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Metrópolis

Metropolis (1927) Alemania

Duración: 123 min.

Fotografía: Karl Reund, Gunther Rittau, Walter Ruttmann

Guión: Thea von Harbou (N.: Thea von Harbou)

Dirección: Fritz Lang

Intérpretes: Brigitte Helm, Gustav Fröhlich, Alfred Abel, Rudolf Klein-Rögge, Fritz Rasp, Theodor Loos, Heinrich George, Fritz Alberti, Grete Berger, Heinrich Gotho, Georg John, Olaf Storm.

2026. Debajo de Metrópolis una gran ciudad con enormes rascacielos está la ciudad subterránea en que trabajan las máquinas que hace que todo funcione arriba, manejadas por los obreros que viven aun más abajo y que trabajan hasta la extenuación dominados por unos pocos elegidos.

Estos poseen estadios, y hermosos jardines, en uno de los cuales, Freder hijo de Joh Fredersen, dueño y señor de Metrópolis, juega y se divierte cuando de pronto aparece una muchacha acompañada por un grupo de hijos de obreros a los que les enseña esa maravilla, calificando a quienes allí están como hermanos.

Fascinado por la muchacha Freder la persigue cuando la expulsan del jardín, llegando hasta ese mundo desconocido para él, descubriendo las penosas condiciones en que viven y trabajan los obreros, viendo cómo uno de ellos cae enfermo por la extenuación, provocando que otros mueran al dejar de funcionar su máquina, aunque poco después son sustituidos por otros sin que nadie parezca dar importancia a las muertes, ante el escándalo de Freder, que corre a preguntarle a su padre por qué tratan tan mal a los obreros, aunque este no le hace caso, preocupado por unos planos que llevaban los muertos, y por cuyo desconocimiento despide a Josaphat, su ayudante, que tras ello está a punto de suicidarse, impidiéndoselo Freder que lo tomará como ayudante.

Baja de nuevo al mundo de las máquinas donde se intercambia las ropas con uno de los obreros, al que pide que avise a Josaphat, ocupando su lugar.

Entretanto, Fredersen, preocupado por los planes de los obreros acude a ver en su vieja casa al inventor Rotwang, que vive obsesionado con el recuerdo de Hel, su mujer, que lo abandonó por el propio Fredersen y que murió tras tener a su hijo Freder. Y Rotwang le muestras su mejor creación, una mujer robot a la que solo le falta el alma, y tras ello le revela que los planos encontrados pertenecen a las catacumbas.

Extenuado tras su turno de 10 horas, Freder acude a una reunión secreta, que le dicen presidirá María, descubriendo entonces que María es la muchacha que vio en el jardín, la cual les cuenta la historia de la Torre de Babel, destacando que el sueño de los que la idearon no lo compartieron con los que debían construirla, y ella aboga por crear un puente entre el cerebro que crea y la mano que construye, y ese puente debe ser el corazón.

Tras su charla, en la que Freder la ve como una sacerdotisa, le declara su amor y ella le cita para el día siguiente en la catedral, sin saber que la reunión fue seguida también por Fredersen, que, temiendo una rebelión de los obreros le pide a Rotwang que ponga al robot los rasgos de María, para poder, a través de su palabra, manipular a las masas.

Rotwang secuestra a la muchacha y procede a dotar a su robot de la apariencia de esta, cayendo enfermo Freder cuando ve a María con su padre, y padeciendo terribles pesadillas.

Pero la nueva María no es como Fredersen esperaba, pues, deseoso de venganza, Rotwang no le dota de la personalidad de María, sino que la nueva María es una mujer lasciva que provoca peleas en el club Yoshiwara y que incita con sus discursos a los obreros a la violencia, enardeciendo sus espíritus hasta tal punto que estos deciden destruir las máquinas, sin darse cuenta de que al hacerlo se inundarán sus hogares.

Entretanto María consigue librarse de Rotwan y escapa comprobando cómo todo se va destruyendo a su alrededor, teniendo que ser ella, junto con Freder y Josaphat, que también llegan abajo quienes salven a los hijos de los obreros de la muerte.

Los obreros celebran su victoria hasta que el capataz les hace caer en la cuenta de que han inundado la ciudad y que en ella estaban sus hijos, dirigiendo entonces su ira contra la nueva María, que entretanto celebra en Yoshiwara su triunfo y a la que capturarán quemándola en una hoguera comprobando entonces todos que solo era un robot.

Cuando se enteran de que sus hijos fueron salvados, todos corren a la catedral, donde ven a Rotwang, que tras darse cuenta de que no puede controlar a su criatura trata de destruir a su Hel, confundiendo a María con el robot, por lo que está a punto de acabar con ella en los tejados de la catedral, donde Freder llega a tiempo para salvarla.

También los ve Fredersen que acudió temiendo por la vida de su hijo, al que todos están agradecidos, por lo que María propone que sea él el corazón que medie entre el cerebro (Fredersen), y las manos (los obreros), que empezarán a vivir bajo un nuevo orden.

Calificación: 4