Aún estoy aquí
Ainda Estou Aqui (2024) * Brasil / Francia
Género: Drama histórico
Duración: 137 min.
Música: Warren Ellis
Fotografía: Adrian Teijido
Guion: Murilo Hauser, Heitor Lorega (Libro: Marcelo Rubens Paiva)
Dirección: Walter Salles
Intérpretes: Fernanda Torres (Eunice Facciolla Paiva), Selton Mello (Rubens Paiva), Valentina Herszage (Vera / "Veroca"), Luiza Kosovski (Eliana), Guilherme Silveira (Marcelo Rubens), Antonio Saboia (Marcelo adulto), Barbara Luz (Nalu), Cora Mora (Maria Beatriz / Babiu), Humberto Carrão (Félix), Maeve Jinkings (Dalva Gasparian), Fernanda Montenegro (Eunice anciana).
Río de Janeiro. 1970. Durante la dictadura militar
Eunice y su familia pasan el día en la playa.
Mientras ella se baña su hija Eliana juega a vóley playa con sus amigos.
Cuando un perro abandonado entra en el campo de juego se lo da a su hermano Marcelo que piensa en que podrían quedárselo, aunque Nalu no cree que su madre se lo permita, por lo que corre a su casa y se lo pregunta a su padre, que está trabajando en un proyecto con Baby, y le dice que no quiere perros en casa, aunque le pregunta qué dijo su madre, y él miente y le dice que le pidió que le preguntara a él.
Rubens lo mira y dice que tiene cara de Pimpao.
Veroca, la hija mayor regresa a casa con un grupo de amigos en el coche que conduce Pimpao, y los va grabando mientras ríen y fuman, hasta que, de pronto les detienen, pues hay un control por parte de los militares que les piden la documentación y les comparan con unas fotografías, y protestan al ver cómo empujan a Pimpao.
En su casa, Eunice empieza a preocuparse por la tardanza de Veroca, aunque Rubens trata de tranquilizarla mientras coloca los adornos del árbol de Navidad, y le dice que Pimpao debió llevar antes al resto de amigos.
Pero de pronto escuchan una noticia inquietante en televisión. El secuestro del embajador suizo por parte de la Alianza de Liberación Nacional.
Veroca llega, aún temblorosa y cuenta que les pararon en un control militar y estaban muy agresivos, aunque tuvieron suerte, pues Pimpao llevaba el carnet de abogado de su padre.
Se preguntan cuántos presos pedirán los secuestradores esta vez mientras los militares ocupan las calles y hay numerosas detenciones.
Cuenta Rubens que Dalva le animó a que se fueran a Londres con ellos y se ofreció a llevarse a Veroca, y aunque él piensa que será mejor dejar que se asienten, Eunice se pregunta por qué Gaspa y Dalva se van tan de repente y Rubens le dice que Gaspa está paranoico y cree que le espían y Eunice le dice que podrían dejar que se fuera con ellos hasta que se le pase su fase rebelde, pues teme que la detengan.
Rubens recibe una llamada, que dice es de trabajo y baja a hablar al despacho, y, cuando acaba, y pese a ser muy tarde, ve que Marcelo está fuera, y lo reta a una partida de futbolín.
La familia planifica su nueva vivienda y graban con el tomavistas cómo colocan las cuerdas que delimitan el terreno, y los planos de Rubens y la maqueta.
Veroca cuenta emocionada a sus amigos su próximo viaje a Inglaterra donde dice que desea estudiar Sociología.
Van a la librería de Gaspa y Dalva para despedirse y les dicen que viajarán cuando la casa esté más avanzada.
Gaspa le dice a Rubens que el país se está haciendo cada vez más peligroso y le insiste en que debería irse con ellos, aunque Rubens le augura que regresarán pronto y volverá a abrir la librería y la editorial.
Veroca prepara su ropa con ilusión y deja la mayor parte de sus pendientes a Nalu.
Le pide luego a su madre un abrigo de piel que le compró su padre en la luna de miel en Bariloche.
La familia se reúne con varios de sus amigos, que comentan que Brasilia es una bomba de relojería, pues los militares están rabiosos, con los 70 presos que piden los secuestradores por el embajador.
Pero continúan la fiesta y acaban bailando todos.
A Babiu se le cae un diente que luego entierra en la playa con su padre, y se pregunta cómo lo encontrarán, sin darse cuenta de que él vuelve a recogerlo y lo esconde.
Hacen una foto en la playa de toda la familia y los amigos.
Informan de la liberación del embajador suizo a cambio de 70 presos políticos que fueron trasladados a Chile.
Rubens recibe una carta de Veroca que adjunta una película.
En ella, que proyectan mientras leen la carta, grabó su casa de Londres y sale con el abrigo de su madre e indica lo raro que se le hace pasar una Navidad sin playa y sale haciendo muñecos de nieve que dice le recuerda a su padre por el bigote y el puro.
Grabó también en Abbey Road y en una tienda de discos, lo que le apasiona.
Vuelven a leer la carta mientras ven de nuevo la película.
Otro día, Rubens recibe una llamada y le dicen que tienen una entrega.
Al momento llegan unos hombres que preguntan por el diputado Rubens Paiva, y aunque él dice que es un error, pues fue hace mucho tiempo, le dicen que debe acompañarlos para declarar, aunque le dicen, es algo rutinario.
Eunice les indica que están solo los niños y que no necesitan las armas, que guardan.
Llega entonces Nalu, de la playa que, sin darse cuenta de lo que sucede sube y pide a su padre que le preste una de sus camisas y le ayuda a colocarse bien la corbata y le extraña que vaya a ir a la oficina siendo festivo, aunque él le dice que debe ayudar a esos señores y le pide un beso.
Cuando baja, su madre le pide que duerma esa noche en casa de su amiga Cris y que vayan juntas al día siguiente a ballet.
No permiten a Eunice acompañarlo, pues, le dicen, volverá pronto.
Se despiden con un beso y él indica que volverá a tiempo para el suflé.
Ven que se va en su propio coche, aunque le dicen a Eunice que no pueden informarle a dónde lo llevarán y dos de ellos se quedan en la casa.
Marcelo se sorprende, cuando se levanta de la siesta y ve allí a esos hombres y su madre le dice que fueron a fumigar la casa y lo lleva a la cocina con su hermana Babiu.
Llaman por teléfono y le piden que diga que Rubens está de viaje, que es lo que le cuenta.
Llega Eliana, que se muestra extrañada de que esté todo cerrado y que iba a buscar la pelota para seguir jugando en la playa, pero le dicen que nadie puede salir hasta que regrese su padre.
Ella protesta sin entender por qué no puede salir con sus amigos, que la esperan y le debe contar que se llevaron a su padre para responder a unas preguntas, y cree que eran militares, y trata de calmarla y le pide que no se lo cuente a sus hermanos.
Marcelo acaba jugando al futbolín con uno de los hombres que se quedaron en la casa hasta que baja a buscarlo su madre para que se vaya a la cama.
Eunice les pregunta por Rubens, pero le dicen que no le pueden contar nada.
No consigue calmarse y se queda frente a la ventana.
Ve que llega un coche y baja corriendo, pero es solo un cambio de turno de los hombres que se quedaron en la casa.
Al amanecer debe despertar a Eliana, pues les pidieron declarar a ellas también.
Las llevan a toda velocidad por la ciudad hasta que se detienen y les entregan capuchas.
Cuando se la quitan, Eunice es sorprendida por un flash con la que la fotografían.
Comparece ante otro hombre al que pregunta por su hija, le dicen que está fuera.
Le pregunta cuánto tiempo llevan casados, aunque ya ven en su expediente que son 18 años y le pregunta si cuando se conocieron ya tenía relación con los comunistas, aunque ella le corrige y le dice que su marido fue del Partido Laborista y pide hablar con su abogado, aunque le dicen que no es necesario, pues se trata de preguntas rutinarias.
Ella dice que contestará cuando vea a su marido y a su hija, aunque le dicen que él está arriba y ya les contó todo y solo necesitan que ella lo confirme.
Dicen que Rubens salió del país en 1964 para conspirar contra la revolución y ella les recuerda que Rubens era diputado y fue cesado y tuvo por ello que exiliarse, y cuando regresó dejó de lado la política.
Le preguntan por qué sigue entonces tratando con terroristas, lo que ella niega.
Se escuchan entonces los gritos en el pasillo de un hombre que dice que lo van a matar.
Fuera, Eliana, encapuchado se siente triste y temerosa.
Le dicen a Eunice que llevan un tiempo vigilando su casa y ella les dice que les gusta invitar a sus amigos.
Le muestran una carpeta con fotografías y le preguntan a quién conoce.
El hombre que la interroga le hace ver que conocen bien todo lo relacionado con su vida y le pregunta qué tal le va a Vera en Inglaterra, ante lo que ella le pregunta si le ha hecho algo a su hija, a lo que él le pregunta si ha hecho algo malo, y cuando dice que no, dice que entonces no debe preocuparse.
Vuelve a preguntarle si conoce a alguien más de las fotografías y ve a Rubens y luego a Marta, profesora de sus hijas aunque no sabe qué hace allí y le cuentan que la detuvieron en el aeropuerto y que su hijo ayuda a los rebeldes que huyen a Chile y llevaba cartas para Rubens y desean saber cómo se las entrega él a los terroristas, aunque ella insiste en que no tiene relación con ellos.
La esposan y le ponen de nuevo una capucha y se la llevan.
Ella pregunta, mientras se la llevan, si su hija está allí, y Eliana, al escuchar su voz grita, y Eunice trata de calmarla diciéndole que solo le van a hacer unas preguntas y se van.
El guardia la deja en una celda y le pide que se tranquilice para que no se enfaden más.
Después de pasear entre esas cuatro paredes acaba agotada y se acuesta.
La despierta la luz de una linterna que le enfoca a los ojos y le piden que diga su nombre
Vuelven a llevarla frente a la sala de interrogatorios donde vuelven a mostrarle las fotografías, aunque les dice que ya les dijo todo lo que sabía y de pronto ve que entre las fotos está Eliana y pregunta dónde está, aunque le dice que no tiene esa información.
Ve su propia fotografía entre las que le muestran.
Escucha los gritos de una joven a la que torturan y teme que sea su hija, aunque el carcelero que la lleva le dice que su hija ya no está allí, que solo estuvo una noche.
Ella le pregunta cuándo lleva ella y le dice que 5 días.
Le pregunta si ha visto a su marido, pero dice que no.
La llevan una vez más a mirar las fotografías mientras escucha gritos de otras mujeres a las que torturan.
Comienza a hacer una raya en la pared por cada día que pasa para no desorientarse.
Días después van a buscarla y el carcelero le dice que solo desea que sepa que él no está de acuerdo.
Sale por vez primera al exterior y le permiten regresar a su casa.
Es de noche y todos duermen y ve que Nalu está en su cama.
Va al baño, donde observa su aspecto desaliñado tras tantos días de falta de higiene y se ducha y se frota fuertemente todo el cuerpo.
Nalu la ve sin atreverse a entrar. Solo cuando sale la ve Eunice y se abrazan.
Le dice que necesita dormir un poco, pero que desayunarán juntas y la niña le pregunta, mientras llora, qué está pasando.
Luego, Nalu despierta a Eliana para contarle que su madre regresó, aunque desea descansar, y le pide a su hermana que la deje dormir con ella.
Cuando se despierta, Eunice ve frente a ella a Eliana, que le dice que quiso esperarla allí, pero que no le dejaron hacerlo.
La interrogaron, pero dijo que no sabía nada y no vio a su padre.
Le cuenta que en el periódico pusieron que huyó, pero nadie de su entorno lo cree, tal como escuchó en casa de su tío Baby a la que le dice, va cada día después de clase pues están todos intentando encontrarlos.
Eunice le indica que debe ir a clase y que ya ella se ocupará de todo ahora.
Entran luego sus otros hijos que la abrazan felices de volver a verla.
Lee en los periódicos que los terroristas liberaron a su marido de un coche policial y le dicen sus amigos que lo único bueno es que ya no niegan que lo detuvieron, pues antes decían que no había sido el ejército.
Pero hubo otros detenidos que están bien y a los que soltaron tras dos meses y le cuentan que la comunidad internacional está atendiendo el asunto.
Proponen hacer una fotografía de toda la familia sin el padre, pero dicen que solo publican lo que quieren los militares, por lo que es mejor que lo hagan en The New York Times o en Le Monde, aunque creen que no le harán nada, pues es un ex diputado.
Lino indican que necesitan pruebas de su detención y Eunice pregunta por su coche, pues sigue aparcado en el patio del cuartel.
La recoge Lino y ella sale con su maleta con ropa de Rubens hacia el cuartel, donde dice a los guardianes que le lleva ropa limpia y medicación para Rubens, que dice, es diabético, aunque allí le indican que no hay ningún Rubens, y pregunta si sabe a dónde lo trasladaron aunque le dicen que eso debe gestionarlo con la policía federal.
Se llevan el coche, y con el comprobante que demuestra que estuvo allí le dice a Eunice que ahora podrá iniciar el habeas corpus, del que ella se lleva una copia.
Eunice visita a Marta, la profesora cuya fotografía vio en comisaría, que le confirma que entregaba cartas y que los metieron en el mismo coche, pero se niega a declarar ante la policía, pues fueron ellos quienes los detuvieron, y no puede involucrarse, aunque Eunice le dice que ella fue la única que lo vio allí, para poder demostrar su detención, aunque la profesora le pide que se vaya, pues ella está también en peligro.
A sus hijos pequeños les cuenta que su padre está de viaje.
Eunice se da cuenta de que los persigue un coche que vigila la casa cada día, y Zezé, la chica del servicio le dice que el coche lleva días aparcado fuera.
Observa que el delantal de Zezé está raído pese a que le dio dinero para comprarse otro, y esta le dice que usó el dinero para comprar comida mientras estaba fuera.
Le dice que sacará dinero para reponerlo y Zezé le recuerda que además no le pagaron desde diciembre.
Acude al banco, pero le piden una autorización de su marido para sacar el dinero, y ella le dice que no está en la ciudad. Que está supervisando la obra, aunque no lo aceptan, por lo que deben cambiar algunos dólares y libras que tenían en casa para cambiarlos.
Baby le cuenta que Veroca está en lista de espera para regresar, pero Eunice dice que cree que sería mejor que se quedara más tiempo, pues además no pueden pagarle el billete, aunque él le dice que lo arreglará con Rubens cuando vuelva.
Le pregunta por qué detuvieron a Rubens, aunque dice que no lo sabe, aunque ella le recuerda que también estuvo detenida y tiene derecho a saber lo que hacía Rubens.
Le explica que ellos tienen medios para ayudar a los necesitados y es imposible no implicarse, por ello Rubens, Gaspa, Raul y él colaboran, pues uno habla con la prensa extranjera, otro acoge a los perseguidos y otro, Raúl, entrega cartas a sus familias, pero no están en la lucha armada y no les contaron nada para protegerlas.
Les llegan fotos de Veroca en el metro un día que iba a una fiesta en la que estaba Gilberto Gil, que la sacó a bailar, aunque echa de menos la playa, el suflé y a ellos.
Escuchan un ruido fuera y cuando salen ven que un coche atropelló a Pimpao, el perro.
Muy enfadada, Eunice se dirige al coche que vigila su casa y les pregunta qué miran y qué quieren y les pregunta dónde está su marido y les pide que se marchen, lo que ve que hacen.
Cavan un agujero en el jardín y entre todos y entierran a Pimpao.
Eliana lee una parte de la carta de Veroca que Eunice no leyó antes.
En ella Vera indica que los exiliados brasileños le preguntaron por su padre, por su madre y por Eliana y no supo qué contestar y se agobió, pues nadie le contó nada y se enteró de la detención por los periódicos y dice que quiere volver a casa.
Eliana le dice que les está mintiendo y Eunice la abofetea y la envía a su cuarto.
Comienza a estudiar el habeas corpus y a tomar notas.
Un día ve que echan un sobre por debajo de la puerta y cuando sale ve que se trata de Marta, la profesora.
Ve que es un escrito en que le asegura que estuvo detenida con Rubens y escuchó cómo este decía su nombre y que le oyó pedir agua la última vez que escuchó su voz.
Con la nueva información llama a Lino.
Se siente contenta, pero Felix les informa entonces que el presidente dijo que Rubens estaba desaparecido en combate, pero que le impiden publicarlo, y, aunque ella dice que deben obligarlos a reconocerlo públicamente, él le dice que debe seguir pidiendo la liberación de Rubens como si no supieran lo ocurrido.
Ella pregunta por el cadáver, pero no lo saben.
Pregunta qué cree que le hicieron y le dicen que han oído desde que los entierran en la selva hasta que los tiran al mar desde un helicóptero o los meten en fosas comunes, pero que todo son rumores.
Mientras llora la sorprende Babiu, a la que propone ir a tomar un helado.
Eunice acude a quitar las estacas del terreno donde iban a construir su casa y va a ver a Baby para que venda el terreno, y, aunque este le dice que si espera a escriturarla podrá venderla a mejor precio, ella le pide que lo haga y rechaza su oferta de préstamo y le da las gracias por conseguir venderlo sin todo el papeleo y coge el cheque.
Va a ver a Zezé con un sobre con lo que le debe y se ve obligada a despedirla.
Veroca regresa y la van a esperar Eunice mientras Nalu y Eliana esperan en casa con unos periodistas de Manchete que desean una foto familiar.
No deja que Veroca hable delante de los niños, aunque le dice que en Londres sale en todos los periódicos.
Se hacen la fotografía, y, aunque les indican que desean que parezcan menos felices y sin sonreír, Eunice les pide que sonrían.
Le dice al redactor y le dice que no puede entender que en un país con un sistema judicial puedan entrar en casa y llevarse a alguien y luego decir que ha desaparecido.
Piden la reapertura del caso, que habían archivado.
Le cuentan a Veroca que Zezé ya no trabaja allí porque no pueden pagarle y ve que tienen turnos para hacer las tareas.
Le dice a Eliana que nadie le cuenta nada, y ella le dice que allí no hablan de eso.
Eunice les anuncia, durante la comida que se van a mudar a Sao Paulo, pues allí están los abuelos y los primos y de vez en cuando tendrá que dejarlos al cuidado de ellos porque va a volver a la facultad.
Eliana, muy enojada asegura que ella no irá.
Babiu pregunta por la casa nueva y debe decirle que tendrá que esperar, pues lo de su padre será un proceso largo y que ya alquiló la casa, donde van a poner un restaurante.
Guarda todas las informaciones relativas a su marido y su documentación y, encuentra, en una cajita de cerillas, el diente de Babiu.
Llega el día de partida y Marcelo se despide de su grupo de amigos.
Eunice observa a Babiu, triste y le entrega su diente. La chica le pregunta cómo lo encontró, pues solo sabía su padre dónde estaba.
Pero no encuentran a Eliana, a la que ve finalmente en la playa, mirando el mar y se acerca para buscarla.
Veroca graba con su cámara a los amigos de Marcelo que los despiden y la casa que queda atrás.
25 años después. Sao Paulo. 1996
Eunice trabaja frente a la fotografía que les hicieron para la prensa a ella y a sus hijos, y a otra de su licenciatura en la universidad.
Babiu la saluda tras el regreso de un viaje y la invita a cenar con ella y con Daniel, aunque le dice que no puede, pues está preparando una ponencia relativa a la ocupación por los colonos, de forma ilegal, de algunas zonas afectadas por la autopista transamazónica, y defiende la aplicación de la Constitución de 1988 que garantizaba los derechos de los indígenas sobre sus territorios.
Recibe una llamada urgente, y días más tarde acude con Babiu y con Marcelo, que va en una silla de ruedas al registro, donde les entregan un expediente.
Allí, Marcelo firma un ejemplar de su libro a una empleada del registro, que le dice que lo del accidente le impresionó mucho.
Posan luego frente a la prensa con el Certificado de defunción de Rubens, y reflexiona con los periodistas de lo extraño que es sentirse aliviada por un certificado de defunción, y que la táctica de la desaparición es especialmente cruel, pues se mata a una persona y se condena al resto de su familia a una tortura psicológica eterna, y no cree que haya cosas más importantes que enmendar el pasado. Indemnizar a las familias, aclarar y juzgar todos los crímenes, pues de lo contrario nada les impedirá que los sigan cometiendo al sentirse impunes.
Ya en casa, Marcelo pregunta a su madre si se jubilará ahora que todo acabó.
Babiu le pide que vaya a visitarlos a ella y a Daniel en Berna, aunque ella le dice que si desea descansar irá a la playa.
Babiu saca una caja llena de fotos, pues el periódico desea una de su padre y recuerdan el pasado. Vuelven a ver las fotos familiares, como la de la playa.
Babiu pregunta a su hermano si recuerda cuándo enterró a su padre. El momento en que se dio cuenta de que no iba a volver y él dice que cuando vio a su madre donar su ropa., un año y medio después.
Ella dice que fue cuando se fueron de Río, y él le pregunta si tan pronto, y ella dice que sí, cuando vio la casa vacía.
Se hacen una foto los tres juntos para sus hermanas.
Le entrega luego a Babiu dinero que ella dice le devolverá cuando le den la beca.
Revisa nuevamente todo el expediente relativo a su marido, donde fue pegando todas las noticias relativas a su desaparición, donde coloca ahora el Certificado de Defunción.
Luego pone una película de las grabadas por Veroca en la playa, en los tiempos en que todo iba bien y eran una familia feliz.
Sao Paulo. 2014
Se celebra una comida familiar y Eunice, ya muy mayor, parece ausente.
En televisión emiten un reportaje tras cumplirse 21 años de la dictadura militar e informan que una comisión reunió a más de 1.200 testigos.
Que las torturas y asesinatos afectaron a más de 20.000 personas y dejaron cientos de desaparecidos, con 230 lugares en que se cometían dichos crímenes y varios sitios donde se deshacían de los cadáveres.
Algunas de las víctimas, dicen, se convirtieron en iconos de la resistencia, entre los que destacan un periodista, un estudiante y el diputado Rubens.
Observa Marcelo cómo su madre, frente a la televisión reacciona al ver la fotografía de su marido sonríe pese a estar ausente.
Luego se hacen una foto de familia. La foto anual, y todos sonríen.
El gobierno de Brasil reconoció el asesinato de Rubens Paiva en el cuartel militar de Río de Janeiro entre el 21 y el 22 de enero de 1971.
En 2014 acusaron a cinco militares de torturarlo y matarlo, pero ninguno de los culpables fue detenido ni condenado.
Eunice Paiva acabó Derecho a los 48 años y se especializó en Derechos Humanos y experta en Derechos Indígenas. Asesoró al Gobierno, al Banco Mundial y a la ONU.
Murió en 2018 a los 89 años en Sao Paulo tras padecer Alzheimer durante 15 años.