angustiado frente a una placa que reconoce sus 25 años de trabajo.

Un empleado del ayuntamiento acude a su casa y la limpiadora le dice que el hombre sale todos los días a la misma hora, aunque el hombre le dice que hace 5 días que no va a la oficina ni presentó la baja y necesitan su sello.

Hablan con su nuera, que llama a Mitsuo estando todos sorprendidos, por lo que Mitsuo decide ir a ver a su tío y le cuenta que su padre retiró 5.000 yenes del banco y este dice que quizá tenga una amante, y en ese caso se alegra por él, pues lleva 20 años viudo.

La tía le cuenta que estuvo unos días antes y le vio muy delgado y con la piel seca y notó que estaba preocupado por algo.

Entre tanto, Kanji está en un bar y escucha cómo un hombre comenta que necesita tomar somníferos para poder dormir y la farmacia ya cerró, viendo cómo Watanabe le ofrece una pastilla, a cambio de la cual el hombre lo invita a beber, aunque él le dice que vomita todo lo que bebe porque tiene cáncer de estómago.

El hombre le dice que es un suicidio beber sabiendo que tiene cáncer, a lo que le responde que morir no es tan fácil. Que pensó en una muerte rápida, pero no puede y que no sabe para qué ha vivido todos esos años, que es un estúpido y está furioso consigo mismo, pues hasta unos días antes nunca se había gastado un céntimo en bebida, y aunque no le gusta, le ayuda a olvidar el cáncer y otras cosas desagradables y además bebe como protesta por la vida que ha llevado hasta ese momento como si bebiera veneno, aunque a veces es un alivio.

Le dice que tiene 50.000 yenes que desea gastar en una buena juerga, aunque le da vergüenza admitir que no sabe cómo gastarlos.

El hombre le pide que esa noche invita él y le pide que lo deje en sus manos, pues es una persona muy interesante y él es solo un escritor de novelas baratas, y le ha hecho reflexionar y comprender que la desgracia tiene también su lado bueno, pues ha descubierto la verdad en su desgracia y el cáncer le ha abierto los ojos a la vida.

Que los hombres solo ven lo bella que es la vida cuando se enfrentan a la muerte y algunos mueren sin saberlo y él es un buen hombre que trata de rebelarse contra ello y quiere mandar sobre ella, y el deber de todo hombre es disfrutar de la vida y le dice que van a recuperar el tiempo perdido.

Van a una sala de juegos y a un populoso bar, donde beben y escuchan música.

Les rodean avariciosas mujeres, una de las cuales le roba el sombrero, aunque el novelista le convence para comprarse uno nuevo.

Van luego a otro bar y a otro local abarrotado donde la gente va a bailar y pide que toquen "La vida es corta", una popular canción de los años 20 que él canta mientras se le caen las lágrimas, dejando a todos fríos y parados.

Van a otro local donde una mujer baila sensualmente y hace striptease y grita al verla.

Pasan luego por una feria. Va para entonces borracho e interrumpiendo el tráfico.

Baila con una mujer. En una sala abarrotada de gente y luego se retiran con sus parejas de baile, aunque a medio camino pide que paren el taxi y sale.

Mientras camina por la ciudad al día siguiente se encuentra con Toyo, su subordinada, que le dice que iba a su casa porque necesita su sello, diciendo él que lo tiene en casa, contándole la muchacha que quiere dimitir porque encontró otro empleo y lo necesita.

Le explica que quiere irse porque el trabajo le aburre, pues nunca ocurre nada nuevo y en año y medio lo único nuevo ha sido su ausencia y su sombrero.

Mitsuo pide a su mujer que no le diga nada a su padre, pues cree que se molestó cundo le mencionó su jubilación, aunque les extraña que pasara la noche fuera.

Ven que llega a casa con Toyo, y sienten curiosidad.

Watanabe busca su sello para ponerlo en la carta de dimisión de ella que le dice que se siente morir solo de pensar en pasar en esa oficina 30 años, como hizo él, aunque luego le pide perdón, a lo que le responde que no importa y le recuerda que todavía se ríe con el chiste que contó, pues era cierto y se pregunta qué ha hecho él en la oficina durante esos 30 años y no le encuentra sentido y solo vienen a su cabeza trabajo y aburrimiento.

Al escucharlo, ella le dice que estaba equivocada, pues no creía que fuera una persona comprensiva.

Mientras hablan, arriba, su hijo dice que no cree que esté con una mujer tan joven.

Y tras sellar su impreso le pide que lleve también el justificante de su baja.

Ella dice que hablan mucho de él en la oficina y le pregunta si está enfermo y a dónde va todos los días cuando finge ir a trabajar, y que, aunque se descubrió todo no cree que pase nada, pues no había faltado ni un solo día durante 30 años.

Observa que ella lleva unas medias rotas y le dice que la acompañará.

Su hijo y su nuera lo observan desde la ventana cuando salen y ven que ella se coge de su brazo y le coloca bien el abrigo y piensan que es un lío.

Él le pregunta dónde puede comprar medias de señora, y ella cree que son para su nuera, emocionándose al ver que son unas medias occidentales caras para ella y van luego a tomar té y tarta a una cafetería.

Allí, la muchacha le rebela que ha puesto apodos a todos los de su sección, como anguila a uno resbaladizo y de oscuras intenciones, o tapa de alcantarilla a uno que está húmedo todos los días, o papel matamoscas a uno que se pega a todo el mundo, o gelatina a un tímido que siempre tiembla, riendo Kanji con ganas, tras lo que le pregunta por el suyo, aunque ella dice que cuando se lo puso estaba equivocada y dice que le llamaba la momia.

La lleva luego a la sala de máquinas recreativas y a patinar, aunque acaban cayendo.

Acuden luego a ver una película y él se duerme, aunque ella disfruta mucho.

Van luego a comer, aunque él no toma nada, pero le cuenta que se lo ha pasado muy bien pese a que se durmió en el cine porque estaba cansado de la noche anterior.

Le dice luego que, aunque le da pena admitirlo ha trabajado durante 30 años como una momia y se convirtió en una momia por el bien de su hijo, aunque él no se lo agradece, ante lo que ella le dice que no puede reprochar a su hijo lo que hizo si no fue él el que le pidió que se convirtiera en una momia. Que su madre también dice cosas parecidas, pero los hijos no tienen ninguna responsabilidad y no debe hablar mal de su hijo, pues sabe que lo quiere más que a nadie.

Pero en casa, ve que su hijo se parapeta tras el periódico y ni le mira, y su nuera tampoco lo hace, dedicándose a hacer punto.

Cuando finalmente le dice que quiere hablar con él, Mitsuo cree que le va a hablar de mujeres y le dice que quiere que sus derechos sobre sus bienes queden claros y ha visto que gastó 50.000 yenes en pocos días y le reprocha que llevara a esa mujer a su casa, y lo que eso supone para Kazue.

Ante estos reproches, Kanji no tiene oportunidad de contar la verdad.

Dos semanas después de dejar de ir al trabajo los expedientes se acumulan en su mesa y hay numerosos rumores, aunque él pensaba que nunca en su vida se había comportado con tanta seriedad y cordura.

Vuelve a visitar a Toyo en su nueva empresa, y ella le dice que allí se trabaja de verdad y no tardan un día en hacer lo que les llevaría una hora, y él le dice que pueden verse por la noche, pero ella dice que está agotada y prefiere dormir y es antinatural que quiera salir con ella, insistiendo él en que solo esa noche, aunque ella lo rechaza, si bien, cuando lo ve marchar tan trise le dice que esa será la última noche.

La lleva a un local muy elegante, pero él se muestra callado, y Toyo le dice que no quiere ser una ingrata, pero repiten las mismas rutinas y ella se aburre, pues no tienen nada de qué hablar y la pone nerviosa y le pregunta por qué la acosa, a lo que le responde que le agrada pasar el tiempo con ella, pero que no es un amor otoñal

Finalmente le ice que le queda poco tiempo de vida porque tiene cáncer de estómago y le queda menos de un año y desde que lo supo se sintió atraído por ella.

Le cuenta que de niño estuvo a punto de ahogarse en un estanque y tiene ahora una sensación muy parecida, pues trataba de agarrarse a algo, y ahora la tiene a ella, que le pregunta qué pasa con su hijo, a lo que le responde que no tiene hijo que está solo, pues su hijo está en un lugar lejano, como sus padres cuando se estaba ahogando.

Ella le pregunta en qué le ayuda ella, a lo que le responde que se le alegra el corazón con solo mirarla porque es cariñosa y muy buena con él y le asombra su vitalidad y le da envidia y siente que le gustaría vivir como ella un solo día antes de morirse. Que quiere hacer algo, pero no sabe qué y solo ella puede enseñarle, aunque ella se siente agobiada y asustada.

Él le ruega que le enseñe a vivir como ella, aunque ella le dice que no sabe. Que ella solo come y trabaja haciendo juguetes, como un conejito que al darle cuerda avanza y que lleva consigo

Él se pregunta qué puede hacer en la oficina, diciéndole ella que allí es imposible. Que busque otro empleo, aunque él dice que ya es demasiado tarde.

Pero de pronto se dice que no es tarde, que sí puede hacer algo, y se va con el conejito.

Ella que estaba un poco asustada se queda sorprendida.

Antes de llegar a la oficina especulan sobre él y comenta el director adjunto que el hijo de Watanabe fue a preguntar sobre la jubilación de su padre, por lo que cree que él será pronto el próximo jefe, aunque al llegar adentro ven que Watanabe ha regresado y está sacando expedientes de un armario y los sorprende a todos.

Pide a su adjunto que se ocupe de una reclamación por un drenaje, y aunque habían indicado que lo pasarían a Obras Públicas, él dice que si no lo hacen ellos no se hará, y que deben implicar también a Parques y Alcantarillado.

Empiezan haciendo una inspección sobre el terreno para preparar un informe.

Cinco meses más tarde, Watanabe murió y organizaron su funeral, al que llegan varios periodistas que desean hablar con el teniente de alcalde, que acudió al velatorio.

Le dicen que realizaron una investigación a fondo y descubrieron que, aunque oficialmente el mérito del nuevo parque es de la Sección de Parques y del concejal de zona, en realidad fue un trabajo de Watanabe, que promovió el proyecto que tantas veces se había quedado en nada y los residentes de la zona también lo creen, y, de hecho, Watanabe murió en el parque que él mismo creó y los vecinos está molestos porque el día de la inauguración del parque no mencionó a Watanabe en su discurso, que fue electoralista y creen que su muerte en el parque fue una protesta silenciosa, aunque les dice que no se suicidó ni murió de frío, sino que padecía un cáncer de estómago y murió por una hemorragia interna.

Niega luego ante los que están en el velatorio que Watanabe creara el parque, aunque sí reconoce que fue obstinado y perseverante para conseguir que se terminara.

Que su sección era la de las quejas de los ciudadanos y crear el parque excedería de sus funciones, pero es cierto que se creó con mayor rapidez de la habitual, pero gracias a los jefes de sección de parques y el de obras públicas, diciendo este que el mérito es del propio superior que lo impulsó.

Pero los vecinos del barrio de Kuroe-Cho acuden al velatorio para ofrecerle incienso y las mujeres lloran por la pérdida de Watanabe, resaltando más la frialdad de los presentes, incluido su hijo y su nuera.

Poco después de irse ellas, se despiden las autoridades presentes.

Uno de sus compañeros dice que todos saben que quien construyó el parque fue Watanabe, aunque otro asegura que de no haber coincidido con un periodo electoral nadie habría prestado atención al proyecto.

Otro compañero dice que no entiende por qué le cambió el carácter a Watanabe tan súbitamente, diciendo otro que cree que sabía que tenía la enfermedad a lo que su hijo replica que si su padre hubiese sabido que tenía cáncer se lo habría dicho, indicando su hermano que cree que fue por influencia de una mujer, aunque sus compañeros no creen que un cambio tan importante fuese solo por la influencia de una mujer y recuerdan la visita al parque, que era un verdadero vertedero lleno de charcos.

Dicen que fue muy extraño que fuera a otras secciones con el proyecto y recuerda uno de los funcionarios de obras públicas que su jefe se disgustó, pues tenían otros proyectos y el jefe de parques acabó accediendo ante la insistencia de Watanabe, pues estaban hartos de aguantarle, pues no aceptaba la negativa, llegando momentos en que su jefe le rehuía y él se mostraba muy humilde incluso con los funcionarios de inferior nivel y acudió incluso a ver al propio teniente de alcalde con las mujeres del barrio.

Uno de sus subordinados recuerda que fue importante que insistiera, aunque otro dice que se aprobó por un diputado provincial que intervino, a lo que le responde el primero en que si su empeño no sirvió de nada es que viven en un mundo oscuro, y que parecía que el trabajo era lo que lo mantenía con vida, pues aunque estaba ya muy mal de salud, acudió de nuevo al despacho del primer teniente de alcalde.

Visitaba las obras, feliz por el logro, y un día que se cayó por la debilidad, las vecinas fueron a auxiliarlo cariñosamente.

Y ni el cáncer ni aquel accidente frenaron su peregrinaje por todas las secciones.

Su jefe adjunto recuerda que Watanabe fue también un incordio para un grupo de personas que pretendían crear un bar en el solar y le amenazaron, aunque él mostró no tener miedo por su vida e insistió en ver al teniente de alcalde.

Todos los asistentes al velatorio están ya muy borrachos y Ohno, su segundo, dice que debía saber que padecía cáncer, y recuerda que cuando él le preguntó si no se enfurecía, pues llevaban dos semanas reclamando y parecía que los de Asuntos Generales jugaban con ellos, y ni siquiera les decían si había presupuesto, le respondió que no podía enfadarse con la gente, pues le quedaba poco tiempo.

Otro de ellos recuerda también que un día se quedó observando el cielo y diciendo que era realmente hermoso, e indica que llevaba 30 años sin admirar una puesta de sol. Y que ya no le queda tiempo para eso.

Concluyen que sabía que le quedaba poco tiempo de vida y eso lo trastornó.

Muy borrachos dicen que Watanabe era un hombre bueno y comparado con él ellos son basura, reconociendo otro que todos tenían ilusiones, pero que el tiempo los cambió, pues si querían hacer algo en la administración les llamaban radicales, por lo que se dedican a fingir que hacen algo.

Y recuerdan que, pese a toda su lucha, Watanabe no recibió ningún reconocimiento y murió en la soledad más completa.

Un policía lleva el sombrero de Watanabe que encontró en el parque y pide entrar para despedirse del difunto, al que dice, mientras toma sake, que vio la noche anterior en el parque mientras hacía la ronda columpiándose bajo la nieve y pensó que estaba borracho, pero parecía feliz y cantaba con melancolía en un tono que le llegaba al fondo del corazón.

El hombre se columpiaba, en efecto, cantando la canción que hablaba de lo corta que es la vida.

Su hijo sale con el sombrero pensativo y triste y le dice a su mujer que la noche anterior encontró una bolsa con su nombre en las escaleras, con la libreta del banco, su sello y su cartilla de jubilación, y no entiende que no les contara que tenía cáncer.

A su hermano, por su parte, le extraña que no haya ido la amante y se plantea que quizá no lo fuera.

Borrachos, los funcionarios aseguran que van a trabajar duro, como Watanabe para no permitir que su muerte fuera en vano.

Poco después, Ohno pasa a ocupar la jefatura, pero sigue actuando como antes.

Solo el hombre que lo defendía parece rebelarse ante tanta pasividad, pero acaba aceptando que no puede hacer nada y, de regreso a su casa observa, desde el puente el parque se creó por la obstinación de Watanabe, ahora lleno de niños, y camina luego cabizbajo sin fijarse en el bello atardecer.

Calificación: 4